La película del icónico Joker ha roto récords de taquilla y su actor principal, Joaquín Phoenix, podría alzarse con el premio Oscar al Mejor Actor. Pero más allá del valor cinematográfico y actoral, la Ciudad Gótica y su penuria, la soledad del protagonista y su aislamiento retratan perfectamente el día a día real y crudo de miles de pacientes de salud mental en Puerto Rico. 

El diálogo de la película va dirigido a apretar ciertos botones y a destacar el estigma que sufren las enfermedades mentales, advirtió la psicóloga Myriam Pérez. 

Joker hace uso de siete medicamentos y le solicita más a su trabajadora social para “adormecer el sufrimiento que le genera estar solo en el mundo, cuidando de su mamá que también es enferma de salud mental, en una ciudad que enfrenta graves problemas económicos”.  

Joker es víctima de bullying “porque es raro, delgado y diferente”, cosa que lo lleva a enfrentar violencia por parte de otras personas mientras viajaba en el tren. 

Para Pérez, un momento climático de la película es cuando Joker va a donde su trabajadora social y le expresa “yo no sabía que existía, ahora la gente comienza a notarme”. 

Dicha expresión se produjo luego de que con un arma que le regaló un compañero de trabajo matara a tres personas. Esta conducta remonta la mirada a los niños y niñas que han enfrentado traumas significativos y que buscan en malas conductas, desafiando, con problemas de disciplina, y retando a la autoridad ganar la atención de los que le rodean. 

“Cuando viven en un entorno en el que no se le presta atención, pienso como menor en cómo yo puedo hacerme visible. Necesito amor, carezco de eso y surgen las conductas disruptivas. Ahora el niño recibe la atención que quiere”, explicó.  

Joker resultó ser ese niño, pues en la película se topa con un expediente que le revela que fue víctima de abuso por parte de sus padres. Esto se tradujo en frustraciones múltiples que apacigua con los medicamentos a falta de recursos de apoyo como familiares y amigos. 

“En el Joker vemos las repercusiones de no hacer una intervención temprana”, advirtió la psicóloga. 

Atención ausente a la salud mental

“Joker presenta la dura realidad sobre lo difícil que le resulta a la sociedad (particularmente al gobierno) identificar el problema de las enfermedades mentales en la población. Incluso, presenta la equivocada visión del gobierno, de en medio de problemas económicos ‘recortar’ servicios de salud, especialmente salud mental. Abandonar el deber de velar por la salud mental de los ciudadanos no puede ser una opción. No es un gasto, es una inversión extremadamente necesaria”, planteó Pérez. 

Agregó que hoy día los psicólogos llegan a los casos cuando ya hay crisis, cuando el asunto ha generado alguna situación. No hay énfasis a la prevención.  

¿Se copiarían sus conductas?

Tras llegar a las salas de cine, Joker ha planteado a las autoridades del orden público un reto en términos de seguridad pues han surgido preocupaciones de que se desaten matanzas masivas. Sobre este particular Pérez indica que la película es un arma de doble filo porque tiene el propósito de concienciar y puede no causar efectos peligrosos en personas con buena salud mental, pero en personas que se sientan invisibles podrían optar por tomar acción para llamar la atención. 

“Los niños no pueden ver esta película. Es muy abstracta y no la van a disfrutar. Los padres tienen que ser responsables si llevan adolescentes, que viven una etapa de la vida en la que definen su identidad. Estando en la sala hubo gente que se exacerbó y lloró en ciertos momentos. Hay personas que una película así puede sacarle asuntos que están debajo de la alfombra, personas más vulnerables o propensas”, explicó. 

Precisamente, si un adulto es padre, madre o encargado de un adolescente que sufre de alguna inestabilidad, no se recomienda que la vea. Incluso, si los padres deciden llevar a sus hijos, se debe promover el diálogo posterior a ver la película en la sala de cine, según explicó el psicólogo Alfonso Martínez Taboas, catedrático en la Universidad Carlos Albizu. 

Este precisó que hay tal cosa como el “contagio emocional”, que se produce cuando una persona resulta impactada significativamente por algo. 

“Hay personas que se le puedan quedar esas imágenes, si estuviesen muy inestables, se le quedan en su mente, pero podría en teoría pasar algo en alguna persona muy, muy desajustada que se inspire a hacer algo violento”, dijo. 

A lo largo de la historia del cine ha habido múltiples películas que han desatado incidentes violentos, pero es algo que dependerá del sujeto que llegue a la sala de cine, según el crítico de CineXpress, Francisco Cangiano. 

“Joker es una película, es una obra maestra moderna escalofriante que no es para todo el mundo, es fuerte y violenta. Importante hay que destacar que en ningún ningún momento se idolatra  al personaje, ni se le proyecta como un héroe a quien es cool seguir. El público no sale de la sala con la idea de emularlo o seguirlo”, planteó por lo que no se inclina a pensar que desate una matanza en masa. 

No obstante, Cangiano advirtió que dependerá de los sujetos que sean parte del público. 

Por mencionar un ejemplo, luego de que saliera la película Taxi Driver, en 1976, un hombre se obsesionó con Jodie Foster e intentó matar al presidente Reagan para llamar la atención. Otras películas violentas que han levantado el mismo cuestionamiento son Scream, National Born Killers, y The Saw, entre otras. 

“A las personas se les olvida, pero sí hay películas que han inspirado actos de violencia y no es culpa de los creadores o de la película en sí, sino de quién llegue como parte del público. Joker una película tensa, incómoda y es tan real con la pobreza, la depresión, la soledad, la injusticia que no hace ver al personaje principal como algo cool. Es una película diferente”, concluyó.