Cuando una persona recibe la noticia de que padece cáncer u otra enfermedad terminal, su vida y la de su familia cambian para siempre. Al menos así le ocurrió a Milagros Colón, quien a sus 47 años fue diagnosticada con cáncer de útero.

Era maestra de español en una escuela superior de Yabucoa. Tenía una hija y un hijo -ambos adolescentes- y un compañero de vida. Llevaba más de una década sin visitar, preventivamente, el ginecólogo. De pronto, un sangrado incontrolable hizo urgente su visita al médico, lo que resultó en el fatal diagnóstico.

“Ella en primera instancia lloró y se afligió. Pero, en su tiempo tiempo de enfermedad, que duró poco más de seis meses, se reía y trataba de ser siempre la misma”, cuenta Ángel Ramos Malavé, su esposo por 27 años. Sin embargo, él sabía que la aparente tranquilidad de ella desaparecía en los momentos privados cuando tenía episodios de profunda tristeza y llanto.

Según el psicólogo clínico, Ángel Rivera Gómez, es normal que cuando una persona que recibe la noticia de que padece de una enfermedad terminal -como lo es el cáncer- se sienta triste y desanimada. Sin embargo, cuando la persona se siente inundada por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima y pérdida de interés por todo, es probable que padezca un trastorno emocional llamado depresión, muy común en pacientes oncológicos.

En Puerto Rico, son muchas las personas que pasan por esta situación difícil. Según el Reporte Anual del Registro Central de Cáncer en Puerto Rico, entre 2010 y 2014, 77,056 personas fueron diagnosticadas con cáncer en la isla. En términos de género, el 52.9% de las personas diagnosticadas fueron hombres, mientras que el 47.1% se identificaron como mujeres. Estos por cientos coinciden con los por cientos de mortalidad en ambos géneros. Además, el reporte reveló que aproximadamente el 10.4% de los diagnósticos se dan a personas entre las edades de 35 y 49, el 30.0% a pacientes entre las edades de 50 y 64 años y el 40.8% a adultos mayores entre las edades de 65 y 79 años.

Aunque el cáncer puede llegar a la vida de cualquier persona sin importar la edad, los diagnósticos son muy frecuentes en personas en edades productivas. El doctor Rivera Gómez explica que muchas veces los pacientes se deprimen al ver cómo se reducen las posibilidades de cumplir sus sueños y metas. “La depresión se caracteriza porque la persona tiene un pensamiento y una visión negativa sobre sí misma, acerca del mundo y acerca del futuro. Y con la noticia de que padece una enfermedad terminal, el futuro ya se está viendo afectado”, aseguró el especialista en salud mental.

Por eso considera que es vital que un paciente con enfermedad terminal reciba ayuda psicológica. “Esa es la primera cosa que debemos hacer, darle el tratamiento adecuado, que no es solamente físico, sino que también es emocional. De lo contrario, estamos penalizándolo, estamos afectándolo y no le estamos brindando el apoyo necesario”, opinó el psicólogo clínico.

“Los pacientes llegan a mi oficina porque están deprimidos. Una de las cosas que he visto y por experiencia puedo decir que este tipo de paciente siente que tiene que prepararse para morir y no están preparados. La mayoría de los pacientes que van a mi oficina van para prepararse. Van a ajustar las cuentas con su mente y su pasado. Por lo general, mueren en medio del proceso de terapia [antes de superar completamente la depresión]”, puntualizó.

La familia también se deprime

Por otra parte, según la Sociedad Americana del Cáncer, antes de la pérdida de un ser querido los familiares pueden pasar por lo que se conoce como un duelo anticipado. Ramos Malavé, quien se dedica a la ebanistería, manifestó que durante el proceso de enfermedad de su compañera tenía muchos pensamientos negativos y preguntas como “qué voy a hacer ahora” o “si podré con toda esta carga solo”. Él y su familia intentaban prepararse para cualquier suceso trágico. Pero, “el duelo es un proceso bien difícil. Primero está la negación. Después te preguntas qué vas a hacer para ayudar a tus hijos y luego quieres hacer lo mejor para ayudarlos a salir adelante”, comentó el hombre de 50 años.

Como profesional y como persona que tuvo un hermano con diagnóstico de cáncer, el doctor Rivera Gómez destaca que muchos familiares también se deprimen y se crea un caos familiar. “La familia se afecta por igual en medio del proceso de una enfermedad terminal. Por tal razón, debe integrarse al proceso de terapias psicológicas para minimizar los efectos colaterales del proceso y fortalecerlo. Si esto ocurre, al final tendremos una familia fortalecida que vio y entendió lo que sucedió porque se preparó”, señaló el psicólogo.