En Puerto Rico, está difícil conciliar el sueño en estos días. Con la tierra bostezando casi constantemente, ¿quién puede dormir? O, ¿quién puede tener un sueño reparador? Ya hemos hablado de la ansiedad y manejo de emociones, pero es el momento de hablar del sueño y su importancia en términos de la salud mental, porque hay muchas personas desveladas y mal durmiendo a la intemperie que necesitan descansar. Otras duermen bajo techo, pero despiertan al menor movimiento a veces real, otras percibido y, en ocasiones, causado por alguien que se mueve a su lado en la misma cama.

Dormir es una necesidad inherente a la naturaleza humana. Es tan necesario como mantenerse hidratado o comer. Dormir le da al cuerpo y especialmente al cerebro tiempo para recuperarse del estrés del día. Después de una noche de buen sueño somos más productivos, pensamos con claridad (y tomamos mejores decisiones), reaccionamos más rápido, nos sentimos más alertas y optimistas, y nos relacionamos mejor con quienes nos rodean. Es importante recalcar que tan importante es la cantidad de horas que duermes, como la calidad del sueño.

La falta de sueño, por otro lado, afecta la motivación, la atención y la concentración, afecta el estado de ánimo y puede causar irritabilidad; lo cual, a su vez, se refleja en nuestro comportamiento. De igual forma, aquellos que no duermen bien tienen más probabilidades de sufrir depresión y ansiedad. De otra parte, estudios han demostrado que la falta de sueño aumenta el riesgo de accidentes automovilísticos y las probabilidades de tomar malas decisiones y asumir riesgos innecesarios.

No hay una receta mágica y rápida para que duermas y que duermas bien; lo que sí hay son diferentes técnicas de relajación para que pruebes cuál es la que te funciona. Muchos las miran con escepticismo, pero la evidencia demuestra que ¡funcionan! La parte desafiante es que confíes en que puedes relajarte (¡para que puedas!), aun en medio de esta adversidad. Práctica pacientemente. Enfócate. Regálate un rato de “despegarte” de todo lo que te rodea. Para algunos será más difícil que para otros y habrá quienes requieran alguna otra terapia, pero ¿qué pierdes con creer en tu capacidad para lograrlo e intentarlo?

Técnicas de relajación

Lee un libro o una revista.
Escucha música suave.
Cuenta hacia atrás a partir de 300, de 3 en 3.
Tensa cada grupo de músculos por un segundo o dos comenzando por los pies y avanzando hacia la cabeza, y luego relájalos.
Practica la respiración abdominal (la has visto en los recién nacidos, que mueven mucho la barriguita cuando respiran). Pon la mano en tu abdomen. Inhala, permitiendo que el movimiento empuje la mano hacia afuera conforme se eleva el vientre. El pecho no debe moverse. Aguanta la respiración hasta contar hasta 5 y libera el aire por 5 segundos. Repite el proceso.
Siéntate con las piernas cruzadas y descalzo. Deja la mente en blanco y concéntrate en la respiración. Inhala un poco de aire por la nariz y luego lo exhalaremos por la boca de forma sonora. Repite este proceso cuatro veces. Ahora masajea la planta de un pie con un dedo solamente. Hazlo en círculos, en el sentido de las agujas del reloj durante tres minutos. Después, repite en el otro pie.
Varias horas antes de acostarte, desconéctate de las noticias. Ya es suficiente con sentir los movimientos como para sumarle ansiedad con los datos que llegan de las noticias.

Si sientes que necesitas ayuda para dormir adecuadamente y manejar la ansiedad, no vaciles en buscar ayuda profesional.
*La autora es periodista y psicóloga.
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