La pérdida de empleo y de ingresos han ocasionado una inestabilidad económica en cientos de familias, la cual podría catapultar el desarrollo de padecimientos psicológicos, tales como la depresión, en medio de la lenta llegada de fondos federales y estatales, al igual que el beneficio del desempleo.

En eso coincidieron las psicólogas clínicas Arelis Montijo Pérez, Yiddish Marie Álvarez Meléndez y María Isabel Coss Guzmán en entrevista con Es Mental.

“Los asuntos económicos no se pueden minimizar”, acotó la psicóloga clínica Coss Guzmán. “Cuando uno no tiene la capacidad de sobrellevar las necesidades básicas propias y de la familia, puede ser una de las situaciones más difíciles para un ser humano”. 

Pese a que no existen cifras precisas sobre la cantidad de desempleados en Puerto Rico por causa de la pandemia, la plataforma digital para solicitar el Pandemic Unemployment Assistance Program (PUA, por sus siglas en inglés) —un programa federal que se creó para brindar asistencia por desempleo a personas que trabajan por cuenta propia — ha recibido 2,000 solicitudes por hora en los pasados días.  

La inseguridad económica y laboral como efecto colateral del COVID-19 ejemplifican un panorama en el que los puertorriqueños podrían verse afectados emocionalmente, acotó Coss Guzmán. 

“Cuando uno está tratando de sobrevivir, ni siquiera fisicológicamente es posible meditar o hacer introspección porque uno está con el nivel de cortisol en las nubes y el nivel de estrés no nos ayuda a tomar decisiones apropiadas”, expresó

La estabilidad, la protección y el orden son tres de las principales necesidades de los seres humanos, de acuerdo con la Pirámide de Maslow. Esta teoría explica que luego de que los seres humanos cumplen con sus necesidades fisiológicas, como comer o dormir, comienzan a trabajar para tener un techo seguro que les provea cierta estabilidad.

Sin embargo, cuando una persona pierde el empleo con el que costeaba su techo e incluso sus alimentos, esa estabilidad comienza a perderse, ejemplificó Montijo Pérez.

Más allá de solamente proveer ingresos económicos a las familias, a muchas personas sus empleos también les identifica y define, agregó Montijo Pérez. Por lo tanto, perderlo, no tan solo puede lacerar su seguridad económica, sino su identidad. 

“Ese propósito que tengo en la vida para seguir adelante puede verse frágil porque ahora voy a tener otras situaciones que se suman a las que existían”, mencionó Montijo Pérez.

El desempleo es un fenómeno que se ha acelerado en Puerto Rico durante los pasados años por causa de la crisis económica y fiscal. Por ejemplo, datos de la Encuesta de la Comunidad del Negociado del Censo estiman que desde el 2010 se han perdido 9,395 empleos que eran ocupados, principalmente, por jóvenes de 16 a 24 años. Esto se suma a que la cantidad de trabajadores de estas edades se ha reducida en un 6%.

Por causa de la inestabilidad económica que la isla isla ha atravesado en los pasados años, Álvarez Meléndez opinó que “es bien importante que el gobierno esté accesible a las personas con necesidades”. “Cuando esa persona ve que no hay ingresos y no tiene nada en ahorros, se altera la vida de todas las familias completas”. 

La psicóloga clínica mencionó que la persona, “al ver que no tiene salida”, siente “impotencia, vergüenza, culpa y “frustración”. 

La tristeza, la melancolía, la infelicidad, el abatimiento o el meramente sentirse derrumbados son sensaciones que tienden a sentirse durante períodos cortos. No obstante, cuando estas interfieren con la a vida diaria durante varias semanas, puede que ser que se haya desarrollado depresión, explica la enciclopedia médica, MedlinePlus.  

En caso de padecer de la enfermedad, Álvarez Meléndez aconsejó a que las personas entiendan y acepten sus emociones. Eso permitirá que las personas puedan acoplarse a su nuevo panorama económico, de manera que puedan ajustarse los gastos del hogar a lo que termina la pandemia.

La psicóloga clínica, igualmente, instó a “comenzar a hacer microproyectos desde el minuto cero”. Estos microproyectos pueden ser tareas semanales que nos ayuden a mantenernos organizados y reinventarnos, tales como limpiar el patio y recoger la casa. “Cosas en las que soy bueno, pero he obviado por estar trabajando”. 

La razón por la que tomar en cuenta estos consejos, explicó, es para evitar que el alto porcentaje de desempleo pueda contribuir a un alza en la tasa de suicidios.

Por ejemplo, en 2012, la Universidad de Albany identificó a través de un estudio que el huracán Sandy ocasionó un aumento en visitas a las salas de emergencia por abuso de sustancias, suicidios, psicosis y desórdenes del estado del ánimo en Nueva York.

Ese fenómeno se reflejó, en 2017, cuando los suicidios en Puerto Rico incrementaron un 20% en comparación con el 2016, de acuerdo con la Administración de Servicios de Salud Mental y Control de la Adicción (ASSMCA). Esto representó 55 casos más que en 2016.

“La situación del desempleo con la pandemia y con los terremotos en el área sur son muy diferentes a otros eventos históricos de desempleo”, puntualizó la psicóloga clínica. “Al estar combinado [el desempleo] con la pandemia, se exacerban más síntomas. Lo que parecería ser ansiedad y depresión debido al toque de queda y al aislamiento, se une a la desesperanza, la impotencia y la frustración”.