Con tan solo 11 años, Ian Moche, un activista argentino con autismo, utiliza sus redes sociales y presencia mediática para visibilizar los derechos y abordar los obstáculos principales que enfrenta la comunidad con autismo.

“Las personas con discapacidades son muchas veces vistas como infantiles o lentas. A esto contesto: ‘Atrasados los colectivos, especiales las pizzas, genios las lámparas, capacidades distintas los tapers (contenedores), angelitos en el cielo y enfermos en los hospitales’”, dijo Moche.

“Quisiera hacer del mundo uno más amigable”, dijo Moche al explicar una de sus metas principales como activista y defensor de la comunidad con autismo. 

El autismo es una condición que hace que las personas perciban el mundo de otra forma, lo que implica unos desafíos en socialización, comunicación e integración sensorial, definió Moche. No es una enfermedad, sino una condición, aclaró. “Es un cerebro distinto, que procesa la información de manera diferente”, aseguró al decir que teniendo en cuenta estos tres desafíos, tal vez las personas pueden entender a las personas con autismo mejor.

Desde Argentina, el niño comenzó con su rol de activista vía un vídeo que hizo para su escuela alertando sobre la molestia y el daño que hace la pirotecnia, usada para despedir el año, en las personas con autismo. Este video buscaba educar sobre la hipersensibilidad auditiva que tienen las personas con autismo y cómo la pirotecnia pudiese desestabilizar a una persona con esta condición. 

El contenido se viralizó rápidamente, lo que provocó que Moche entrara en contacto con otras personas con su misma condición. Una de estas fue una mujer mexicana con autismo que confesó haber sido diagnosticada a los 50 años. Mensajes como este lo hicieron reflexionar sobre la importancia del diagnóstico temprano. 

Reconozco que tuve el privilegio de ser diagnosticado a temprana edad, pero la mayoría de los adultos con autismo fueron diagnosticados a mayor edad. Lo ideal es tener la noticia desde temprana edad para poder gozar de una mejor calidad de vida”, dijo el niño al decir que poco después de recibir el mensaje decidió que quería ser activista y se lo comunicó a su madre. Así empezó oficialmente con su activismo un día de la mujer (8 de marzo). 

Opinó que en Argentina hay bastante información sobre la condición. 

Según la revista médica británica The Lancet, el autismo afecta a 78 millones de personas en todo el mundo y la mayoría de ellas no tiene acceso adecuado a servicios de salud, educación y asistencia social. Se estima que en Argentina más de 500 mil personas están dentro del espectro autista. 

El 80% de las personas adultas argentinas con autismo están desempleadas, lo que implica una violación a un derecho fundamental. De hecho, en muchas provincias del interior del país no hay profesionales ni servicios para que las familias accedan a algo tan relevante como un diagnóstico temprano o una escolarización adecuada para cada caso.

Urge más empatía para las personas con autismo, asegura Ian Moche

Moche reconoció que faltan muchísimos aspectos por mejorarse a favor de la comunidad con autismo, como más empatía. Explicó que la carencia de esta solidaridad se puede ver reflejada en tareas tan simples como hacer la fila en un negocio para recibir unos servicios específicos. Aclaró que dado que a las personas con autismo les puede suponer un reto tener que esperar en filas largas de negocios u oficinas. 

Detalló que, por este motivo, suele solicitar que se le dé prioridad como cliente o que se le dé un acomodo razonable para poder ser atendido antes. Hay negocios que le conceden su solicitud, y otros que no. En este ámbito, admitió haber vivido muchos percances por la falta de educación o consideración de los empleados que manejan negocios o dirigen la atención al cliente. 

Más aún, explicó que también es importante, a nivel escolar, informarle a toda la clase que uno de los integrantes del salón tiene autismo y comentarle sobre los aspectos a tomar en consideración. Sin embargo, admitió que sus experiencias con compañeros de clase no han sido negativas, pero sí ha tenido enfrentamientos o dificultades con las o los enseñantes por falta de esta misma empatía. 

Indicó que, aunque ha tenido buenas y malas experiencias con profesoras, ha notado que las experiencias o el manejo de los profesores no ha dependido de la información o conocimiento que tenían sobre la condición. Comentó que una de las maestras que menos conocía sobre la condición fue la que más le mostró atención y empatía. “No hace falta sólo capacitación, sino que también empatía, ser amable y ayudar a aquellas personas que requieren más atención”, expresó al subrayar la importancia de informar. 

Asimismo, Ian comentó que es necesario hacer cambios dentro del entorno social y rural para hacer del ambiente uno más inclusivo. Dijo que una de las modificaciones que se pudiesen hacer a nivel global pueden incluir reducir los estímulos (ruidos) en las calles. 

Ejemplificó que en Catamarca existe una zona amigable para personas con autismo. Detalló que en esta provincia argentina existen calles amigables. Esto implica que, ante la presencia de una persona con autismo, se bajan los estímulos de todo tipo. De no hacerlo, existen multas. Apuntó que cambios como los que ha hecho Catamarca son esenciales para hacer de la comunidad una más considerada y consciente de las personas con condiciones dentro del espectro del autismo.

Cada vez que tengamos un desafío hay que imaginarse una puerta y cruzarla como si no fuese nada. Esa es la vida, seguir cruzando puertas sin detenerse”, dijo Ian para concluir.