«Vuelvo a nacer… Cada día que pasa recuerdo el pasado pero eso fue ayer» – Frankie Ruiz en el tema «Vuelvo a nacer».

Así como «El papá de la salsa», como se le conoció a Frankie Ruiz, cantó, así me siento yo este viernes, con “v” de «Vencí el cáncer».

Sí, ese mismo cáncer colorrectal que me diagnosticaron el 13 de noviembre de 2020, pues ayer, el 17 de junio de 2021, mi cirujano colorrectal Nicolás López Acevedo me confirmó que estoy libre de cáncer.

Incluso, edité mi perfil en mi cuenta de Twitter para agregar que soy «Cancer Survivor».

El resultado surgió por la operación que realizó López el 4 de junio en el Hospital Ashford.

Allí, en una cirugía bastante complicada y que duró cinco horas, según los documentos médicos, López primero me hizo una colostomía.

Una colostomía es un procedimiento quirúrgico a través del cual se desvía el tránsito intestinal hacia el exterior del cuerpo, en este caso, a una bolsa a la que llegan las heces, con el objetivo de evitar complicaciones en la zona que acaba de ser operada.

Existen dos tipos de colostomía: temporera o permanente. La mía es permanente. O sea, que tendré conectada la bolsa para depositar mi excreta hasta que termine mi función física en este mundo.

Tengo que admitir, que los primeros dos días después de la cirugía, estuve en negación por lo que estaba viviendo. No quería aceptar que de ahora en adelante, y por el resto de mi vida, tendría que utilizar un bolso para hacer mis heces.

Pero ya acepté la realidad, y tras leer algunas experiencias de otras personas que viven con una colostomía y admiten que esta operación les salvó la vida, debo unirme a ese pensamiento. Era eso o morir.

La decisión del cirujano de no hacerme la colostomía temporera fue porque el área no se veía completamente sana, según lo apreció al momento de operar.

Además, López decidió que tuviera la colostomía permanente ante la posibilidad de que si me la hacía temporera, pudieran quedar células cancerosas que podrían provocar que el tumor se regenere y sea más agresivo en un futuro.

Luego de hacer la colostomía, López y su equipo médico se movieron a remover el recto afectado por el tumor canceroso y retirarlo por el ano.

Al terminar este procedimiento, López cosió el área afectada, así como mis glúteos.

Pienso que eso fue lo peor de la cirugía, pues eso me provocó que no me pudiera sentar, dormir, caminar ni bañarme bien.

Pero como mi filosofía en la vida es que todo tiene solución, pues para sentarme, mi esposa me compró una «dona», o sea, una pequeña balsa para disminuir el malestar. Aún así, no puedo guiar por las próximas dos semanas.

Para dormir, específicamente esos primeros tres de los cuatro días que estuve en el hospital, pedía algún medicamento y tomaba una parte de una sábana y me la acomodaba debajo de las nalgas para soportar mejor la dolencia.

Como parte del progreso, los médicos también me recomendaron caminar, acción que se me hacía bastante difícil por la sutura, pero poco a poco fue aliviándose, al punto que cuando regresé a mi casa, retomé mis ejercicios de caminata y ya he logrado caminar 40 minutos. Todo a su paso, todo a su tiempo.

«Su cuerpo está sanando, sea paciente», lee uno de los documentos que nos entregaron en el hospital.

Para bañarme, el proceso es más complicado y extenso. Primero, hay que tapar la colostomía con un pedazo de «Press’n Seal Food Plastic Wrap» y sellarlo con «tape» a prueba de agua.

Luego, al bañarme, sutilmente me paso jabón por el área y que el agua de la ducha me limpie y esperar a sanar.

El tiempo de recuperación en el hospital era de entre 4 y 7 días. Yo salí en 4. El cirujano me propuso darme de alta en tres, pero yo no estaba mental ni físicamente preparado.

Además, estuve dos semanas en una dieta en la que no podía comer nada de fibra, granos, frutas, ensalada ni vegetales. Con lo único que podía sustituir las frutas era con cócteles de frutas de lata. Pero ya el cirujano me dio el visto bueno para comer de todo. ¡Grata felicidad!

Otra cosa que he podido hacer es trabajar. Y cuando no estoy trabajando, aprovecho para leer. Hay que mantener la mente ocupada, pues es muy traicionera.

Así que esta es mi nueva vida: andar con una bolsa conectada a mi cuerpo para hacer el famoso «número dos». Pero nada, hay que aceptar la realidad y acostumbrarse. No soy el único ni seré el último que viva con esto.

Agradezco a todas las personas que han estado en este caminar conmigo desde el primer día del diagnóstico, desde mi esposa, mis padres, mis hermanos, mi familia, mi equipo médico, amigos, colegas, amistades y hasta desconocidos.

Pronto sonaremos juntos la famosa campana que me propuse tocar en noviembre pasado. Paz y bien para todos.

*Jorge Muñiz es periodista y paciente de cáncer colorrectal. Para cualquier duda, pregunta, recomendación o consejo, pueden escribirle a jjmunizortiz@gmail.com.