La fisioterapia o terapia física va mucho más allá del trabajo físico, también actúa sobre el sistema nervioso y cerebral de las personas con dolor crónico.
Durante el dolor crónico, el cual persiste por más de tres o seis meses, el sistema de alarma del cerebro tiende a desregularse y se activan regiones del cerebro similares a las de personas con ansiedad, depresión o trastornos de estrés postraumático. El cuerpo interpreta cualquier estímulo como potencialmente dañino, incluso años después de una lesión leve.
“En el dolor crónico, ese sistema deja de responder apropiadamente. Es como si se quedara pegado”, explica la especialista Annie-Lee Tirado.
Según la doctora, el dolor no siempre “viaja” desde el lugar lesionado hasta el cerebro. A veces es el cerebro mismo quien, ante la duda, genera una señal de dolor para protegerte.
“Tu sistema nervioso es como un filtro: decide qué señales pasan y cuáles no. Si percibe algo como peligroso, aunque no lo sea, puede enviar la señal de dolor como mecanismo preventivo”, explicó
Es como si el sistema nervioso quedara atrapado en un estado de alerta constante y eso puede alterar las áreas cerebrales que procesan el dolor, las emociones y la memoria.
Pero, también, hay casos en los que el dolor ni siquiera hace acto de presencia, reflejando una complejidad en el dolor crónico y cómo el cerebro y el sistema nervioso central procesan estas señales, de acuerdo con el doctor en fisioterapia, Dennis Colón.
El especialista señaló que, durante los últimos años, se ha observado que un porcentaje significativo de pacientes experimenta dolor persistente sin daño tisular evidente. Por tal razón, algunas personas con hallazgos relevantes en resonancia magnética pueden no presentar dolor, mientras que otras con estudios normales sí lo experimentan.
Un concepto clave en este contexto es la sensibilización central, definido como un estado de hiperexcitabilidad del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal), en el cual las señales de dolor se amplifican y el umbral para percibir el dolor disminuye.
“Esto significa que los estímulos normalmente no dolorosos pueden volverse dolorosos (alodinia) y los estímulos dolorosos pueden sentirse con mayor intensidad de lo habitual (hiperalgesia)”, describió Colón.
“La sensibilización central puede persistir, incluso, cuando ya no existe daño físico, lo que explica por qué el dolor crónico puede mantenerse en ausencia de lesiones objetivas”, sostuvo.
En fisioterapia, dijo, es fundamental educar al paciente sobre estos procesos y validar sus síntomas; ayudando a diferenciar si el origen del dolor está relacionado con daño estructural o con mecanismos de sensibilización central. En su casa, emplea estrategias como la punción seca, la terapia manual y la exposición gradual al movimiento para abordar tanto los factores periféricos como los componentes neurocognitivos del dolor.
“Además, muchos pacientes con dolor crónico desarrollan patrones de movimiento disfuncionales, por lo que nuestro trabajo también consiste en restaurar la confianza y la calidad del movimiento, permitiendo que el cerebro reintegre patrones motores más saludables”, aseguró.
Coincidiendo con esto, la doctora Tirado planteó que uno de los errores más comunes en el tratamiento del dolor crónico es aplicar las mismas estrategias que para un dolor agudo. Es decir, que se dé el mismo protocolo a alguien que lleva un día con dolor que a alguien que ha vivido con él durante veinte años.
“Aquí entra el concepto que le llamo banderas amarillas, que incluyen factores emocionales, sociales y mentales que influyen en la recuperación: la ansiedad, la depresión, la soledad, las relaciones afectivas, el impacto laboral. Todo eso importa”, recordó.
Hizo hincapié, asimismo, en que decirle a un individuo que tiene que aprender a vivir con ese dolor, es profundamente cruel.
Fisioterapia combinada con otras especialidades para mayor efectividad
Por eso, el abordaje más efectivo es interdisciplinario, integrando especialistas en fisioterapia, terapeutas físicos, médicos y psicólogos.
Unlearning chronic pain: A randomized controlled trial to investigate changes in intrinsic brain connectivity following Cognitive Behavioral Therapy es el título de una investigación que describe cómo la terapia cognitivo conductual ayuda a las personas a trabajar con sus pensamientos para evitar la rumiación y el malestar emocional.
“En mi experiencia, la colaboración con psicólogos, médicos, terapeutas ocupacionales y trabajo social permite abordar integralmente los factores involucrados en el dolor, que no siempre son exclusivamente biomecánicos”, dijo Colón y reflexionó sobre el caso de un joven atleta con dolor de codo que, tras múltiples estudios, reveló un componente psicosomático importante, siendo la intervención de un psicólogo deportivo clave en la rehabilitación.
“El proceso va más allá de la simple reducción del dolor: busca recuperar la participación en la vida cotidiana, la confianza en el propio cuerpo y la autonomía para realizar tareas que aportan bienestar físico y emocional“, continuó.
Por su parte, Tirado, consideró a la educación del paciente como uno de los pilares en el proceso de rehabilitación y abre la puerta a nuevas posibilidades terapéuticas.
“El paciente necesita saber que su cerebro puede hacer un “reseteo”, reentrenarse. Y para lograrlo, hay que acompañarle en un proceso gradual y compasivo, donde se exponga poco a poco a actividades físicas sin miedo, sin compararse con su yo del pasado, sin culpa por no ser quien era antes”, indicó.
Finalizó, diciendo que el paciente tiene que asumir un rol activo, ya que la alianza terapéutica (entre especialista e individuo) se convierte en la verdadera herramienta de recuperación.




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