El juego es un elemento fundamental para el desarrollo emocional, social y psicológico de niños y niñas. Sin embargo, muchas veces se prioriza en época festiva o exclusivamente durante las pausas de verano, cuando la realidad es que siempre debería formar parte de la rutina.
De acuerdo con el licenciado Luis Ibrahyn Casiano, trabajador social clínico, el juego es una de las principales vías por las cuales un menor puede expresar sus emociones, construir su identidad y aprender a relacionarse. A través de este se fomentan habilidades sociales, autocontrol, autonomía y proceso de toma de decisiones.
Más allá de percibirse como actividades para el entretenimiento, es una herramienta de regulación emocional. Si bien desde edades tempranas se experimenta frustración, estrés y emociones que no necesariamente son verbalizadas, el juego permite canalizarlas, procesarlas y aprender a gestionarlas.
“Cuando muchos padres quieren disciplinar a sus hijos utilizan la reducción del tiempo de juego. Pero la disciplina no debe girar en torno a eliminar aspectos tan importantes como esto y mucho menos sobre el tiempo de compartir con otras personas”, abordó el trabajador social,, y aclaró que no hace referencia a limitar el uso de dispositivos como celular o consolas de video juego dentro de los escenarios disciplinarios, más bien se trata de la actividad y la socialización que trae consigo.
De hecho, que los padres, madres y cuidadores se involucren en esta dinámica de juego, resulta significativo para el bienestar emocional y reforzar los vínculos familiares. Los espacios de diálogo, por ejemplo, deberían ser aquellos en los cuales un menor se sienta feliz y seguro.
“Las conversaciones más significativas con los niños deben darse en espacios en donde ellos se sientan felices y relajados, y el juego es el escenario ideal para ese diálogo”, describió Casiano.
Pese a que el desarrollo y el aprendizaje son de naturaleza compleja y holística, jugar puede incentivar todo esto, incluyendo las competencias motoras, cognitivas, sociales y emocionales, reitera la literatura.
“Mientras los niños juegan, pueden aprender nuevas competencias sociales (como compartir los juguetes o ponerse de acuerdo acerca de cómo trabajar juntos con los materiales), y a menudo afrontan tareas cognitivas estimulantes (como resolver el modo de realizar una construcción con piezas más pequeñas cuando no disponen de las más grandes). Los niños aprenden de una manera práctica”, describe.
El juego, también, puede incrementar la resiliencia y competencias de afrontamiento, esto, mientras, aprenden a gestionar sus relaciones y a afrontar los retos sociales.
El juego para aprender
“El juego es la mejor forma en que un niño puede aprender”, reitera la psicóloga escolar Nery-Jo Fernández. Sostuvo, además, que al jugar, el cerebro de los niños segrega cuatro sustancias importantes: dopamina, acetilcolina, serotonina y endorfina.
Cuatro neurotransmisores significativos a la hora de entender el juego. La dopamina es la sustancia que brinda felicidad, la acetilcolina brinda concentración, serotonina reduce el estrés y la endorfina reduce las tensiones.
El estudio Effects of Dopamine-Enhancing Activities on JHS Students with ASD: A Scoping Review se evaluó cómo la dopamina influenciaba en el aprendizaje de un idioma entre niños pacientes del trastorno de espectro autista. Los hallazgos puntualizan que los juegos, la música y el movimiento favorecen la motivación y el aprendizaje, siendo la dopamina clave en la concentración, compromiso y la retención de la memoria.
No obstante, a veces los adultos se olvidan de que el juego y el compartir familiar deben estar presente en todo momento y no solo en la época festiva, recordó el trabajador social. La carencia de esto puede manifestarse en la actitud de los niños y niñas; con dificultades para vincularse, cambios de conducta y problemas en la regulación emocional.
Aunque no todos los niños tienen la misma facilidad para socializar, el juego sigue siendo el principal medio para fomentar esa capacidad.
“Crear espacios constantes de juego y diálogo durante todo el año ayuda a que los niños se adapten mejor a entornos como la escuela, y reduce conductas relacionadas con la frustración”, puntualizó Casiano.
“El juego no debe verse como ocio sin valor, sino como parte fundamental del proceso educativo”, continuó.
Finalizó enfatizando que “las dinámicas del juego no deben limitarse a una época del año, sino mantenerse de forma constante para apoyar el desarrollo integral del niño”.



![Tratamiento con buprenorfina: intervención médica esencial para una recuperación sostenible [COLUMNA] buprenorfina](https://www.esmental.com/wp-content/uploads/2026/09/buprenorfina-218x150.png)


