La historia de Aida Morales Rodríguez con la colitis ulcerosa inició a los 15 años cuando comenzó a sufrir de vómitos, diarreas y excretar sangre. Fue al doctor y le dijeron que tenía un virus, pero los dolores y las diarreas persistieron por más de una semana, lo que la llevó a no poder resistir más.

“Mi mamá decidió llevarme a la sala de emergencia, donde estuve yo no sé cuántos meses. Había perdido mucha sangre, estaba deshidratada, confundida”, recordó la cuidadora de adultos mayores.

Destacó que en ese momento le decidieron hacer una colonoscopia, procedimiento que el salubrista no pudo terminar por el grado de inflamación que tenía en el momento, que la llevó a obtener la noticia de tener la condición.

El gastroenterólogo Iván Antúnez González mencionó que el diagnóstico conlleva varios criterios que es común que se confunda por un virus en las etapas iniciales, pues existen distintas condiciones provocadas por bacterias que pueden tener síntomas. Sin embargo, sostuvo que cuando hay colitis los síntomas están presentes durante un mes. 

 Al pasar de un año de su diagnóstico y el inicio de su tratamiento, la tuvieron que operar y sacarle el intestino grueso, operación que no fue exitosa

Morales Rodríguez resultó a los 16 años encamada y desnutrida. Al año, la volvieron a operar de emergencia en Río Piedras, donde le practicaron un procedimiento que consiste en insertar una válvula que hace el trabajo del intestino grueso. Este procedimiento le trajo mejoras y  empezó a probar qué comidas podía comer.

Antúnez González mencionó que cuando se hace una intervención quirúrgica es en casos extremos donde se ha desarrollado la condición como crónica, si el paciente desarrolla cáncer o cuando el colon no responde a la terapia.

El impacto emocional

“Ha afectado todos los ámbitos de mi vida”, explicó Morales Rodríguez sobre el impacto emocional de padecer colitis ulcerosa. 

En cuanto a lo laboral, admitió que hay días en los que no sale del baño y no puede levantarse de la cama por el dolor, lo que le trae limitaciones para realizar su trabajo. 

Detalló que antes de su trabajo actual fue paramédico, lo que es su pasión, pero tuvo que dejarlo por su enfermedad inflamatoria del intestino y por la artritis que también padece. 

Expresó que padece de depresión y ansiedad

“Cuando mi condición está activa, puedo ir al baño 15 veces al día, entonces, hay personas que no entienden y se burlan”, estableció al describir que las depresiones están “a flor de piel”.

Mientras, en relaciones de parejas sostuvo que si uno está bien, es decir, si la condición no está activa, se pueden entender, pero cuando hay crisis hay muchas personas que no entienden

Respecto a la intimidad, destacó que se siente mal e incómoda cuando se inflama por el área pélvica y abdominal. 

Por esto, en el caso de Morales Rodríguez tuvo que ir desde Mayagüez a un centro especializado en Río Piedras en búsqueda de médicos peritos. 

Antúnez González sostuvo que en el caso de pacientes con la enfermedad desarrollada como crónica los suele referir al Recinto de Ciencias Médicas donde se encuentra un equipo de expertos con servicios multidisciplinarios, aspecto que describió como esencial para esta comunidad.