“Si voy a tener un hijo, tiene que ser hasta los treinta años porque después de eso no voy parir”, le decía entre sonrisas Gretchen Perdomo Vidot a su pareja de ocho años sin poder anticipar que le diese la bienvenida a sus 30 y a su último embarazo durante la pandemia de la COVID-19.

Desde su trabajo como administradora de la oficina de un dentista, Perdomo Vidot, confesó en una entrevista con Es Mental que, aunque el cuidado médico que recibió antes, durante y después del embarazo fue uno de calidad, las reglas establecidas por la seguridad de las gestantes hicieron su experiencia más fría e inhumana.

Expresó que como consecuencia de los cambios en los protocolos de los hospitales en Puerto Rico su embarazo ha sido una vivencia solitaria al compararlo con el primero.

La también asistente dental, relató que, previamente, su pareja la solía acompañar a todas las citas médicas que tuviesen que ver con el bebé, factor que le daba seguridad y calma, pues su presencia la hacía sentir como si el proceso era uno por el cual no estaba pasando sola.

Admitió que, dado a las restricciones implementadas por la COVID-19, este mes fue la primera vez que pudo gozar de compartir la experiencia con su esposo, porque, por ser el sonograma final, le permitieron asistir a la cita. Constató que a partir de esa cita su pareja comenzó a apresurarse y prepararse para la llegada del bebé.

“Por no poder asistir a las citas médicas, aunque él estaba pendiente de mí, no vivió el proceso. Consecuentemente, no había caído en cuenta de cuán adelantada estaba en mi embarazo”, destacó estando a dos semanas de parir a su segundo bebé.

Subrayó que, por la pandemia, quedó privada de la emoción de poder atender la salud del bebé con su pareja, situación que provocó un estresor y una ansiedad que afectó su estabilidad emocional.

Según un estudio realizado por la Escuela T.H. Chan de Salud Pública en Harvard en abril del año 2021, tal como Perdomo Vidot, entre las seis mil madres embarazadas o post embarazo que participaron del estudio un 31% expresaron síntomas de ansiedad y depresión, un 53% presentaron soledad y un 43%, estrés post traumático.

Solo un 2% de ellas habían contraído la COVID-19 durante su embarazo; no obstante, los niveles de angustia psiquiátrica registrados fueron mayor de los estipulados por otras investigaciones fijadas en esta comunidad.

¿Cómo la pandemia cambió la experiencia de las gestantes?

La ginecóloga y obstetra Yari Vale Moreno puntualizó que la experiencia de Perdomo Vidot, como gestante, cuenta uno de los problemas principales de las mujeres embarazadas durante la pandemia.

Explicó que, antes del virus, las madres tenían un mayor acceso a grupos de apoyos con otras gestantes y a otros servicios que trabajaban la salud mental mediante el embarazo. Detalló que dejar a una madre sin un círculo de apoyo puede complicar su cuadro obstétrico.

Además, resaltó que, para madres embarazadas que hayan contraído el virus o si el bebé nace con el virus la situación lacera aún más a la mujer, pues queda violentada al no permitirle compartir con su bebé en las etapas iniciales luego de gestar. Destacó que separar al bebé de la madre afecta el apego del recién nacido con su cuidador principal.

“Si el bebé tiene COVID-19, ¿quién lo agarra?, ¿quién lo acurruca?, ¿quién le da amor?”,  cuestionó al explicar que la COVID-19 puede cambiar la perspectiva de una persona sobre su proceso de gestación y embarazo.

Por esto, aseguró que la llegada de la COVID-19 agudizó la ansiedad de muchas madres.

Aunque según el CDC son pocos los casos en los que recién nacidos contraen el virus, no se ha podido establecer en qué momento lo contrajeron, lo que según Vale Moreno, complica el estudio de la transmisión de la COVID-19 en bebés.

La también directora de Planificación Familiar del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico añadió que la falta de estudios científicos e información sobre cómo se le pudiese transmitir el virus al bebé y si pudiese penetrar la placenta que protege al feto les provocó incertidumbre a las gestantes.

Especificó que la información se estaba actualizando constantemente, lo que agudizaba la tensión entre muchas gestantes. Enfatizó que se desconocía cuáles eran las complicaciones que la COVID-19 iba a imponer en el cuidado perinatal.

De manera similar, apuntó que no fue hasta abril del año 2021 que se actualizó la información del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) expresó que las madres embarazadas se podían vacunar con Pfizer o Moderna.

Según la Fundación Mayo para Educación e Investigación Médica, las mujeres embarazadas son más vulnerables a contraer el virus y, similarmente, los bebés menores de un año se describen como personas de alto riesgo.

Por esto, para muchas madres gestantes, como Perdomo Vidot, vacunarse era una prioridad.

No obstante, según la experiencia clínica de Vale Moreno, no todas las madres se sentían cómodas vacunándose durante el embarazo por la falta de información que había sobre su eficacia y el posible daño que se le pudiese hacer al bebé.

Por otro lado, de acuerdo con una de las investigadoras del Departamento de Epidemiología en la Universidad de Harvard, Archana Basu, concluyó en su estudio que se deberían de hacer intervenciones médicas a todas las madres en, durante y luego de su embarazo para asegurarse de bajar la cantidad de mujeres que sufren de distorsiones o trastornos mentales.