Las experiencias acumulativas de racismo, en conjunto con  el racismo institucionalizado y las microagresiones, se convierten en una amenaza constante para las personas negras.

El racismo es un problema grave y frecuente que impregna todos los sectores de nuestra sociedad. En Puerto Rico el tema del racismo sigue siendo un tabú. Incluso muchos piensan que  en la isla  no hay racismo, ni discrimen racial, pero  la realidad es que está muy presente. 

¿Cuántas veces no hemos escuchado la importancia  de “mejorar la raza”? ¿Quién no ha conocido a alguien que haya sufrido porque su familia no acepta a su pareja porque que es persona de color o inmigrante? ¿Cuántos familiares se han quejado del “pelo malo” de sus hijos? ¿Cuántas mujeres han crecido con la presión de que para verse bonita  o “presentable” tienen que alisarse el pelo? ¿Cuántas personas conoce usted que han sido discriminadas en su búsqueda de empleo por su apariencia física como por ejemplo la manera de vestir y el  color de piel?

Tanto en esferas informales como la familia y formales como la educación, vivimos experiencias que reproducen, validan y no cuestionan el racismo. El racismo nos rodea en los mensajes de los programas de televisión, la radio, la internet, en otros entretenimientos y en los libros; en la forma en que se informan las noticias; en estereotipos; en la segregación racial de la vida social de la mayoría de las familias; en la falta de información correcta y en la forma en que las personas se tratan, las cosas que dicen, entre otras. El racismo puede suceder dentro de las familias y en las relaciones de amistad, pero también en el trabajo, en la escuela, y en el hogar.

A veces, el abuso racista es obvio y directo. Por ejemplo, insultos sobre la apariencia, estereotipos sobre cómo podría comportarse alguien, violencia física, negación de salarios justos debido a la raza  y acoso verbal. A veces el racismo es parte de las estructuras y sistemas en los que vivimos, otras veces  el racismo es «sutil» y difícil de notar para otras personas. 

Una forma común son las microagresiones raciales. Estas se refieren a  los desaires sutiles, las humillaciones, los  insultos verbales o no verbales, ya sean intencionales o no, que comunican mensajes hostiles, despectivos o negativos a las personas de color debido a la raza. Algunos ejemplos de microagresiones incluyen suposiciones de inferioridad o criminalidad debido a la raza, el no tener personas que se parecen a nosotros representadas en contextos laborales, educativos o gubernamentales, que se les diga que «hablan demasiado de raza/racismo». En muchos casos, estos mensajes ocultos pueden invalidar la identidad grupal o las experiencias de las personas, comunicar que son seres humanos de segunda categoría, sugerir que no pertenecen al grupo mayoritario, amenazar e intimidar.

El  impacto del racismo en la salud mental 

No hay duda que experiencias de racismo impactan negativamente el acceso equitativo a los recursos (la educación, la vivienda, los servicios médicos, etc.). Sin embargo, no se habla mucho del impacto negativo que el racismo tiene en nuestra salud mental.

El rechazo, el hostigamiento, la discriminación y los ataques a la  integridad que viven día a día las personas quienes experimentan racismo pueden ser traumáticas. Cuando uno vive el trauma todos los días, no hay una pausa para reflexionar o darse cuenta de que la experiencia diaria del trauma no es normal. Las experiencias frecuentes de discriminación racial también pueden crear la sensación de sentirse no valorado e invisible. Muchos pueden sentirse en estado de hipervigilancia constante, ansiedad, preocupación, shock, vergüenza, y culpables por no poder responder o defenderse, lo cual a su vez puede llevarlos a desarrollar  baja autoestima y conductas autodestructivas. 

Las experiencias de racismo también podrían asociarse con el racismo internalizado y las autoevaluaciones negativas. Ambos  pueden contribuir al desarrollo y mantenimiento del estrés y la ansiedad. Esto puede manifestarse de diferentes maneras, pero un ejemplo es la creencia de que tener una piel más clara o un cabello más suave es más hermoso y tiene más valor que la tez más oscura y las texturas más gruesas. En Puerto Rico, la discriminación en forma del colorismo está presente en todos los aspectos de la vida: mientras más claro el color de piel, más privilegios y oportunidades tienen las personas.  En la internalización de estas creencias negativas las personas pueden desarrollar sentimientos de impotencia, inutilidad, tristeza, miedo y vergüenza.

¿Qué puedo hacer si mis experiencias de racismo están afectando mi salud mental?

  1. Acepte e identifique sus sentimientos: Los sentimientos como la ansiedad, el coraje, la tristeza y  la frustración son reacciones válidas que surgen a raíz de estas experiencias dolorosas  de racismo. Es importante reconocer que tenemos estos sentimientos y buscar oportunidades seguras para sentirlos. Algunos encuentran estas oportunidades con amigos, con la familia y con películas, libros y música. Atender nuestras emociones, en lugar de evitarlas o intentar alejarlas  es muy saludable.
  2. Busque un grupo de apoyo: El racismo es una experiencia que se vive en soledad y  se mantiene en silencio porque  es difícil reconocerse como víctima o compartir con otras personas que usted ha sido discriminado. Cree un espacio seguro y comparta sus experiencias con relación a la raza y el racismo. Establezca intencionalmente oportunidades para ser escuchado y escuchar a otros. Aunque puede ser difícil hablar de sus experiencias de racismo, este puede ser el primer paso para recibir apoyo. Comparta sus experiencias con alguien de confianza. Tómese su tiempo y solo comparta lo que quiera. Una comunidad con experiencias o intereses similares es vital. Puede resultar útil hablar con alguien de una raza o etnia similar a la suya. Puede ser muy difícil explicarle cómo se siente a una persona que no haya experimentado racismo de forma directa o indirectamente. 
  3. Conozca sus derechos: Conocer sus derechos y cómo reportar abusos  lo puede hacer sentir empoderado y  nos sirve para recordarnos que la discriminacion es ilegal. 
  4. Únase a algún movimiento para crear cambio: Ser parte de un movimiento anti-racista nos puede hacer sentir empoderados, valorados y darnos esperanza de que el cambio es posible. 
  5. Recuerde que no es su responsabilidad arreglar el racismo: El racismo no es un problema  que podemos resolver solos. Todas las personas y los sistemas a nuestro alrededor tienen la responsabilidad de hacer cambios sobre sus conductas y promover los derechos de las personas de color e inmigrantes. 
  6. El autocuidado:  El estrés relacionado con la raza puede reducir el espacio emocional que necesita para cuidarse adecuadamente. Asegúrese de descansar, usar estrategias de afrontamiento tales como escribir, ejercicios de respiración, practicar algún deporte,  buscar ayuda profesional, hacer actividades que disfrute o ver un programa o película junto a la familia. 
  7. Elija a qué contenido se expone: Lo que vemos en la televisión, la internet o escuchamos en la radio puede tener un impacto negativo en nuestra salud mental. Recuerde que usted tiene control  y puede reportar, dejar de seguir personas, redes sociales, o programas que sean ofensivos y discriminatorios. 
  8. Proteja su identidad y a su familia: El racismo no solo le afecta como padre o madre, sino que también puede afectar la forma en que interactúa con sus hijos. Las experiencias de racismo pueden reducir sus recursos emocionales, físicos y espirituales como padre/madre, contribuyendo al estrés relacionado con la raza. Como padres, es importante desarrollar identidades positivas y compartir sus identidades culturales con sus hijos. La identidad cultural positiva es un factor protector contra el racismo, lo cual puede ayudar a reducir y prevenir el estrés racial. 
  9. Aprenda frases para protegerse: Muchas veces no tenemos palabras para responder ante el discrimen o el racismo. Esto puede hacer que nos sintamos culpables, impotentes  o con coraje por no responder. Aprenda una lista de frases que pueda utilizar  en estas situaciones. Por ejemplo: Eso que acabas de decir me ha herido, Aquí no decimos frases como esas, No me siento cómodo con eso, Lo que acabas de decir es ofensivo, Eso no es gracioso, Necesito procesar lo que acabas de decir o Ayúdame a entender lo que estás pensando.

 

El racismo es real. Cuando alguien es discriminado por su raza sea de forma explícita o solapada, esto tiene un impacto social, económico, político y cultural, pero también tiene un impacto en la salud mental de quien lo experimenta.

Ser tratado de manera diferente o injusta debido a nuestra raza, color de piel o etnia puede afectar negativamente nuestra salud mental y específicamente causar estrés crónico y ansiedad. Nunca olvide que las personas de color  e inmigrantes  son tan dignos de amor como todos los demás y no deberían ser menospreciados o tratados mal. La realidad es que es el mundo el que está mal, no usted. Abrace su identidad y ame todos los aspectos que lo hacen ser usted mismo.

*La autora es psicóloga clínica especializada en niños y familia.