Las experiencias difíciles en la niñez pueden preparar a los niños a manejar de una forma adecuada los desafíos en la edad adulta, según expertas entrevistadas por Es Mental.

Estas situaciones, como cambios de escuela, conflictos familiares o con pares y dificultades académicas, pueden generar estrés y ansiedad en los niños, afectando su desarrollo emocional, pero generalmente no causan un impacto duradero si se les brinda apoyo adecuado, explicó la psicóloga escolar Elisa Lebrón

En contraste, un evento traumático, como abuso físico o sexual, violencia doméstica o la muerte repentina de un ser querido, puede tener efectos profundos y prolongados en el desarrollo emocional y psicológico de un niño. Estos pueden resultar en trastornos como depresión severa, ansiedad generalizada, estrés postraumático, entre otros. Igualmente, puede desembocar en dificultades significativas en las relaciones interpersonales, y provocar cambios neurológicos que afectan la capacidad de regular emociones y manejar el estrés a largo plazo, sostuvo la también expresidenta de la Asociación de Psicología Escolar de Puerto Rico (APEP).

Indicó que los niños que enfrentan experiencias difíciles, pero no traumáticas, a menudo desarrollan resiliencia, habilidades de resolución de problemas y adaptabilidad. Sin embargo, cuando un niño enfrenta un evento traumático, es posible que desarrolle una mayor sensibilidad a las amenazas, dificultades en la confianza interpersonal y una visión del mundo como un lugar inseguro. 

Subrayó que, con el apoyo adecuado, los niños que hayan pasado por traumas pueden desarrollar una resiliencia significativa, aunque este proceso puede ser más complejo y requerir intervenciones terapéuticas especializadas.

Remarcó que las dificultades tempranas pueden preparar a los niños para manejar mejor los desafíos en la vida adulta, siempre que no sean abrumadoras y que el niño reciba el apoyo necesario para desarrollar habilidades de afrontamiento. En el caso de traumas, el proceso es más complejo y depende en gran medida de la intervención terapéutica, dijo. 

Necesario el esfuerzo de los niños

Por su parte, María Angélica Rodríguez Lozano, consejera psicológica especializada en terapia de familia, presentó la situación contraria: cuando un menor es sobreprotegido y, consecuentemente, no desarrolla estas capacidades de resiliencia. Según la experta en terapia familiar, las generaciones que están criando actualmente, han generado la tendencia de criar a una generación de jóvenes que no comprenden la necesidad de esforzarse para obtener las cosas que desean. 

Indicó que, en muchos casos, por no hacer a sus hijos vivir lo mismo que ellos vivieron durante la infancia, como pudiesen ser padres excesivamente autoritarios, o por haber tenido traumas de infancia no resueltos, estos cuidadores, en su mayoría han sobreprotegido a sus hijos. 

En este contexto, al crecer en un entorno donde todo se les facilita, los niños desarrollan la percepción de que el mundo funciona de manera simple y automática: basta con pedir para recibir. Esto genera en ellos una falta de motivación académica y una ausencia de metas claras, ya que no ven la necesidad de esforzarse por algo que, en su experiencia, siempre ha estado al alcance sin mayores dificultades, expresó Rodríguez Lozano.

Asimismo, Rodríguez Lozano sostuvo que este contexto es más común entre familias con un solo hijo o hija, realidad que es muy usual en Puerto Rico. De hecho, según el Banco Mundial, desde el 2022, Puerto Rico se coloca con el promedio más bajo que se ha registrado en la Isla en el número de hijos que tiene la mujer puertorriqueña durante su período reproductivo (15-44 años) y siendo uno de los cuatro países con tasa más baja.

Otro punto crucial que abordó Rodríguez Lozano es la falta de un sistema de méritos en la crianza. Esta práctica, aunque puede parecer una forma de amor y cuidado, impide que los niños aprendan la relación entre esfuerzo y recompensa, lo que a la larga los convierte en personas que esperan recibirlo todo sin aportar nada. Además, la ausencia de límites claros y de figuras de autoridad en el hogar contribuye a que los niños crezcan sin un marco de referencia sólido para comportarse y tomar decisiones.

Mencionó cómo la sobreprotección y la falta de preparación para enfrentar la vida adulta están llevando a que muchos jóvenes en Puerto Rico a experimentar altos niveles de ansiedad y ataques de pánico cuando se enfrentan a la realidad fuera del hogar.

Vital el apoyo de los padres ante situaciones difíciles y traumas

Lebrón comentó que los padres y cuidadores pueden ayudar proporcionando un entorno de apoyo, validando sus emociones, y ayudándolos a desarrollar habilidades de afrontamiento. Para los niños que han sufrido traumas, es esencial que los cuidadores no minimicen ni ignoren la experiencia, sino que reconozcan su gravedad y busquen ayuda profesional. 

Aclaró que es indispensable ayudar al niño a recontextualizar el trauma como una experiencia que, aunque dolorosa, no define toda su vida, puede ser un paso importante en la recuperación.  Es igualmente importante que los padres o cuidadores modelen una respuesta positiva al evento difícil o trauma que le permita a los menores aprender cuál es el “afrontamiento adecuado”. 

Para los niños que han enfrentado experiencias difíciles, factores protectores, como el apoyo de adultos significativos, la estabilidad en el hogar y la capacidad de ver las dificultades como desafíos manejables, contribuyen a fortaleza, dijo Lebrón. En el caso de eventos traumáticos, los factores clave incluyen el acceso a tratamiento especializado, un entorno seguro y estable, y la presencia de figuras de apego que puedan proporcionar seguridad emocional. 

No obstante, los padres no son los únicos responsables de cómo el o la menor maneja esta situación, pues también existen otros sistemas de apoyo como la comunidad y los profesionales de salud mental que deberían de proporcionar al menor las herramientas para poder trabajarlo y canalizar sus emociones de manera positiva. 

Señaló que un niño que está canalizando positivamente una experiencia difícil presenta la capacidad y voluntariedad para hablar de la experiencia difícil, la búsqueda de apoyo en su entorno y la continua participación de las actividades diarias que son de su interés. En el caso de traumas, es importante observar si el niño es capaz de mantener relaciones saludables, si ha desarrollado una narrativa coherente sobre lo que le ocurrió, y si puede encontrar sentido o propósito en su vida a pesar de lo sucedido