El trastorno por ansiedad social, también conocido como fobia social, se produce cuando una persona posee un miedo irracional e intenso en diferentes ambientes sociales.

A las personas con este diagnóstico se les dificulta entrar en contacto con personas desconocidas, conocer a nuevas personalidades, participar de actividades sociales de todo tipo y hacer presentaciones en público, describió la psicóloga clínica Veroshk Williams.

Por su parte, el psicólogo David Álcala Pérez destacó que no es únicamente tener miedo a compartir con personas, sino que ese sentir va acompañado de un temor a ser juzgado o evaluado.

Álcala Pérez hizo hincapié en que la sensación de incomodidad que pudiese provocar la distorsión se caracteriza porque afecta la calidad de vida de la persona.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM5, por sus siglas en inglés), los criterios para ser diagnosticado con el trastorno son ansiedad excesiva y exagerada con respecto a la situación, ansiedad y angustia que interfieren en la vida, miedo que no se puede explicar mediante otra enfermedad, medicamento o abuso de sustancias, evitar situaciones sociales que producen ansiedad o soportarlas con un temor intenso y una ansiedad persistente en situaciones sociales específicas por pensar que pueden humillar y avergonzar a la persona.

Álcala Pérez, por su parte, explicó que las personas que tienden a ser más introvertidas son más vulnerables a tener este trastorno por la naturaleza de su personalidad reservada.

Especificó que, por lo general, las personas con la distorsión tienen baja autoestima, pobre autoconcepto, fueron víctimas de un evento traumático o de situaciones vergonzosas en público.

Asimismo, Williams afirmó que el trastorno puede ser también facilitado por la estructura cerebral llamada “núcleo amigdalino”,  que puede influir en el control de la respuesta ante el miedo, la genética, el ambiente, historial familiar, temperamento, exigencias sociales o de trabajo y tener alguna condición o rasgo en la apariencia física que pueda llamar la atención de los demás.

Repercusiones físicas y mentales

Según la psicóloga clínica, los efectos del trastorno pueden resultar en pensamientos perseverativos, síntomas físicos causados por la ansiedad, aislamiento, evitar situaciones sociales o personas, análisis excesivo del desenvolvimiento personal en diferentes situaciones y expectativas de que lo peor pueda ocurrir siempre.

Mencionó que entre los síntomas físicos pueden figurar nerviosismo, taquicardia, sudoraciones, problemas gastrointestinales, falta de aire y mareos.

Por su parte, Álcala Pérez dijo que los síntomas dependen de la persona y la gravedad del problema. Sin embargo, expresó que puede provocar ataques de pánico.

Otras consecuencias, según el Sistema de Salud de la Clínica Mayo, son inseguridades, rubor, temblores, náuseas, aturdimiento, sentir que la mente se pone en blanco y tensión muscular.

La organización subrayó que el trastorno puede interferir con la rutina diaria, el trabajo, la escuela y otras actividades.

Además, la distorsión suele comenzar a principios o mediados de la adolescencia, aunque algunas veces puede comenzar durante la niñez o en la adultez, de acuerdo al Sistema de Salud de la Clínica Mayo. En el caso de ser un menor de edad, es posible que exterioricen la ansiedad al interactuar con adultos o pares a través de llantos, berrinches, aferrarse a los padres o negarse a hablar en situaciones sociales.

Álcala Pérez añadió que, dado a la presión y exigencias sociales durante esta etapa de desarrollo, muchos jóvenes se ven más susceptibles a ser diagnosticados con el trastorno.

Posibles tratamientos

De acuerdo con la Clínica Mayo, el tratamiento para el trastorno por ansiedad social depende de la medida en la que el trastorno afecte la capacidad de la persona para desenvolverse en la vida diaria. Sin embargo, mencionó que los dos tipos de tratamiento más frecuentes son la psicoterapia y el uso de medicamentos.

La Clínica también detalló que mediante la psicoterapia, una persona puede aprender a reconocer y a modificar los pensamientos negativos acerca de ella misma y adquirir habilidades para ganar confianza en situaciones sociales. Enfatizó en que la terapia cognitiva conductual es la psicoterapia más eficaz para tratar la ansiedad.

Respecto a los fármacos, la organización recomienda antidepresivos, medicamentos para la ansiedad y betabloqueantes.

No obstante, también recomienda remedios caseros como aprender habilidades para reducir el estrés, hacer ejercicio o una actividad física regularmente, dormir suficiente, llevar una dieta saludable, evitar el alcohol y la cafeína y participar en situaciones sociales en compañía de una persona con la que se siente cómodo o cómoda.

Por su parte, la psicóloga clínica Williams aconsejó reinsertarse poco a poco en el espacio social o hacer ajustes como integrar la meditación en su rutina diaria para trabajar en alcanzar la tranquilidad.

Afirmó que, desde el comienzo de la pandemia, hubo un incremento en las personas que presentan este diagnóstico de ansiedad y una intensificación en los síntomas.

Sin embargo, recalcó que no se debe de confundir con otros como el trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico, desorden de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés) o algún trastorno de ansiedad no identificado, que son distorsiones que se han exacerbado por la COVID-19.

Por su parte, Álcala Pérez estableció que en el caso del trauma producido por la COVID-19, aunque sí pudo haberle provocado este trastorno a muchas personas, el mismo se caracteriza mayormente por el miedo a ser juzgado de una manera negativa. Por esto, no puede confirmar la relación entre la distorsión y los efectos del aislamiento inducidos por la pandemia. 

Finalmente, Williams exhortó a buscar ayuda profesional para minimizar la cantidad de tiempo que la persona presenta los síntomas de este trastorno.