Desde pequeño, Joel Rodríguez, de 39 años, se enfrentó a la lucha contra el sobrepeso, pero luego de ser víctima de bullying en su adolescencia, tomó la decisión de comenzar una vida más saludable y logró controlar su peso. 

Aunque ya sabía cómo manejar su dieta y ejercicios para mantenerse, no estuvo preparado para un diagnóstico de lupus a sus 32 años, un enfermedad que afecta el sistema nervioso, lo que no solo le trajo el sobrepeso de vuelta, sino una etapa de depresión que terminó por afectar su autoestima.

 

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En ese momento fue una combinación entre el ímpetu imparable de comer para combatir emociones negativas producidas por la enfermedad y luego la depresión que venía por la culpabilidad de estar perdiendo el control sobre su cuerpo. El resultado final fueron 90 libras fuera de su peso óptimo, lo que lo obligaba a mantenerse inactivo y empeoraba su diagnóstico de lupus.

“A mí me gustaba mucho el deporte y siempre me ha gustado cuidarme, pero en el momento dado en que me da la enfermedad, no podía caminar, no podía realizar los ejercicios, me deprimí y comencé a ganar peso. Iba a comprarme ropa y no me servía. De tamaño 30 de pantalón, aumenté a 42. Fue frustrante, cuando me mido ese pantalón en la tienda, me digo: ‘wow, aumenté demasiado’. Entonces, debido a la obesidad, comenzaron a aumentar los síntomas de la enfermedad”, recordó el terapista físico en entrevista con Es Mental.

Enfermo, con un diagnóstico desesperanzador que afectaba todo su sistema nervioso y ganando cada vez más peso, Rodríguez entró en un etapa crítica de emociones negativas que terminaron por lacerar su confianza en sí mismo y que lo llevaron, luego de sentirse que no tenía propósito, a pensar en quitarse la vida.

“Era un problema de autoestima bien grande. Tú como hombre obvias. No es como la mujer que tiende a tratar de cuidar su figura, pero el hombre se deja. Y aún con eso, estaba ese proceso de la autoestima. Estoy gordo, no me sirve la ropa, no sirvo para nada. Habían muchas luchas mentales. Hubo momentos en los que pensé atentar contra mi vida”, contó.

Rodríguez mencionó las etiquetas que impone la sociedad en las que el hombre debe ser fuerte y proveedor para el hogar, lo que afecta emocionalmente al individuo que está enfermo, que no puede trabajar y que por falta de movimiento y comer en exceso, comienza a ganar peso. 

“Hay muchos aspectos en el hombre que nosotros nos lo callamos. Muchos aspectos son esos, el aspecto psicológico, lo que se afecta con la enfermedad, el ser obeso. La sociedad dice: ‘mira ese muchacho que gordo está’, pero nadie se sienta al lado tuyo y te dice ‘estás así, puedo ayudarte, vamos a sentarnos a hablar de qué te llevó a ser obeso’”, sostuvo.

Al igual que Rodríguez, muchos hombres enfrentan una baja autoestima al momento de ganar peso. La psicóloga Ana Salas explicó que en los casos en que el aumento en peso no es intencional, un “aumento en peso significativo puede resultar en baja autoestima e inseguridad, por lo cual comienzan a escoger ropa para esconder su cuerpo, se les puede dificultar socializar por estas mismas inseguridades y se aíslan”. 

Afectados por los cambios que van viendo en su cuerpo, comienzan a tener otras tantas dificultades como la discriminación que mencionó Rodríguez, a la que la experta añadió ejemplos como el ser víctimas de bullying a nivel laboral o académico o hasta el demorar su cuidado de salud por temor a que los juzguen por su sobrepeso. Otra situación que pueden enfrentar es no buscar ayuda psicológica cuando la necesitan.

“Sin duda alguna esto tiene un impacto. No tan solo el no poder llorar, pero el estigma que aun tiene el que se busque ayuda de un profesional de salud mental, particularmente en hombres, no les permite trabajar con alguien para fortalecer su autoestima. Entonces, resulta en mayor aislamiento en algunos casos o incurrir en conductas maladaptativas para el manejo de las emociones, tales como la evitación (actuar como si todo estuviera bien, ignorando el problema), beber, fumar o hasta comer más lo que llaman “comfort food”, que son altas en calorías y carbohidratos”, explicó Salas.

Puede mejorar

Luego de lograr bajar 85 de las 90 libras que ganó durante su batalla contra el lupus, el sobrepeso y la depresión, Rodríguez se ha dedicado a ayudar otros hombres que conoce durante sus intervenciones de terapia respiratoria, ofreciéndole consejos desde su propia experiencia.

“Tienes que sentarte contigo mismo, tienes que pararte en un espejo y hablar de tú a tú. Con esa persona que estás mirando en el espejo tienes que hablar y decirle qué es lo que quieres para tu vida. ¿Quieres morir temprano o quieres vivir? Y en ese momento en que te encaras, es que tomas esa decisión de vida, de transformación, esa decisión de que no eres débil, eres fuerte y la sociedad no puede dictaminar tu situación. La tienes que dictaminar tú mismo, contigo mismo, trabajando ese aspecto de la depresión. Y se necesita ayuda, a veces hay que ir a un psicólogo, a donde una persona con la que te puedas sentar a hablar”, recomendó.

Salas, por su parte, aconsejó a dialogar sobre lo que sienten, que busquen ayuda de un equipo multidisciplinario, que tengan un grupo de apoyo entre la familia y las amistades, así como que crean en sí mismos de que se puede mejorar la situación.

Para luchar contra las presiones sociales, Salas recomendó tener en cuenta que las sesiones terapéuticas son confidenciales (con excepción de algunos criterios en los cuales el psicólogo debe romper la confidencialidad), que la salud mental es tan importante como la física y que se debe aprender a percibir la ayuda de un psicólogo igual de esencial que la ayuda de cualquier otro médico, así como reconocer que no todo se puede hacer por sí mismo y que cuando se busque ayuda, se darán cuenta que no están solos.

De salud mental afectada a sobrepeso

Aunque la enfermedad fue la detonante de la depresión en Rodríguez, él sí admite que la relación puede ser viceversa. El sentirse deprimido, con una salud mental afectada, hacía que recurriera a la comida como mecanismo de recompensa, y de ahí a ganar peso porque no tenía control de lo que comía. Pero él no es el único, pues aseguró que durante sus intervenciones de terapia respiratoria también ha conocido otros hombres en los que la depresión ha contribuido a ganar peso.

Dado a que el sobrepeso afecta la forma en la que se percibe la imagen del ser humano, sí es posible decir que las emociones negativas podrían reforzar conductas que lleven al aumento en peso, según lo discutió el doctor Elliot Montgomery en su investigación “Body Image, Weight and Self-Concept in Men”, publicado en la American Journal of Lifestyle Medicine.

“A medida que los hombres se socializan para no discutir sus preocupaciones sobre la imagen corporal, puede reforzar comportamientos que resultan en el aumento de peso”, explicó.

Pero no solamente se trata de un aspecto que afecte la forma en que el ser humano se ve, sino que según el experto también puede afectar la forma en que la persona se relaciona con el exterior, el que se cohíba de salir a interactuar con otros y que tenga problemas de intimidad hasta en el sexo, problemas que están menos claros en los hombres porque las investigaciones existentes han estudiado más el sobrepeso y sus consecuencias en la mujer que en el hombre.