La ketamina es un medicamento que inició como un anestésico, usado en la veterinaria y luego en la medicina, y que en la actualidad también se usa, de forma experimental, para tratar la depresión persistente. Sin embargo, su uso tiene una serie de riesgos.

Elon Musk se ha convertido en una de las figuras más influyentes en la promoción del uso de ketamina para tratar la depresión, como es su caso. No obstante, como señala The Atlantic, “Musk no ha reconocido públicamente los riesgos de la ketamina”, a pesar de su creciente uso tanto en contextos terapéuticos como recreativos, y de los posibles efectos cognitivos adversos asociados a su uso prolongado.

Esto plantea preguntas urgentes: ¿Puede realmente la ketamina considerarse un tratamiento alternativo viable para condiciones de salud mental como la depresión? ¿Cómo se compara con otros medicamentos ya establecidos?

El psicólogo forense Luis Javier Rodríguez Ramos subrayó que la ketamina debería ser considerada como un último recurso en cualquier tratamiento médico debido a sus potenciales efectos adversos. Según el experto, el uso de la ketamina conlleva riesgos significativos, como la dependencia, la alta sedación y una serie de secuelas a largo plazo que pueden afectar gravemente el bienestar del paciente. 

Rodríguez Ramos explicó que, aunque la ketamina ha mostrado efectos positivos en el tratamiento de la depresión y otras condiciones de salud mental, su uso prolongado puede generar una serie de problemas cognitivos y psicológicos. Entre estos efectos negativos, destacó la dificultad para distinguir la realidad, la alteración de la memoria y la distorsión del pensamiento, lo cual podría resultar en una desconexión del paciente con su entorno y consigo mismo. 

También, subrayó que no se trata de un tratamiento curativo. 

“No equilibra los niveles de dopamina o serotonina como otros antidepresivos. De hecho, puede inhibir la recaptación de estos neurotransmisores. Es más bien un tratamiento paliativo que puede ofrecer alivio temporal, pero no resuelve la causa de la depresión”, destacó.

Por su parte, la neuróloga Melissa Méndez mencionó que la esketaminaes la única formulación aprobada por la FDA para tratar la depresión. Esta versión es el isómero de la ketamina y viene en formato de aerosol nasal. Tiene una dosis más baja y menos efectos secundarios en comparación con la ketamina usada en anestesia. La doctora señaló que esto es crucial para pacientes en riesgo de suicidio, pues, a diferencia de los antidepresivos tradicionales, que tardan meses en hacer efecto, la ketamina proporciona alivio rápido, lo cual es esencial para algunos pacientes.

La ketamina para tratar la depresión: “Ese medicamento es de excepción”

“La ketamina usualmente es un anestésico, tiene aprobación de la FDA para algunas cosas y todavía está en fase experimental para tratar la depresión”, aclaró el psiquiatra forense y perito del FBI, Dr. Raúl López.

“Ese medicamento es de excepción. Tú se lo das a los pacientes cuando no ha funcionado ningún otro antidepresivo”, señaló. 

Especificó que en Estados Unidos, la esketamina fue aprobada en 2019 para tratar la depresión resistente, pero su uso sigue siendo limitado por la intensidad de sus efectos.

“Los efectos son tan intensos que tienes que estar media hora en la oficina del médico esperando a ver qué pasa contigo”, dijo López.

No obstante, Méndez alertó sobre los riesgos del uso recreacional de la ketamina, que puede causar efectos como disociación, paranoia y alteraciones cognitivas, especialmente cuando se usa en dosis altas y con frecuencia.

“Cuando se usa a dosis recreacionales, se pueden ver disociaciones en la sensación, como que la persona se sienta separada de su cuerpo”, explicó.

Además, el catedrático auxiliar de la Universidad Albizu, Rodríguez Ramos, mencionó que la alta sedación provocada por la ketamina puede afectar la capacidad de una persona para realizar actividades cotidianas, deteriorando su calidad de vida. Por todo esto, Rodríguez Ramos puntualizó que su uso debe ser estrictamente supervisado y restringido a situaciones en las que otros tratamientos han fallado.

En este marco, la doctora Melissa Méndez destacó que para recetar este medicamento, los médicos deben completar un entrenamiento especializado y registrarse con la compañía farmacéutica que lo distribuye. Este proceso asegura que los profesionales estén capacitados para manejar los efectos secundarios potenciales y las interacciones con otros fármacos. 

“La ketamina es un anestésico disociativo que actúa principalmente en los receptores de glutamato, el neurotransmisor excitatorio por excelencia. Esto afecta directamente la comunicación entre el tálamo y la corteza cerebral, teniendo implicaciones en la memoria, la percepción y la conciencia”, sostuvo el también psicólogo en el ámbito correccional Rodríguez Ramos.

Según Rodríguez Ramos, su efectividad para anestesiar y aliviar el dolor radica en que aumenta las ondas cerebrales relacionadas con el sueño profundo (delta y theta), mientras inhibe las ondas alfa y beta, que controlan la atención y el estado de alerta. Esto provoca un efecto hipnótico y amnésico, y en dosis altas, puede causar pérdida de memoria, despersonalización y disminución de las funciones cognitivas. En salud mental, reconoce su utilidad, aunque con reservas.

También López, advirtió sobre los efectos secundarios y el potencial de abuso. 

“Como todos los sedantes del sistema nervioso central, puede causar problemas en el tracto urinario, náuseas, vómito, incluso convulsiones. Puede darte un viaje eufórico… o un mal viaje con disforia, pesadillas horribles y temblores”, dijo.

En Puerto Rico, según López, el uso médico de la esketamina es muy limitado y el consumo recreacional ha crecido. 

“La están vendiendo como la cura mágica para la depresión y realmente no lo es”, lamentó.

Citó los casos mediáticos de Elon Musk y Matthew Perry como ejemplos de su uso popularizado.

“Musk es un hombre afectivamente inestable… y Perry terminó como terminó”, expresó. Perry murió por una sobredosis de ketamina.

“Antes de tirar una bomba nuclear para acabar con la guerra, hay que intentar otras cosas. Primero, los antidepresivos tradicionales. Luego, terapia electroconvulsiva, estimulación magnética transcraneal. Y siempre, psicoterapia”, comentó López al insistir en que no hay tratamiento efectivo sin psicoterapia.

“Hay que tener claro que no tiene antídoto. Si el paciente sufre una sobredosis o una reacción adversa, no hay una forma directa de contrarrestarla,” concluyó Rodríguez Ramos.

Por todo esto, insistió en que su uso debe ser limitado, bien monitoreado y considerado solo cuando otras opciones han fracasado.