El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) se caracteriza por obsesiones, comportamientos repetitivos o acciones mentales que una persona siente que debe hacer. En las relaciones de pareja puede observarse durante momentos cotidianos de la rutina y, en otros casos, las personas con esta condición sienten la necesidad de certeza y validación a nivel emocional.
“Imagina esto: son las once de la noche. Uno de los dos ya está en la cama; el otro revisa la estufa, vuelve, la revisa otra vez. Se acuesta y pregunta si está apagada, su pareja le responde que sí, y a los pocos minutos se levanta a revisarla de nuevo, o vuelve a preguntar. La respuesta no logra disipar la duda, y los dos terminan despiertos y frustrados. Así entra el TOC a la convivencia: por lo pequeño y repetido”, contó Sandra López, psicóloga e instructora de mindfulness.
Para las personas que padecen de TOC, podría resultar vergonzoso y frustrante, mientras que para la pareja resulta abrumadora la repetición de una conducta, aseguró López. Por otro lado, la confianza en la relación también se puede afectar en ambas direcciones. Según la psicóloga, las personas con TOC no logran confiar en su totalidad en lo que su pareja responde.
“Por más que su pareja le asegure que la puerta quedó cerrada, la duda pide otra comprobación. Y su pareja, del otro lado, puede sentir que su palabra no termina de bastar; incluso empieza a desconfiar”, añadió.
En las relaciones de pareja, los síntomas que con mayor frecuencia generan dificultades en la convivencia pueden ser: la necesidad constante de certeza o tranquilidad, la búsqueda repetitiva de validación, las dudas persistentes sobre la relación, los rituales y compulsiones en la rutina y el evitar situaciones por miedo a que ocurra algo negativo, apuntó por su parte Sheila Berríos Figueroa, psicóloga.
“Uno de los conflictos más frecuentes ocurre cuando la pareja interpreta los síntomas como falta de confianza, desinterés o control, cuando en realidad son manifestaciones del trastorno. La relación de pareja puede ser sana o estable y aun así, la persona con TOC, puede experimentar dudas constantes sobre si realmente ama a su pareja, si eligió a la persona correcta o si la relación es ‘lo suficientemente buena’. También puede sentir miedo a hacer daño a la pareja, preocupaciones excesivas sobre la compatibilidad o la necesidad de analizar continuamente cada interacción. Todo esto, buscando señales de que algo anda mal. Lo que puede llevar a la persona a sentirse realmente angustiada y no reflejar necesariamente sus verdaderos sentimientos”, explicó Berríos Figueroa.
De la otra parte, la convivencia con una pareja con TOC podría resultar en incertidumbre y confusión, al no entender qué le pasa a su pareja o buscar entender quien carga la culpa, aseguró López.
“Imagina el otro lado: esperas en el carro mientras tu pareja vuelve a entrar, por tercera vez, a lavarse las manos porque tocó algo «sucio». Quieres ayudar, así que esperas una y otra vez y sedes en las comprobaciones; es lógico, sientes amor por tu pareja y quieres que la relación funcione. Con el tiempo, sin embargo, te descubres agotado, sin saber si estás apoyando o alimentando algo que no cede. A la larga, ese lugar —querer estar y no saber cómo— puede traer frustración, cansancio o irritabilidad”, añadió.
Mitos sobre el trastorno
De igual forma, la psicóloga aseguró que existen varios mitos que dificultan que las parejas comprendan el trastorno:
- Que el TOC es ser limpio, ordenado o «maniático». El orden es la parte visible de algunos casos, no el trastorno.
- Que con fuerza de voluntad se controla. La compulsión calma la ansiedad un momento; pedirle a la persona que «simplemente pare» suele aumentar el malestar.
- Que «todos somos un poco TOC». Ordenar el escritorio o preferir la simetría tiene poco que ver con la angustia de una obsesión real.
- Que los pensamientos intrusivos revelan deseos verdaderos. Las obsesiones de daño o de contenido sexual horrorizan justamente porque van en contra de lo que la persona valora; no anuncian intenciones.
- Que no tiene solución. Es una condición tratable y con el tratamiento adecuado la persona suele mejorar de forma notable.
Así las cosas, Berríos Figueroa insistió en que la psicoeducación es fundamental para comprender cómo funciona el TOC, diferenciar la persona de los síntomas, establecer una comunicación abierta, validar las emociones sin reforzar las compulsiones que acarrean el trastorno y acudir a terapia individual o de pareja.
“Uno de los mayores retos suele ser encontrar el equilibrio entre brindar apoyo emocional y no reforzar el trastorno. Es recomendable que la pareja aprenda sobre el TOC. Ofrecer apoyo sin convertirse en parte de los rituales compulsivos”, destacó la psicóloga.
“La pareja también necesita tener sus espacios de autocuidado y orientación para manejar las situaciones sin desgastarse. Por ejemplo, acompañar a su pareja mientras aprende a tolerar el malestar, sin recurrir a compulsiones, podría ser un evento de tensión para su compañero/a. Buscar ayuda profesional tempranamente hace una diferencia importante. Con un tratamiento adecuado, muchas personas con la condición logran una mejor calidad de vida y desarrollan relaciones de pareja saludables”, añadió.
La psicóloga concluyó que el TOC no debe definir a quien lo vive y asegura que la comprensión, comunicación, límites saludables y el apoyo profesional son claves para que una pareja pueda fortalecer sus vínculos y enfrentar el trastorno como un equipo, en lugar de permitir que el trastorno termine la relación.






