Los cambios hormonales que se experimentan en la menopausia no solo afectan al cuerpo de forma física, también a la salud cerebral y el bienestar psicológico. Investigaciones coinciden en que hay un impacto en la estructura del cerebro y, además, surgen síntomas cognitivos, como dificultades de concentración u olvidar cosas, observados en enfermedades como el alzhéimer. 

Sin embargo, no significa que la menopausia cause una condición neurodegenerativa como el alzhéimer, cuyos casos afectan de forma desproporcionada a las mujeres (2 de cada 3 pacientes) y que afecta a más de 60 millones de personas en todo el mundo. El factor genético, al momento, es el más asociado a la enfermedad en mujeres y, por consiguiente, a los cambios neurológicos que se experimentan.

La investigación Emotional and cognitive effects of menopause and hormone replacement therapy analizó, precisamente, cómo la menopausia afecta al cerebro y las funciones cognitivas. Teniendo como hallazgos que de las 125,000 participantes del proyecto, un gran número presentó reducción de la materia gris en diferentes zonas del cerebro, como el hipocampo (vinculado a la memoria), la corteza entorrinal (conexión memorial y otras áreas del cerebro) y la corteza cingulada anterior (regulación emocional y atención).

También se encontró que las regiones en donde se observaron cambios son las mismas que suelen afectarse en enfermedades como alzhéimer. Pero no significa que sea responsable de esta enfermedad. Más bien, puede ayudar a entender por qué las mujeres presentan más casos de demencia que los hombres.

Lo que sí se vio, y que confirman otros proyectos de investigación, es que la disminución de estrógenos que surge durante la menopausia, afecta considerablemente al cerebro y ante esto más reportes de condiciones de salud mental, como ansiedad, depresión, problemas para conciliar el sueño y fatiga.

Explica la doctora Pamela Silén Rivera, especialista en obstetricia y ginecología, que durante la menopausia ocurren transformaciones en el cerebro, principalmente relacionadas con la caída de los niveles de estrógeno.

“Existen cambios en algunas áreas del cerebro, en el metabolismo y en la conectividad neuronal que están asociados a la disminución de estas hormonas”, señaló.

Pero, estos cambios no son equivalentes a los procesos neurodegenerativos que caracterizan al alzhéimer.

La enfermedad de Alzhéimer se distingue por la presencia progresiva de placas de beta-amiloide y ovillos de proteína tau en el cerebro, lesiones que dañan las neuronas y afectan la memoria y otras funciones cognitivas. “La menopausia no produce estas lesiones”, enfatizó.

Por su parte, el doctor Edgar Campos Febus, neuropsicólogo clínico, describió que el estrógeno actúa como un protector cerebral, por lo que su disminución puede influir en procesos como el metabolismo cerebral.

“Cuando el estrógeno cae o fluctúa, puede impactar cómo el cerebro utiliza la glucosa, que es el combustible de las neuronas. Es como si el cerebro atravesara una crisis energética temporal”, afirmó. 

Esto puede manifestarse en síntomas como la llamada “niebla mental”, olvidos leves, dificultad para concentrarse o problemas para encontrar palabras. El especialista subrayó, asimismo, que estos cambios suelen ser funcionales y temporales.

“Es común que durante esta etapa una persona entre a una habitación y olvide a qué iba, o que tenga dificultad momentánea para recordar una palabra. Lo importante es que estos síntomas suelen ser reversibles”, dijo.

“Una vez la mujer pasa la transición hacia la posmenopausia, muchos de estos síntomas mejoran”, agregó.

De hecho, los estrógenos cumplen múltiples funciones dentro del cerebro. Entre ellas, modulan neurotransmisores como serotonina, dopamina y acetilcolina, que participan en la memoria, la atención y el estado de ánimo, describió Silén Rivera.

Además, favorecen la plasticidad neuronal. Es decir la capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones, especialmente en el hipocampo, una región clave para los procesos de memoria.

También, contribuyen a mejorar el flujo sanguíneo cerebral y ejercen efectos neuroprotectores. Cuando sus niveles disminuyen, pueden aparecer síntomas cognitivos leves, que en muchos casos se ven amplificados por factores como el estrés, la falta de sueño o los síntomas vasomotores propios de la menopausia, planteó la ginecóloga.

Aunque la menopausia por sí sola no causa alzhéimer, existen factores que pueden influir en el riesgo de deterioro cognitivo a largo plazo.

Uno de los más estudiados es la genética. El alelo APOE-ε4 es considerado el principal factor de riesgo genético de inicio tardío, ya que aumenta la probabilidad de desarrollar la enfermedad y puede adelantar su aparición.

Ambos especialistas coincidieron con los hallazgos de este reciente estudio, apuntando a que el riesgo de alzhéimer está influido por genética, estilo de vida y factores hormonales. 

En el contexto de la genética se encuentra el alelo APOE-ε4, que es el principal factor de riesgo para la condición de inicio tardío.

Mientras que en el estilo de vida hay condiciones cardiovasculares involucradas (hipertensión, diabetes, obesidad, dislipidemia), sedentarismo y la baja estimulación cognitiva, sostuvo la doctora.

¿Cómo mejorar los síntomas cognitivos relacionados a la menopausia?

El doctor Campos Febus recalcó la importancia, por ejemplo, de la actividad física regular, especialmente con ejercicios aeróbicos como caminar, correr o bailar.

“El ejercicio aeróbico estimula la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro, conocido como BDNF. Esta proteína actúa como un fertilizante para las neuronas, ayudando a que sobrevivan y a que se formen nuevas conexiones entre ellas”, hizo hincapié. 

Controlar la presión arterial, la diabetes y el colesterol, además de evitar el tabaco, puede ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo, dijo. 

“Lo que es bueno para el corazón también es bueno para el cerebro”, puntualizó.

Finalmente, la ginecóloga comentó que la terapia hormonal puede mejorar síntomas cognitivos asociados a la menopausia, como la niebla mental, dificultad de concentración o memoria reciente, siempre que estos estén vinculados a síntomas vasomotores y alteraciones del sueño.

Si fue prematura (antes de los 40 años) o quirúrgica y ocurrió antes de la edad natural promedio, la terapia hormonal sí se recomienda (salvo contraindicación). En algunos casos, además de tratar síntomas, puede ayudar a mitigar el riesgo de deterioro cognitivo y demencia asociado a la pérdida estrogénica temprana.

Sin embargo, si la menopausia ocurre entre los 50 a 52 años, “la terapia hormonal no se recomienda para prevenir demencia y no ha demostrado protección consistente contra alzhéimer u otras demencias”, concluyó.