Cuando se habla de inteligencia, en primera instancia, se piensa sobre su lado intelectual. Sin embargo, los seres humanos tienen la capacidad de desarrollar y trabajar otros tipos de inteligencia, como lo es la emocional, aquella que se caracteriza por, precisamente, aprender a gestionar y/o entender las emociones personales y las de los otros.

Según el psicólogo clínico, el doctor Abdiel Muñiz Vera, esta inteligencia es la que ayuda al ser humano en la construcción de relaciones sociales sanas y equilibradas, tanto en el entorno familiar y como en el profesional y, además, con la que se podría dar el primer paso a ser más conscientes de las emociones, así como poder identificarlas, reconocer fortalezas y debilidades, trabajar la autorregulación de las emociones y, no menos importante, ser más empáticos con el sentir de los demás.

No obstante, en la actualidad se ha dejado de un lado la promoción de este tipo de inteligencia, ya que culturalmente se ha dado más importancia a la intelectual, exclusivamente por su vínculo al éxito, señaló el doctor Muñiz Viera. Incluso, se ha convertido en un puente de posibilidades para la obtención de trabajos y admisiones académicas, sin tener en cuenta cuánto puede influir también la inteligencia emocional de una persona.

De acuerdo con el libro La Inteligencia Emocional del psicólogo estadounidense Daniel Coleman, esta inteligencia, de las varias que existen según él, se refiere a la capacidad que tiene un individuo para reconocer cómo sus emociones tienen repercusión personal y en la vida de otros. Pero, además, logra una mayor capacidad a la hora de experimentar las relaciones interpersonales, logrando soluciones a los problemas que pudieran surgir.

“Mi principal interés está precisamente centrado en estas otras características a las que hemos dado en llamar inteligencia emocional. Características como la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás”, expone el autor en su libro. 

La inteligencia emocional no tiene edad o etapas de madurez, pues aseguró Muñiz Vera, que esta puede ser desarrollada durante cualquier edad. “Inclusive se recomienda que se comience a trabajar a temprana edad”, sostuvo.

“Es importante recalcar que no hay edad para trabajar la inteligencia emocional. Al igual que es una tarea que ocupa toda una vida”, agregó. 

En el aspecto de la toma de decisiones, el doctor apuntó a que los seres humanos deben identificar las emociones y mantenerlas en balance al momento de dar el paso a una decisión

“Ante la toma de una decisión muchos podemos sentir un grado de inseguridad o incertidumbre y no es que sea negativo, pero la inseguridad persistente y desmedida sí puede ser perjudicial, ya que te privará de toma de decisiones o inclusive tomar la menos acertada. Lo mismo puede ocurrir con el exceso de motivación ante una decisión. Es importante conocer nuestras emociones y mantenerlas balanceadas ante una toma de decisión”, compartió. 

Finalmente, el psicólogo recomendó a las personas a no esconder sus emociones y hacerlas “libres”. 

“Te invito a romper las barreras de los roles sociales y ser portavoz de que las emociones no tienen sexo, edad y clase social”, concluyó. 

En el libro La Inteligencia Emocional se invita al ejercicio de la llamada conciencia autoreflexiva, que permite a la gente poder reflexionar sobre su sentir.

“A primera vista tal vez pensemos que nuestros sentimientos son evidentes, pero una reflexión más cuidadosa nos recordará las muchas ocasiones en las que realmente no hemos reparado en lo que sentíamos con respecto a algo. […] Esa conciencia autorreflexiva, en la que la mente se ocupa de observar e investigar la experiencia misma, incluidas las emociones. La cualidad en la que la atención admite, de manera imparcial y no reactiva, todo cuanto discurre por la conciencia, como si se tratara de un testigo”, destaca la lectura. 

El Institute for Health and Human Potencial ratifica que la inteligencia emocional puede ser importante a la hora de tener conversaciones incómodas sin herir sentimientos, manejar las emociones al experimentar situaciones estresantes o abrumadoras, resolver conflictos, promover una cultura de colaboración y crear espacios en los que, psicológicamente, los individuos puedan sentirse seguros.