(Foto: suministrada)

Sus ‘pacientitos’ lo son todo para ella y es que desde muy joven Karla Michelle Del Valle sabía que quería dedicar sus días a la atención y cuidado de niños con cáncer. Hoy, con 33 años y 12 años de experiencia como enfermera pediátrica de oncología, asegura que, si volviera a nacer, elegiría una vez más su vocación. 

Con catorce años Del Valle ya realizaba trabajo voluntario con niños del área de oncología de un hospital en San Juan y fue su mamá, una sobreviviente de cáncer de seno, quien con amor la llevaba desde Caguas hasta la institución médica, con la intención de que su hija pudiera compartir con los pequeños. 

“Yo recuerdo que le pedí a mi mamá ser voluntaria y ella me llevaba de Caguas hasta el hospital para estar con los niños y hacer actividades como pintar, hablar, jugar”, describió Del Valle a Es Mental

Una vez se graduó de la escuela superior, decidió cumplir una de sus metas: estudiar enfermería. En el 2010 su disciplina como estudiante rindió frutos y obtuvo su primer trabajo como miembro del campo de la salud en Puerto Rico. 

Todo el mundo me decía eres buena enfermera, pero con los niños tú eres otra cosa. Y yo sabía que yo quería ser enfermera pediátrica, yo quería trabajar con niños y, mucho más, si fuera el caso de niños de oncología”, contó.

La profesional, quien se considera fan de la playa, visitar el Jardín Botánico de Caguas y pasar sus días de descanso junto a su mascota, un perrito de nombre Oreo, aseguró que la inocencia y las sonrisas de sus pacientes le dan un giro a su cotidianidad como enfermera en la Isla, particularmente por la cargada jornada laboral de estos miembros de la salud.

Pues así como hay risas, también hay lágrimas y frustración, que aunque para ella son emociones esporádicas, demuestran la versión más humana de los profesionales de la salud que viven en Puerto Rico, cuya salud mental muchas veces es olvidada por el sistema y la ciudadanía en general. 

No es un secreto que a raíz de la llegada del COVID-19 hubo un incremento en las alteraciones en el estado emocional y anímico, tanto de la población global en general como de los profesionales de la salud, con repercusiones como ansiedad generalizada, estrés, miedo, problemas relacionados al sueño, entre otros, según el estudio Estado emocional y psicológico del personal de enfermería agredido durante la pandemia de COVID-19 en Latinoamérica. 

De acuerdo con la psicóloga clínica, la doctora Melanie Rodríguez, los profesionales de la salud también podrían experimentar fatiga por compasión, que se caracteriza por una respuesta de estrés que pueden experimentar tras asumir responsabilidad por el sufrimiento de los pacientes.

“Surge por la parte humana del profesional, en donde puede sentir responsabilidad y compromiso con el proceso de sus pacientes”, explicó la doctora.

Mencionó también el síndrome del burnout o desgaste profesional, en el cual los profesionales están tan cargados emocionalmente, por causa de diversos estresores de su área laboral, que se afecta su bienestar físico y mental.  

“La razón más importante por la que los profesionales de la salud deben trabajar con su salud mental es porque se tienen muchas vidas en las manos, y si ellos atienden todas esas vidas, ¿quién los atiende a ellos?”, sostuvo.

Señaló que el estrés, la ansiedad y la tristeza perjudican, incluso, las capacidades cognitivas que son necesarias al trabajar con pacientes y sus vidas.

“Mi recomendación a los profesionales de la salud es que busquen el balance en su vida, siempre se mantengan haciendo actividad física y trabajen con su mente y pensamientos. Tener una ‘higiene mental’ saludable en la que se esté consciente sobre cómo se siente con una situación’’, puntualizó. 

Para Del Valle son sus “pacientitos” quienes hacen de su vocación una muy gratificante y que cualquier día pueda pasar de negativo a positivo con la presencia de sus niños de oncología pediátrica.