La interacción romántica entre jóvenes y la inteligencia artificial (IA) ha comenzado a generar inquietud en los espacios educativos de Puerto Rico, admitió el psicólogo Andrés Cruz Santos, especialista en desarrollo adolescente y salud mental escolar.
“Estamos viendo cómo la IA se convierte en un acompañante emocional para muchos adolescentes, no necesariamente por amor, sino por una necesidad de conexión y validación”, expresó.
El Center for Democracy and Technology (CDT) reveló, en una encuesta nacional, que uno de cada cinco estudiantes de escuela superior en Estados Unidos ha tenido o conoce a alguien que ha tenido una relación romántica con una IA, y el 42 % dijo haber usado estos sistemas para buscar compañía o apoyo emocional.
El estudio, que incluyó a más de 1,000 estudiantes, 800 maestros y 1,000 padres, también encontró que el 86% de los jóvenes utilizó alguna forma de IA durante el último año escolar.
“El auge de la IA es relativamente reciente, y aún no tenemos muchas estadísticas locales sobre vínculos románticos entre adolescentes y estos sistemas”, añadió el psicólogo Javier Méndez, especialista en consejería psicológica y con amplia experiencia en el trabajo con niños y adolescentes.
Sostuvo que la relación emocional entre jóvenes e IA es un fenómeno emergente en Puerto Rico que merece atención. No obstante, mencionó que cerca del 85% de los adolescentes en la isla presentan una alta conectividad digital, lo que incluye el uso de plataformas que ya integran IA, como Snapchat, Instagram o WhatsApp.
En este marco, Cruz Santos mantuvo que, a diferencia de lo que ocurría con las redes sociales hace una década, los sistemas actuales de IA son interactivos y responden con un nivel de empatía programada que puede confundirse con reciprocidad emocional.
“Un adolescente con dificultades para expresar lo que siente puede encontrar en la IA un refugio seguro, porque ahí no hay juicio, ni rechazo, ni consecuencias”, comentó.
Según el psicólogo, ese entorno controlado y complaciente puede reforzar la idea de que una relación ideal es aquella en la que el otro siempre responde según las expectativas propias.
Para Méndez, las razones detrás de estos vínculos van desde la curiosidad y el entretenimiento hasta la búsqueda de compañía emocional.
“Vivimos en un mundo muy ajetreado, rodeado de adultos ocupados. Los adolescentes quieren alguien que los escuche sin juzgarlos, sin regañarlos, y la IA puede ofrecer esa sensación inmediata de atención y empatía”, señaló.
Según precisó, esta disponibilidad constante convierte a los chatbots y asistentes virtuales en refugios emocionales para jóvenes que buscan ser comprendidos.
Mientras, según Elizabeth Laird, directora del CDT, existe una correlación entre el uso frecuente de IA en las escuelas y una mayor probabilidad de que los estudiantes desarrollen vínculos emocionales con estas herramientas. Laird advirtió que este fenómeno plantea nuevos desafíos en torno a la privacidad, la alfabetización digital y el bienestar emocional de los adolescentes.
Desde su experiencia, Cruz Santos subrayó la importancia de no trivializar estas interacciones. “No podemos asumir que es una simple moda tecnológica. Para algunos jóvenes, esa conversación con la IA es el único espacio donde sienten que pueden ser ellos mismos”, dijo.
Por eso, enfatizó la necesidad de que los adultos, padres, maestros y cuidadores mantengan una comunicación abierta y sin juicio con los adolescentes.
“Si el joven siente que puede hablar de lo que le pasa sin miedo a la crítica, hay menos probabilidad de que busque refugio emocional en una máquina”, dijo.
Cruz Santos advirtió que este fenómeno puede tener implicaciones profundas en el desarrollo socioemocional.
“La adolescencia es una etapa en la que se ensaya el amor, el apego y la identidad. Si esas experiencias se viven con una IA, el aprendizaje se vuelve limitado, porque no hay un otro real con quien negociar emociones, desacuerdos o límites”, opinó.
Puntualizó que la sobreexposición digital y la inmediatez de las respuestas tecnológicas están moldeando una generación menos tolerante a la frustración y al silencio emocional.
Este tipo de relaciones también puede implicar riesgos significativos, insistió Méndez.
“Si el adolescente sustituye las relaciones reales por interacciones con la IA, se atrofian sus destrezas de socialización”, advirtió.
Estas experiencias, dijo, pueden generar dependencia emocional, aislamiento y desplazamiento de los vínculos humanos.
“El adolescente está en una etapa donde aprende a formar vínculos y a fortalecer su identidad. Si ese proceso se da con una IA que responde a su voluntad, el aprendizaje social se distorsiona”, analizó.
Más aún, Common Sense Media realizó una encuesta nacional en EE. UU. en 2025 con 1 060 adolescentes de 13 a 17 años, y encontró que 72 % de ellos habían usado alguna vez “AI companions” (companeros de IA), definidos como chatbots para conversación personal. Del total, más de la mitad dijeron que los utilizaban al menos unas cuantas veces al mes.
Otra investigación del Benton Institute (2025), alrededor de un 33% de los adolescentes manifestó emplear estos compañeros virtuales para fines sociales o emocionales, como buscar apoyo, amistad o incluso interacción romántica.
Recomiendan que padres observen cómo los adolescentes usan estas herramientas
Méndez recalcó la importancia de que padres y cuidadores observen los patrones de uso. Cambios como el retraimiento, la pérdida de interés en actividades cotidianas o la reducción de las interacciones con otras personas pueden ser señales de alerta.
“Si vemos que el adolescente ya no disfruta lo que antes le gustaba o se aísla más, hay que prestar atención”, indicó.
Argumentó que la tecnología no debe ser demonizada, sino comprendida y usada con equilibrio. En este mismo marco, Cruz Santos añadió que una relación o la compañía de la IA no necesariamente tiene que ser negativo, pues es posible sacarle provecho si se usa de manera correcta: con supervisión y límites.
“La IA no es el enemigo. El reto está en acompañar a nuestros jóvenes a desarrollar vínculos humanos reales, donde aprendan que el amor, a diferencia del algoritmo, no siempre responde, pero sí se construye con presencia”, concluyó Cruz Santos.






