Cada familia tiene dinámicas distintas, pero una ruptura de un matrimonio o pareja es uno de los factores más importantes a la hora de analizar la negativa por parte de un hijo o una hija de crear un lazo con una nueva pareja que se una al núcleo familiar, indicó el trabajador social clínico Jonathan Meier.

En todos los escenarios donde hay rechazo se trata de un elemento de transición y adaptación, explicó al destacar que el motivo del rechazo por parte del o la menor hacia la nueva pareja de su progenitor, puede ser multifactorial y variado. 

Algunas de las razones por las que esta antipatía surge por parte del menor son porque el progenitor con el que se encuentra el menor ha llegado a tener una pareja nueva sin pasar por un periodo de ajuste, puntualizó Meier. Consecuentemente, el menor está ajustándose a una nueva persona, cuando no ha terminado de adaptarse a la ruptura de los padres, madres o a encargados. 

Socialmente, en la familia se tocan muchos conceptos de “hasta que la muerte nos separe”, “las parejas son para siempre”, señaló. Son conceptos y significados que los adolescentes adoptan en relación a lo que quiere decir la entrada de una persona nueva y una separación o divorcio. Si entra una nueva persona y apenas la pareja original se había separado, va a influenciar el estado de ánimo del menor. 

También, existen casos donde ocurre la enajenación parental, cuando uno de los dos progenitores obstaculiza el vínculo de la otra parte con el menor, efecto que provoca rechazo por parte del menor. Se puede dar un padre o una madre, que no ha superado aún la pérdida, y puede crear un tipo de triangulación contra el otro cuidador o su pareja. 

Cuando el menor se culpa por la ruptura de pareja

Hay otras instancias en donde hay un tema de culpa hacia la pareja inicial. Aquí el menor, factor que es común, piensa que la ruptura de sus padres es su culpa. Entonces, la entrada de una nueva pareja agudiza esos sentimientos de culpa. “Por mi responsabilidad, mis padres ya están con otra persona. Ahora será más difícil que vuelvan a estar juntos”, es uno de los pensamientos más comunes entre menores en estas circunstancias, dijo Meier. 

También, en el caso de una infidelidad, si el menor no quiere compartir con el progenitor, el rechazo va a pasar igualmente hacia su nueva pareja, comentó Meier. Todo depende de cómo fue el proceso de divorcio entre la pareja y la comunicación que hubo con el menor sobre el tema, añadió el psicólogo escolar Andrés Cruz Santos. Cómo los padres manejen el proceso, es fundamental a cómo el menor o adolescente va a reaccionar. 

“Es normal que un adolescente o un niño no se sienta en la libertad de abrirse con un nuevo integrante de la familia inmediatamente. Solo porque el padre, madre o cuidador ame al tercero, no implica que el menor va a sentir la misma sensación automáticamente”, expresó Cruz Santos. 

Si la nueva pareja no se comunica y no identifica la necesidad de un proceso de adaptación para el menor, puede afectar la relación de pareja y tener repercusiones negativas, subrayó el psicólogo escolar. Enfatizó que es importante poder entender cuál es la etapa de desarrollo del menor, cuál es su madurez y su capacidad para entender la situación.

En esta línea, ambos mencionaron que mientras más grandes son los menores, hay mayor probabilidad de resistencia. Por su parte, Meier especificó que si se trata de un niño que, desde pequeño, fue criado por el padrastro o la madrastra, se crea un vínculo de apego. Un niño puede tener más de una figura objetal. No obstante, el vínculo de apego lo desarrollará con aquella que le brinde capacidades de cuidado, protección y quien cumple con sus necesidades inmediatas. Depende de cómo una persona se vincula con los demás, cuál es su entrada a la fila del menor y cuáles fueron las circunstancias de la ruptura. 

También, mencionó que otra posible situación puede ser que la persona que está entrando nueva en la unidad y núcleo familiar impone una nueva dinámica en la familia ya establecida. A pesar de ser una figura de autoridad, es importante considerar el factor tiempo en su entrada a la familia. Como investigador de vínculos de apegos en Puerto Rico, Meier opinó que las relaciones y el vínculo se construyen. 

De pequeños se construyen con mayor facilidad, pero de mayor también es posible, subrayó Meier. Lo importante es darle espacio y tiempo al menor para adaptarse a la nueva dinámica. No significa que el menor pueda cometer faltas de respeto, ni que el nuevo integrante pierda su posición como figura autoritaria, advirtió. 

Es un proceso de ajuste que puede durar más tiempo en algunos casos que en otros, agregó Cruz Santos. Igualmente, impacta cómo es el proceso en el que los padres integran a la persona nueva, cuán abiertos están al proceso y cómo es la comunicación de pareja. 

En un hijo o hija mayor de edad puede sentir celos o que esta persona le está quitando tiempo con sus cuidadores, dijo Cruz Santos.

En esta línea, según el Instituto Australiano de Estudios Familiares cómo la nueva pareja asiste o acompaña al progenitor dentro de la crianza o su relación con el menor, puede incluso tener un impacto positivo y enriquecer su relación con su madre, padre o cuidador principal y el menor. También, apunta a un estudio que recopiló información sobre cómo el bienestar de la relación entre padres o madres y sus hijos puede facilitar la dinámica de apoyo de la nueva pareja y está relacionado con un mejor funcionamiento del núcleo familiar. 

El progenitor debe de planificar actividades que progresivamente incluyan a ese nuevo participante. No se puede obligar al menor a darle cariño, debe de ser poco a poco, y entender que es un proceso de apoyo, puntualizó Cruz Santos. 

A su vez, Meier sostuvo que hay parejas conflictivas y sin buenas prácticas de comunicación que, aún sabiendo el problema, tienen hijos que sufren las consecuencias. Los menores aprenden de las herramientas que los padres usan para comunicarse y resolver conflictos. Viceversa, si los cuidadores principales no saben cómo comunicarse de manera eficaz, no van a poder manejar las emociones del menor ni cómo se va a dar la dinámica. 

Si un padrastro, madrastra o persona se identifica con esta situación, es importante acercarse a su pareja y le exprese cómo se siente y, como equipo, identifiquen de qué manera se puede resolver. Este no es un asunto únicamente responsabilidad del padrastro, madrastra u otre integrante de la relación, concluyó Meier.

De no hacerse correctamente, puede surgir irritabilidad, aislamiento, entre otros cambios de conducta en el menor, cerró Cruz Santos.