Un informe de la Asociación Americana de Psicología reveló que el año pasado hubo un aumento significativo en las tasas de estrés entre los ciudadanos, de más de un 10 por ciento entre los grupos de edades de 35 a 45 años. Un dato que levanta interrogantes como: ¿Acaso las personas se están volviendo adictas al estrés? Es Mental preguntó a especialistas en el tema si realmente existe esta adicción.

Siendo el estrés una respuesta fisiológica que ocurre cuando el cuerpo detecta desafíos o presiones, es errado pensar que alguna persona podría volverse adicto al estrés. No obstante, sí pudiera llevarle a vivir a lo que se denomina como “piloto automático” y que, ante la imposibilidad de parar a pausar, tiene consecuencias físicas y emocionales, tales como problemas cardiovasculares, cambios en el sueño, diabetes, fatiga y otras situaciones vinculadas a la salud mental.

Explica la doctora Lourdes F. Cordero Quiñones, psicóloga clínica, que esto es detonado por diversas razones, como lo es el modo de supervivencia y la creencia de que “tengo que cumplir”.

“Hay un mito de que, para ser funcional, no me puedo detener, ‘porque si me detengo, pierdo’. Pero eso son juicios que tenemos. El ser humano debe hacer pausas y recargar”, sostuvo. 

Sin embargo, no todo el mundo logra percibir con tiempo que el estrés está teniendo repercusiones en su cotidianidad y, en ocasiones, no es hasta que se convierte en un estrés crónico, cuando buscan ayuda profesional.

¿Se puede trabajar desde la perspectiva de la adicción?

El licenciado John A. Borrero Bracero, trabajador social clínico, precisó que el estrés sí podría tratarse como un trastorno de adicción, por la dependencia física y emocional que desarrolla el individuo por actividades en particular. 

“Aunque no es un tema que es abordado con regularidad, desde mi experiencia profesional puedo decir que debe trabajarse desde la perspectiva de adicción”, señaló Borrero Bracero. 

Aseguró, además, que cuando se habla de estrés, muchas veces se olvida de cómo actúa en el cerebro y cómo activa sistemas de recompensa, pues el estrés altera la liberación de dopamina.

Yo también he visto que, personas que tienen patrones de evitación, pueden recurrir a mantenerse ocupados y a estar trabajando. Pero más que amar el trabajo, buscan evitar pensar, sentir la tristeza o el aburrimiento”, continuó. 

Y precisamente, con estas tareas o actividades, el estrés puede pasar desapercibido y llegar a contemplarse como algo normal. 

Algunas personas, también, pueden estar sometidas a grandes cargas de trabajo, pero solo así sienten que son validadas, ya sea por sus jefes o compañeros.

El empleo y la economía siguen siendo las causas principales de estrés para casi una cuarta parte de la población de los Estados Unidos, recalca la Asociación Americana de Psicología.

Aunque muchas personas reconocen que el estrés ejerce un impacto negativo para su salud, suelen no tener la motivación necesaria para hacer cambios de estilo de vida. 

Hay un ajoro, es la realidad, a raíz del contexto histórico y social, que parece que nos impide vivir en bienestar. Pero debemos cambiar la percepción de pausar y detenerse. Puede ser una hora, cinco minutos o lo que sea”, enfatizó la doctora Cordero Quiñones.

Manejando el estrés: aprende a pausar

La psicóloga clínica dio como ejemplo pausar las tareas para tomarse un café o algunos minutos para almorzar, pero partiendo de qué se hará en ese tiempo. 

“¿Qué puedo hacer en esos minutos para mí? Esa es la pregunta. Puede ser tan sencillo como poner un video de Youtube de relajación ese tiempo de pausa o salir y caminar para admirar la naturaleza”, mencionó la profesional. 

Incluso, pudiera tratarse de estiramientos sencillos en la jornada laboral. 

Hay que pausar para cuidar nuestra salud mental, física y espiritual. Empiece a elegir tomarse su tiempo de pausar”, puntualizó.

Por su parte, Borrero Bracero habló de detectar a tiempo síntomas para percibir su comportamiento, en especial, con ayuda de personas cercanas. Entre estos, irritabilidad, agotamiento, problemas para conciliar el sueño y, adicional, incapacidad para desconectarse de tareas. 

“Aunque el estrés no sea severo o crónico, acuda a terapia. Romper el estigma puede ser clave en un proceso de autocuidado. Es como ir al gimnasio o a tu médico, pero para trabajar tu parte emocional”, dijo el trabajador social clínico. 

Finalmente, enfatizó en que para lograr esto también deben promoverse los límites saludables, que buscan enseñar a las personas a decir que no. 

En áreas, como la laboral, la ausencia de límites puede detonar hasta en quemazón laboral, con efectos como fatiga crónica, problemas de sueño, desórdenes gastrointestinales, hipertensión, absentismo laboral; incapacidad para vivir de forma relajada, falta de concentración, aumento de conductas hiperactivas y agresivas, entre otras.