Cuando se habla de promover la salud mental no se puede dejar de un lado la importancia de los cambios en el estilo de vida de las personas, pues aunque múltiples son los factores que repercuten sobre esta, entre ellos los biológicos, ambientales, genéticos y socioeconómicos, también los hábitos cotidianos de un individuo podrían tener un rol significativos sobre la salud emocional, a estos se les ha denominado escudores protectores.

Y es que la salud mental, definida por la Organización Mundial de la Salud, como el estado de bienestar mental que permite a las personas afrontar los estresores diarios, desarrollar sus capacidades, aprender y contribuir a la sociedad, está asociada estrechamente a los estilos de vida.

Cambios en los hábitos, según Rosaly Cartagena, psicóloga y presidenta del Colegio de Nutricionistas y Dietistas, tienen un impacto positivo a la hora de prevenir o disminuir la gravedad de los síntomas, en condiciones como la ansiedad, la depresión y el estrés.

La nutrición, por ejemplo, juega un rol esencial en la salud mental y, por eso, instituciones como la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos, mencionan a  la psiquiatría nutricional como una práctica ideal a la hora de manejar diferentes situaciones de salud mental.

Tan así que neurotransmisores, como la serotonina (que contribuye sobre el estado anímico de un individuo), se produce, hasta en un 95 por ciento, en el tracto gastrointestinal, plantea Harvard. 

“Diversos estudios han demostrado que una dieta deficiente se asocia con un mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental, como, por ejemplo, la depresión y ansiedad”, explicó la doctora Cartagena.

En este mismo contexto, detalló que un patrón de alimentación, que incluya un alto porcentaje de alimentos ultraprocesados y azúcares simples, puede aumentar la inflamación en el cuerpo, lo que se asocia con síntomas de depresión y ansiedad. Por lo tanto, y de acuerdo con la investigación The effects of dietary improvement on symptoms of depression and anxiety, una dieta rica en fibra, frutas, vegetales y alimentos fermentados promueven un microbiota intestinal saludable, que influye en el eje intestino-cerebro, citó la nutricionista.

Por otro lado, se sabe que los ácidos grasos tienen una función fundamental en la estructura de las membranas neuronales y la regulación del estado de ánimo. Los mismos suelen estar presentes en pescados, mariscos, semillas, vegetales de hojas verdes, entre otros, “y están relacionados con una reducción en los síntomas de depresión, debido a su papel en la regulación de neurotransmisores como la serotonina”, dijo sobre un estudio del 2018 llamado Depression, self-rated health, and diet quality. 

Otra investigación, esta vez del 2013, de la autoría del profesor Teodoro Bottiglieri, asegura que las vitaminas del complejo B son esenciales para la síntesis de neurotransmisores, como la dopamina y la serotonina. Por tanto, una deficiencia, especialmente de B12 y folato, puede contribuir a trastornos del estado de ánimo. 

“Es importante que no veamos la salud mental como un tema aislado. Hay mucha información basada en evidencia que valida la conexión profunda entre el bienestar emocional, físico y social, lo que resalta la importancia de abordar estos aspectos de manera conjunta. Se ha demostrado que realizar pequeños cambios en los hábitos de vida pueden tener un impacto significativo y sostenible en la calidad de vida de las personas”, recordó la psicóloga.

Otros hábitos que benefician tu salud mental

Por su parte, el doctor Carlo Blanco, psicólogo clínico, apuntó a que la prevención es la medicina del futuro y para lograr las personas deben tener mayor conciencia de su cuerpo, tanto desde la parte física y emocional, pero, además, la espiritual.

Esto puede verse en hábitos como sacar un tiempo para meditar, caminar y también dar paso a conexiones sociales, que estimulen o abonen a la salud mental. Por el contrario, “si el espacio en el que estamos es uno tóxico, ya sea de amigos, pareja o familia, hay que evitarlo”, dijo.

“Pero, ciertamente el conectar con amigos o esa persona especial es muy productivo”, agregó.

Mencionó, asimismo, que asistir a terapia promueve la interacción y un espacio seguro para trabajar los miedos y pensamientos más difíciles. 

Sobre la interacción con los otros, la doctora Cartagena afirmó que las relaciones positivas son ideales para la llamada resiliencia emocional, ya que la literatura confirma que el apoyo social amortigua los efectos del estrés en la salud mental. 

La profesional de la salud mental reconoció que, pese a que los recursos para terapia psicológica no siempre están disponibles para todos, debido a barreras económicas, geográficas o culturales, en Puerto Rico hay centros que ofrecen servicios psicológicos gratuitos de forma presencial y virtual. 

A modo de ejemplo, entidades como el Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Puerto Rico, la Asociación de Psicología de Puerto Rico y algunas universidades pueden servir de guía a la hora de identificar profesionales que trabajen con estos temas, ya sea a través de los grupos de apoyo, psicoeducación comunitaria, terapia en línea e, incluso, fomentando la política pública del país. 

Otro hábito de suma importancia lo es el autocuidado físico y sobre esto el doctor Daniel Fuentes, psicólogo clínico, explicó a Es Mental que puede verse a través de una rutina de sueño adecuada, pero también con actividad física.

Recordó que dormir adecuadamente se vincula a la atención, concentración, manejar el estrés y la ansiedad y a regular mejor las emociones.

Mientras que, el ejercicio ayuda en la segregación de neurotransmisores, mejora el flujo sanguíneo del cerebro, aumenta la autoestima y, además, se asocia a la reducción de los síntomas de la ansiedad.

“La ansiedad usualmente activa un sistema de lucha o huida, en inglés llamado fight-or-flight, que suele ser regulado por el ejercicio, porque este ayuda a liberar energía”,, señaló el doctor Fuentes.

“También se ha demostrado que el ejercicio frecuente reduce episodios, de moderados a leves, de depresión. No es que el ejercicio actúe solo, pero dentro del tratamiento, es un factor importante”, continuó.

En ataques de pánico, por ejemplo, describió que los síntomas fisiológicos pueden mermar gracias a la actividad física.

Finalmente, Fuentes estableció que otro escudo protector para la salud mental es establecer límites, porque es la forma en la cual una persona puede de dejar de vivir a las expectativas de los otros y priorizar sus necesidades.

“Como profesionales de la salud mental, quienes psico-educamos, a veces nos enfocamos mucho en los factores de riesgo, pero muy poco en los factores protectores. Debe haber más educación y conocer qué cosas podemos hacer para trabajar nuestra fortaleza mental”, concluyó.