La depresión no solo es tristeza. Muchas veces uno de sus efectos más silenciosos puede ser la pérdida de motivación para hacer cosas que antes despertaban interés, placer o sentido. Desde levantarse de la cama, comenzar una tarea, hacer ejercicio o participar de actividades cotidianas. Cualquiera de esas tareas habituales y rutinarias puede resultar difícil de ejecutar. Esa disminución de deseo de realizar actividades tan sencillas puede también reducir las experiencias gratificantes y ordinarias. Y puede ocurrir a cualquier edad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce a la depresión como un trastorno mental común. Sentirse triste o desanimado ocasionalmente es parte de las fluctuaciones normales del estado de ánimo, advierte la OMS. No obstante, destaca que la depresión implica síntomas persistentes, casi a diario, durante al menos dos semanas.
Pero, ¿qué papel desempeña la motivación en la intensidad de los síntomas depresivos?
“Ciertamente la depresión se asocia con falta de motivación y apatía, pero es más que eso”, destacó el doctor Carlos Rivera Lluveras, psicólogo clínico.
Un estudio publicado en la Biblioteca de los Institutos Nacionales de la Salud exploró esta relación mediante un seguimiento a 101 participantes durante 30 días. La muestra incluyó personas con trastornos del estado de ánimo o ansiedad y participantes sin estos diagnósticos. Mediante una aplicación móvil, los investigadores recopilaron diariamente información sobre síntomas depresivos y de ansiedad, motivación y otras conductas, además de incorporar medidas de actividad física y uso de dispositivos digitales.
Los resultados mostraron que los participantes que reportaban niveles más bajos de motivación –ya sea por interés o satisfacción personal como por recompensas externas- suelen presentar síntomas depresivos más intensos. El análisis también encontró una relación entre una mayor actividad física y menores niveles de depresión y malestar. Los autores señalan que el seguimiento de estos cambios en tiempo real podría aportar una visión más detallada de cómo interactúan la motivación y los síntomas depresivos en la vida cotidiana.
En cada ciclo de la vida
Para explicarlo mejor, Rivera Lluveras detalló la depresión acorde a las distintas etapas de la vida. La más crucial, según el psicólogo clínico, es la que ocurre en la infancia y niñez. Irritabilidad o perretas, cambios de humor repentinos, llanto fácil y quejas de dolor con síntomas somáticos, sin una causa médica clara, son algunas de sus manifestaciones, comentó. Problemas familiares, dificultades en la escuela y primeros procesos de adaptación y falta de un ambiente de cuidado seguro donde validen sus experiencias y emociones en sus procesos de curiosidad, en lugar de regañarlo constantemente, son algunos de los posibles factores, señaló.
En la adolescencia, agregó, las manifestaciones usuales incluyen aislamiento social, rebeldía, bajo rendimiento escolar, dejadez de actividades y conductas usuales, sentimientos de incomprensión (nadie me entiende) y desesperanza. Entre las causas más comunes, mencionó la presión por tratar de pertenecer a un grupo, cambios hormonales (especialmente en mujeres) y búsqueda de identidad personal (quién soy).
Ya en la adultez, comentó, se encuentra mucho la pérdida de intereses en actividades habituales o anhedonia, incluyendo a nivel sexual. Esta falta de motivación o pérdida de interés es un síntoma bastante común de la depresión, pero no el único, advirtió.
“Sin más de cinco síntomas no es un trastorno depresivo, sino una depresión no específica, porque no cumple con el diagnóstico”, indicó.
Cansancio crónico, ansiedad y problemas consecutivos, especialmente laborales, son algunos síntomas, dijo. Y entre los factores: estrés laboral, crisis de pareja, dificultades económicas, pérdida de un familiar o ser querido y ruptura significativa y factores hormonales (como la menopausia, andropausia o problemas con la tiroides), entre otras.
En el adulto mayor, mencionó, los síntomas varían desde somatizar una enfermedad, apatía, descuido en el aseo personal y abandono de tratamientos médicos, entre otros. ¿Factores? Soledad, la pérdida de seres queridos, tristeza tras la jubilación y la pérdida de independencia o autonomía física por situaciones de salud, entre otros.
De acuerdo con Rivera Lluveras, entre los cinco síntomas que obligatoriamente debe incluirse a la hora de hacer un diagnóstico de depresión destaca el estado de ánimo deprimido o la apatía o anhedonia por un período consecutivo de dos semanas o más.
“La depresión es una de las condiciones de salud mental más comunes en la población puertorriqueña. Si comienzan a notar cambios en el estado de ánimo o falta de placer de experiencias o actividades habituales, la clave es buscar una evaluación inicial, de un psiquiatra o psicólogo, para ver si son síntomas o un cuadro depresivo y buscar ayuda”, dijo.
De acuerdo con el psicólogo clínico, la depresión es “un asesino silencioso del cerebro”, pues se refleja cuando se dejan atrás actividades placenteras por falta de motivación e interés, lo que reduce actividades del cuerpo y del cerebro necesarias para el diario vivir de la persona.
“Esos cambios lo van asesinando poco a poco, sin que se dé cuenta”, sostuvo.
La actividad conductual, indicó, es una técnica que se emplea durante la terapia psicológica para despertar neurotransmisores del cerebro. El fin es que el paciente empiece a hacer actividades o tareas físicas que le estimulen sus sensaciones de placer.
“Eso va a promover cambios saludables, que retome intereses, deseos, actividades y metas”, comentó al advertir la importancia de atender pensamientos negativos para reestructurarlos. También, dijo, se atienden a la par otras conductas, como fortalecer la autoestima y ayudarle a desarrollar destrezas de resolución de conflictos.
“La importancia de la depresión en las diferentes etapas es que, en términos generales, es un trastorno de salud mental con múltiples factores que la pueden desencadenar”, sostuvo.
Problemas sociales adaptativos y psicológicos que ocurren en las distintas etapas pueden desencadenar una depresión, indicó al destacar que las experiencias de vida de la persona se pueden convertir en factores de protección o de riesgo. Factores biológicos, psicológicos, emocionales, sociales, económicos y hasta políticos también inciden en este proceso, agregó. También, la calidad de vida de la persona pues de ello depende los recursos y el acceso que tenga a cuestiones básicas, como el agua potable y la energía, entre otras.
“No se da por un solo factor. Por eso hay que entender los procesos y contexto de cada cual, conocer sus etapas de desarrollo y cómo se manifiestan los síntomas en ese camino”, puntualizó.
Las múltiples formas en que se manifiesta la depresión
“La depresión no necesariamente es una persona tirada en la cama, sin levantarse ni hacer nada, sino que hay otras formas (de manifestarlo)”, indicó la doctora Rebecca López Bobonis, psicóloga.
Abandonar el interés en actividades habituales, acorde a cada etapa de vida de la persona, levanta una bandera roja. La falta de motivación y disfrute, agregó, son claves. Dentro de ese cuadro, la experta en salud mental advirtió la diferencia entre apatía y anhedonia. La apatía, resaltó, es falta de iniciativa o interés, así como indiferencia. Mientras, la anhedonia es la incapacidad de sentir placer o disfrute en cosas que antes gustaba hacer.
“Es importante ver la diferencia en los distintos ciclos de vida, incluyendo los traumas, por edades”, dijo.
Como ejemplo, mencionó que en la adolescencia pueden aparecer comportamientos de rebeldía, consumo de sustancias y conductas impulsivas o de alto riesgo, como conducir a altas velocidades.
“Los síntomas depresivos también dependen de la severidad y de cómo lo manejan por sus caracteres individuales”, sostuvo.
Los recursos externos de apoyo que tenga la persona también son importantes, desde los familiares hasta el acceso a un plan médico, entre otros. La observación es muy importante, identificar qué hacía o no la persona y ahora cambió de forma inesperada, resaltó la psicóloga.
“No se debe tener miedo de preguntarle a la persona cómo se siente. Y buscar ayuda”, subrayó.
Saber a dónde recurrir, así como realizar conductas de autocuidado, también son importantes, dijo. Además, señaló, es crucial no minimizar nada, ni decir que se trata de simple changuería o manipulación de la persona.
“Las escuelas son bien importantes. Los maestros observando bien a sus estudiantes. Es un trabajo en equipo”, dijo. Además, comentó, urge que se hagan los ajustes necesarios en el ambiente escolar, familiar y laboral de la persona para lograr los cambios deseados.
“Sobre todo, hay que psicoeducar a la comunidad de que buscar ayuda no es de locos, no es una debilidad”, concluyó López Bobonis.





