Con los continuos avances en la tecnología, cada vez es más temprana la exposición de los niños a los aparatos digitales y a las redes sociales, abonando a la ansiedad por las expectativas sociales que se difunden a través de los medios y la falta de contacto con los familiares, coincidieron expertas entrevistadas por Es Mental.
Según Susannah Kinard, presidenta del capítulo de San Juan del Colegio de Profesionales del Trabajado Sociales de Puerto Rico (CPTSPR), el vacío de afecto y atención a los niños en muchas ocasiones lo llena un teléfono, una tableta o un televisor.
“Los niños van a buscar en las redes lo que no recibimos en casa y, en ese buscar, vamos a encontrar personas que nos van a proveer (la atención) de una forma engañosa, los estamos exponiendo y hay un falso sentido de seguridad a través de una pantalla”, aseguró Kinard.
El evitar contacto con los niños, proveyendo una pantalla digital, evita el desarrollo de destrezas sociales, manejo de frustraciones, la comunicación y el comportamiento, advirtió la doctora Alice Pérez Fernández, coordinadora del comité de Promoción del desarrollo Integral de la Niñez de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR).
Pérez Fernández aseguró que, al no lidiar en la niñez con diferencias entre sus familiares o amistades, puede desembocar en el futuro en ansiedades y hasta problemas en las relaciones, que también causa ansiedad.
“Cuando estamos interactuando de manera normal, tenemos que dialogar con esa persona, llegar a acuerdos, verles la cara, tengo que lidiar con mis emociones y con las de la persona. Todo eso se pierde mientras se facilita el internet y las redes, donde con un botón puedo alejarme del problema”, añadió.
De igual forma, las expectativas sociales en los niños -difundidas a través de los medios- igualmente causan ansiedad al no poder alcanzar los estándares impuestos, apuntó Kinard. Desde su sexualidad hasta su nivel social, están continuamente influenciadas en las plataformas digitales, aseguró.
“Cuando me reúno con los niños después de los talleres, todo está en esa ansiedad de quién soy, cómo me perciben y esa atención que necesito. Cuando vemos que tienen (los niños) una sobreexposición a la tecnología porque los papás le dedican menos tiempo, inclusive le ponen en las manos un Ipad para no tener que bregar con ellos”, precisó Kinard, también fundadora de EduReCreate, una organización de servicios sociales.
Por otra parte, entornos familiares conflictivos, como los divorcios; la falta de apoyo emocional, durante el desarrollo; la falta de condiciones socioeconómicas y servicios básicos adecuados; experiencias traumáticas, como maltratos; el acoso escolar y la presión académica, son determinantes sociales adicionales que, según Pérez Fernández, exacerban la ansiedad en la niñez.
¿Cuándo la ansiedad es un problema?
No obstante, la ansiedad es un sentimiento normal y positivo, hasta que se convierte en problemático, indicó la doctora Karen Martínez González, directora del Departamento de Psiquiatría del Recinto de Ciencias Médicas (RCM).
“Hay unas ansiedades que son naturales y necesarias para el proceso de desarrollo de los niños; como, por ejemplo, cuando nosotros tenemos un infante pequeño que tiene miedo al extraño, que es un miedo importante. Lo que nos preocupa es cuando esa ansiedad es exagerada y se sale de lo normal, cuando ocurre en lugares en los que el niño debería sentirse tranquilo y seguro o cuando de alguna manera causa una disfunción”, explicó Martínez González.
Los padres o encargados deben preocuparse por la ansiedad en los niños cuando la expresión sea fuera de lo normal, precisó la psiquiatra.
“Pudiese ser que un niño tenga ataques de pánico, ataques de ansiedad, pueden darle ‘tantrums’, pueden sentirse irritables, que no se quieran separar de sus cuidadores o la disfunción, que no quiera ir a cumpleaños, no quiera salir de la casa y ahí es que nos empieza a preocupar. Cualquier cambio que veamos en la conducta que no esté dejando que este niño funcione normalmente, pudiese ser una señal de ansiedad”, detalló.
Como tratamiento a la ansiedad infantil, Martínez González indicó que el primer recurso que se utiliza es la psicoterapia, donde se expone al niño al miedo o al causante de la ansiedad y, en casos severos, utilizan medicación para lidiar con la ansiedad del menor.
“Tenemos que proveer espacios de empoderamiento a los niños donde puedan expresarse, donde sean validados y no juzgados y donde se les provean espacios de reflexión, pero no de 5 o 10 minutos. Necesitamos que sean escuchados. Los niños tienen mucho que decir, los jóvenes tienen mucho que decir y tenemos que empezar a crear una cultura de comunicación, de asertividad y de fortalecimiento de destrezas sociales que hemos relegado al celular”, concluyó Kinard.






