Aunque los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) figuran entre los antidepresivos más utilizados, en los últimos años han surgido importantes preocupaciones sobre posibles efectos adversos persistentes, entre ellos la disfunción sexual posterior al tratamiento (PSSD, por sus siglas en inglés).
Esta potencial secuela –aún bajo estudio– junto a otros posibles efectos secundarios y a la percepción de que estos medicamentos son adictivos constituyen barreras para que algunos pacientes acepten el tratamiento.
La psiquiatra pediátrica Beatriz Ramírez Ortiz explicó que estos medicamentos actúan aumentando la disponibilidad de serotonina en el cerebro al impedir su recaptación. De esta manera, el neurotransmisor permanece durante más tiempo en el espacio sináptico y puede ejercer su función. Entre los ISRS más utilizados mencionó la fluoxetina, sertralina, escitalopram, citalopram, paroxetina y fluvoxamina.
Estos fármacos no se utilizan únicamente para tratar la depresión, sino que también forman parte del tratamiento de trastornos como la ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, el trastorno obsesivo compulsivo, el estrés postraumático y la fobia social, entre otras condiciones, siempre después de una evaluación clínica basada en criterios diagnósticos, explicó.
El psiquiatra Raúl López sostuvo que los ISRS representaron uno de los mayores cambios en la historia del tratamiento de la depresión, especialmente tras la llegada de la fluoxetina, comercializada como Prozac, en la década de 1980. Según señaló, antes de estos medicamentos se utilizaban principalmente antidepresivos tricíclicos, que presentaban más efectos secundarios y mayores riesgos en caso de sobredosis.
“Antes del Prozac los antidepresivos que teníamos eran más viejos, eran los tricíclicos, eran medicamentos que tenían montones de efectos secundarios”, recordó.
Ramírez Ortiz subrayó que, como cualquier medicamento, los ISRS pueden producir efectos secundarios. Entre los más frecuentes mencionó náuseas, vómitos, molestias gastrointestinales, cefaleas, diarrea o estreñimiento, además de insomnio, somnolencia, nerviosismo o agitación. También reconoció que «en el área del deseo sexual pudiese afectar disminuyendo el deseo sexual».
Aunque todos los ISRS comparten un mecanismo similar, precisó Dr. López, existen diferencias entre ellos que pueden influir en sus efectos secundarios y en la elección del tratamiento para cada paciente.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en European Journal of Clinical Pharmacology encontró que los ISRS se asociaban con un mayor riesgo de alteraciones sexuales, particularmente dificultades para alcanzar el orgasmo y menor satisfacción sexual, aunque los investigadores señalaron diferencias en la magnitud de los efectos según el estudio y la población analizada.
No obstante, precisó que muchos de estos efectos suelen ser leves y disminuir durante las primeras semanas de tratamiento, razón por la que recomendó una evaluación médica temprana tras iniciar la medicación.
Efectos secundarios de los ISRS
Ramírez Ortiz explicó que los ISRS no producen efectos inmediatos, ya que requieren un periodo de adaptación antes de alcanzar su beneficio terapéutico completo. “Ellos tienen un periodo que va desde dos a seis semanas en alcanzar su efecto terapéutico completo”, señaló. Por esta razón, insistió en que los pacientes deben tener expectativas realistas y no abandonar el tratamiento durante las primeras semanas si no perciben una mejoría inmediata.
La especialista también advirtió que estos medicamentos nunca deben suspenderse de forma abrupta, ya que pueden aparecer síntomas de retirada, especialmente en el caso de la paroxetina debido a su vida media corta. Sin embargo, aclaró que estos efectos no significan que los antidepresivos generen adicción. “No hay evidencia científica que diga que los antidepresivos e inhibidores de recaptación pueden causar adicción”, afirmó.
Según Ramírez Ortiz, esta percepción continúa siendo una de las barreras para que algunos pacientes acepten el tratamiento. “Piensan que una vez comiencen el medicamento van a estar de por vida en el mismo y eso es falso”, sostuvo.
En la misma línea, López explicó que, aunque no existe una dependencia establecida con estos medicamentos, sí puede presentarse un síndrome de descontinuación cuando se interrumpen de manera repentina. Este puede incluir síntomas como ansiedad, náuseas, mareos o un empeoramiento temporal del estado de ánimo, por lo que recomendó realizar cualquier cambio en la medicación bajo supervisión médica.
El psiquiatra también destacó que los efectos secundarios iniciales pueden representar uno de los principales obstáculos para la continuidad del tratamiento. Entre ellos mencionó náuseas, dolor de cabeza, diarrea, sequedad bucal, insomnio, fatiga o mareos. Además, señaló la afectación sexual como uno de los efectos que más puede influir en la calidad de vida de algunos pacientes.
“Producen una pérdida de libido, es decir, que tienes menos ganas de tener sexo. Puede producir disfunción sexual”, explicó.
Según indicó, estas alteraciones pueden manifestarse de distintas maneras: algunas personas pueden tardar más en alcanzar el orgasmo, mientras que otras pueden presentar dificultades de erección. “Para un paciente que tiene una vida sexual activa y que eso es parte de su vida, puede ser un obstáculo”, afirmó.
Sobre la disfunción sexual posterior al tratamiento (PSSD), López explicó que todavía existe investigación en curso para comprender por qué algunos pacientes mantienen síntomas sexuales incluso después de suspender los ISRS. Aunque reconoció que la disfunción sexual asociada a estos medicamentos está documentada, señaló que los casos persistentes requieren mayor estudio científico.
El especialista recordó además que los ISRS incluyen advertencias sobre un posible aumento de pensamientos suicidas en algunos pacientes, especialmente jóvenes, durante las primeras etapas del tratamiento. Por ello, insistió en la importancia del seguimiento médico y en comunicar de inmediato cualquier aparición de ideas de hacerse daño.
La advertencia sobre un posible aumento de pensamientos suicidas durante las primeras etapas del tratamiento con antidepresivos, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes, continúa siendo motivo de vigilancia clínica. Estudios posteriores han analizado el impacto de esta advertencia y han encontrado resultados complejos que no permiten atribuir cambios en las tasas de suicidio exclusivamente al uso o advertencia sobre estos medicamentos.
La importancia del trabajo en equipo
A pesar de estos posibles efectos adversos, López destacó que los ISRS continúan siendo tratamientos de primera línea para la depresión y otros trastornos como la ansiedad generalizada, el estrés postraumático, el trastorno de pánico y algunos trastornos alimentarios.
“Siguen siendo la primera línea de tratamiento para la depresión”, concluyó.
Para Ramírez Ortiz, el tratamiento farmacológico debe integrarse con otras herramientas terapéuticas como la psicoterapia. Explicó que esta combinación permite que los pacientes desarrollen estrategias para manejar los factores que desencadenan o agravan sus síntomas.
La psiquiatra añadió que antes de iniciar un tratamiento puede ser recomendable realizar estudios de laboratorio que permitan establecer una línea de base de la función hepática y renal y facilitar el seguimiento médico.
Más allá del medicamento, Ramírez Ortiz destacó que Puerto Rico enfrenta importantes desafíos en el acceso a la atención en salud mental.
“Los servicios de salud mental en Puerto Rico están sumamente limitados”, afirmó. Según explicó, la falta de especialistas genera largas listas de espera y dificulta que algunas personas reciban atención oportuna.
A esto se suma el estigma que todavía rodea la búsqueda de ayuda. “La gente piensa que cuando yo voy al psiquiatra es porque me van a ‘empepar’, me van a ‘zombie’, y yo no quiero estar dependiendo de una pastilla. Eso son mitos, eso es falso”, expresó.
Para enfrentar estos prejuicios, defendió la educación del paciente y una relación terapéutica basada en la confianza. “No te quites la oportunidad, trata, prueba, porque en realidad estás teniendo mucho deterioro en tu funcionamiento”, recomendó. También recordó que la recuperación no depende únicamente del psiquiatra. “Esto no es un trabajo del psiquiatra; esto es un trabajo del psiquiatra, del psicólogo, tuyo y de tu red de apoyo”, concluyó.



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