¿Alguna vez has pensado si la relación amorosa entre tus padres, madres o cuidadores principales era saludable? ¿Era disfuncional? ¿Cómo trabajaban las situaciones conflictivas o cuando surgían desacuerdos? 

Más aún, ¿has pensando si tú estás repitiendo esos patrones? Según el psicólogo Alexis Cuevas Rivera, reflejar los conflictos de los progenitores en las relaciones amorosas es un fenómeno con causas multifactoriales. 

“Se trata de un fenómeno que se ha estudiado a lo largo de la historia y desde distintas teorías”, mencionó. 

Indicó que una de las teorías es  la del apego. Esta abarca cómo los padres influyen en las relaciones interpersonales y de pareja. Asimismo, comentó que existen otras escuelas de pensamiento, como la teoría del aprendizaje social, que consideran que las personas aprenden comportamientos con base en cómo ven a los demás relacionarse.

Hay una relación entre la infancia y cómo se resuelven las situaciones en las relaciones románticas, dijo la psicóloga clínica Vimari Vegas Ríos. Subrayó que está científicamente probado que experimentar un conflicto matrimonial o familiar durante la niñez hace que las personas sean más vulnerables a problemas en las relaciones románticas como adultos.

En este marco, Vegas Ríos también abarcó teorías que interpretan el tema desde distintas perspectivas. Las personas que no obtienen habilidades para manejar los desacuerdos de manera efectiva en su casa, van absorbiendo los mismos conflictos a través del aprendizaje vicario. Por ende, el apego saludable es indispensable durante la infancia, pues ofrece una guía para tener relaciones sanas.

Otras teorías, según la experta, sustentan que a mayor capacidad de apego, seguridad, confianza y proximidad en la infancia de las personas vinculantes, se van a crear relaciones que se sustentan en esa misma base. Mientras, al contrario, son personas que se crean con personalidades que pueden ser hasta antisociales y crean apegos disfuncionales en relaciones románticas. Pueden ser ansiosos, evitativos e inseguros. 

Por su parte, Cuevas Rivera aclaró que identificar el patrón suele ser el paso más difícil. A partir de su experiencia, destacó que muchas personas llegan a terapia sin darse cuenta de que están repitiendo patrones. 

No necesariamente es más difícil deshacerse de patrones desarrollados por uno mismo versus los adquiridos a través de la vida o la crianza. Al final, se trata de hábitos”, comentó. 

Vital estudiar los conflictos de los padres

Para identificarlo, el psicólogo destacó que hay necesidad de autorreflexión y estudiar los conflictos de los padres para identificar patrones de comportamientos y cómo se están replicando en la vida de la persona. Recae en tratar de ser lo más objetivo al evaluar su relación y qué observa. Ser justo y honesto es clave. 

Sin identificarlo no se puede hacer nada”, precisó Cuevas Rivera. Lo importante es hablarlo, evaluarlo e intentar trabajarlo. Recomendó leer sobre las dinámicas saludables y las relaciones. La atención que se le da a esta situación depende de cuánto la pareja ha desarrollado su capacidad de tolerancia. 

Si ambas partes tienen un autoconcepto saludable van a identificarlo. La dificultad recae en que lo hayan normalizado y lo perpetúen. Analizar cuál es el establecimiento de límites saludables y cuáles son los componentes esenciales de una relación son dos herramientas fundamentales. Mencionó la importancia de reducir las críticas y la falta de apoyo en las relaciones, dos comportamientos que suelen ser frecuentes en dinámicas no saludables.  

Mientras, Vegas Ríos también comentó sobre la relación entre los estilos de crianza y las relaciones interpersonales y amorosas. Los estilos autoritarios con excesivas reglas y énfasis en la obediencia van a generar irritabilidad y estrés en la adultez, factores que igualmente afectan las relaciones románticas. En otros tipos de crianza como los permisivos, las personas suelen carecer de capacidad para establecer límites y control. 

Asimismo, indicó que un 80% del temperamento es heredado. Los menores que han experimentado relaciones violentas tienen un alto riesgo de vivir relaciones de pareja violentas. La violencia igualmente se usa como ejercicio de poder durante la crianza. En este caso, cuando se normaliza, hasta cierto punto, el agredir a la persona físicamente para instruirlos, crea un patrón igualmente de mayor violencia y valida el que este tipo de dinámicas son normales. Empieza a haber un condicionamiento sociocultural. Las vivencias conflictivas igualmente pueden crear o exacerbar problemas de salud mental que luego afectan las relaciones interpersonales de las personas, incluso románticas. 

Mientras, un estudio publicado en el Sage Journal destacó cómo los participantes que consideraban que sus padres tenían relaciones problemáticas estaban determinados a hacer las cosas de manera diferente con sus propias parejas. Sin embargo, encontraban dificultad por encontrar la manera de hacer las cosas de manera diferente. 

Asimismo, el mismo análisis encontró que cuando los participantes sentían una falta de amor o afirmación de sus padres, tendían a buscar esas cosas de sus parejas románticas, particularmente durante la adolescencia y la adultez emergente temprana. En consonancia con los expertos, concluyó que los padres tienen una influencia en el momento, la calidad y la naturaleza de las relaciones románticas en la vida de sus hijos que continúan en la edad adulta.