“Antes de casarse, convivan, así saben si va a funcionar o no”, suelen ser las típicas frases o consejos por parte de familiares, amistades o conocidos al comentar sobre una relación amorosa y la proyección al futuro. Sin embargo, ¿la convivencia implica necesariamente mayor posibilidad de éxito y durabilidad en la relación? 

“No hay diferencia entre las parejas que conviven y aquellas que se casan. Sin embargo, a nivel psicológico, ocurre un cambio, pues hay un compromiso mayor y se le añade formalidad a la relación”, explicó Zayana Figueroa Montero, psicóloga en consejería psicológica y facultativa de consejería psicológica en la Universidad Albizu.

Mientras, según la literatura, las parejas que conviven antes del matrimonio no tienen mayor posibilidad de ser mejores, más sanas ni para siempre. De hecho, hay estudios que muestran que estas parejas presentan un porcentaje de divorcio más bajo durante el primer año de casados, pero uno más alto a partir de ese periodo. Solo se ha encontrado una asociación entre convivir y durabilidad de relación en aquellas parejas que están juntas desde temprana edad. Entre los expertos que han estudiado el tema no existe una explicación clara respecto a por qué las parejas que conviven antes del matrimonio no tienen mayor éxito en su relación.

Las razones por las que estas parejas se separan son las mismas que las que aquellas que no convivían. El matrimonio es un acto que pasa a ser más a nivel religioso o incluso, social, explicó Figueroa Montero. 

Por su parte, el psicólogo Emmanuel Peña Serrano opinó que más allá de las diferencias entre la convivencia y el casamiento, que tiene más que ver con el aspecto legal y el compartir de los bienes, hay que considerar la etapa en la que se encontraba esa pareja. 

Las parejas se juntan en la fase de enamoramiento que puede durar poco o varios años, dijo Peña Serrano. Aquí es que surge la idealización de la otra persona, hay un establecimiento fijo de las razones por las que se están haciendo pareja, está la estimulación física del enamoramiento. En este momento, comienzan a tener las conversaciones de las pautas o los acuerdos que quieren tener como pareja. 

Como hipótesis, Peña Serrano ideó que muchas parejas, a pesar de haber convivido, una vez se casan, se divorcian porque no habían pasado de la etapa del enamoramiento. “No han pasado la etapa de conflictos. Por ende, no han trabajado en sus capacidades, tanto individuales como de pareja, de resolución de problemas”, subrayó al explicar que esto vulnera más a la relación y facilita su deterioro. 

En la convivencia las personas conocen mejor los hábitos que tiene cada cual. No obstante, antes de casarse muchas veces no se pasa por ese periodo de introspección para darse cuenta de si pasaron o no esa etapa de conflictos, que sigue a la del enamoramiento. 

Consecuentemente, empiezan a tener dificultades en la comunicación, perder la idealización y surgen distintos obstáculos. “El conflicto es importante en toda pareja”, indicó. El aspecto más importante es cómo manejan los conflictos. Tanto a nivel de la comunicación como a nivel emocional o financiero, y a la hora de llegar a acuerdos y cumplir con ellos, el saber lidiar con un desacuerdo es fundamental, puntualizó Peña Serrano. 

En contraste, Figueroa Montero consideró que muchas de las parejas que conviven y deciden casarse como parte de su proyecto de vida, pero otras lo hacen porque están pasando por una crisis y piensan que el matrimonio es la solución. Este suele ser un esfuerzo para garantizar el compromiso mútuo. Estas circunstancias, frecuentemente, resultan en la separación de la pareja. “Hay parejas que no se casan y viven el compromiso con más seriedad en comparación de aquellas que deciden casarse”, recordó al indicar que casarse no puede ser una estrategia para salvar la relación. 

El casarse presenta un cambio de actitud, quizás el vínculo legal requiere otros procesos que van a tener costos emocionales y económicos. Estas son también circunstancias que pueden provocar el retraso de la separación por el aspecto legal. 

Lo que funcionaba de la convivencia

Es importante que las decisiones tomadas como parejas se mantengan post matrimonio, dijo Figueroa Montero. Si la pareja, antes del matrimonio, funcionaba con los acuerdos iniciales dentro de esa convivencia, la clave es mantener esos pactos y que los valores en los que coincidían y con los que se habían comprometido inicialmente como pareja. “Si en la convivencia decidieron no tener hijos y luego de casarse uno de estos lo desea, puede traer disrupción dentro de la relación”, ejemplificó.

En otras instancias, Figueroa Montero, planteó que muchas parejas, al casarse, dejan de trabajar en la relación. Dejan de dedicarle tiempo, abandonan o dejan de hacer proyectos en común y toman por sentado ese vínculo que habían desarrollado como pareja. Por este motivo, es esencial continuar trabajando en la relación día a día, independientemente de que se hayan prometido una vida entera.