La violencia doméstica y la infidelidad son dos fenómenos que comúnmente quedan desatendidos o escondidos dentro del matrimonio o las relaciones amorosas, pues culturalmente se entiende que “el amor lo puede todo” y el “matrimonio es para siempre”.

Dado a que la violencia doméstica se asocia más con las agresiones físicas, los malos tratos emocionales quedan olvidados.

No obstante, si se fuese a estudiar el concepto desde un punto de vista psicológico, el daño que provoca una infidelidad en el bienestar de una persona, o el control y la manipulación que implica el acto, puede ser considerado como un tipo de violencia doméstica.

Así lo explica la psicóloga clínica Yanci Torres Jiménez en su libro Tu novio ¿el esposo de otra?donde, a través de la anécdota de un matrimonio en el que hubo infidelidad, detalla como en el adulterio hay violencia doméstica.

Cuando la infidelidad es violencia

De acuerdo con Torres Jiménez, cuando una persona incurre en un acto sexual fuera del matrimonio o de la relación sostenida, sin el consentimiento de la pareja, hay un daño emocional y un acto de control.

Especificó que la situación pudiese también implicar un abuso económico debido a que se dirige el dinero de la pareja en actos de adulterio.

Frustración, dolor y un sentido de pérdida fueron las principales repercusiones mencionadas por la experta al conceptualizar la relación entre violencia doméstica emocional e infidelidad.

Sin embargo, de parte de la investigadora social Aisha Molina Calderón el acto de infidelidad no necesariamente incluye violencia doméstica.

Puntualizó que la violencia doméstica implica manipulación, provocación de miedo y codependencia. Mientras, la infidelidad tiene que ver con falta de compromiso o una situación en la que la persona infiel no está conforme con la monogamia.

Aseguró que el impacto emocional de descubrir una infidelidad pudiese abrir las puertas a actos violentos, pero no todo agresor es infiel y no todo infiel es agresor.

Determinó que la relación entre la infidelidad y la violencia doméstica depende del contexto en el que se da, cómo se descubre la infidelidad, de qué manera ocurre y la intención del adúltero o la adúltera.

Expresó que la persona, no necesariamente busca herir o humillar a su pareja. Asimismo, afirmó que no es lo mismo ejercer el acto de infidelidad con intenciones de hacer un daño y saber que será descubierto a hacerlo y pensar que la otra persona nunca se va a enterar.

Incluso, indicó que, en Puerto Rico, dado a que se tiende a normalizar el adulterio, específicamente de parte de los hombres, muchas mujeres no lo consideran como violencia doméstica.

La psicóloga clínica experta en violencia de género Lorena Vázquez Santiago coincidió con Torres Jiménez y argumentó que, aún cuando no la pareja no sabe sobre la infidelidad, el sentido de culpa generado puede facilitar intercambios violentos.

Explicó que, por el posible sentido de culpabilidad y la tensión generada por la persona adultera, su bienestar psicológico también se puede ver impactado y convertir su relación amorosa en una violenta. Mientras, aclaró que es violento aunque la persona piense que su pareja no se va a enterar, pues todo acto tiene sus consecuencias. 

Por otro lado, concluyó que es más común que la o el amante tenga una experiencia de agresión por parte de él o la infiel, pues esta suele sentirse más en poder y en control sobre la situación y la persona.

A su vez, Jiménez Torres expuso que la o el amante, a pesar de ser culturalmente la persona más criticada, es aún más violentada de parte de la persona adúltera.

“Es un sentimiento de soledad y vacío porque si hay una actividad importante y la pareja no puede estar presente, el que tenga que volver siempre a atender a su familia o si pasa una situación de emergencia no puedes contar con esa persona”, comentó la experta en psicología de parejas.

Mientras, en un estudio de la Universidad do Vales do Rio dos Sinos en Brazil, las psicólogas, Patrícia Manozzo Colossi y Denise Falcke investigaron las experiencias de la familia de origen, qué datos sociodemográficos y qué factores asociados con la infidelidad tienen un mayor poder predictivo de la violencia de pareja íntima, además de las posibles interacciones entre estas variables

La violencia doméstica emocional

Existen cinco tipos de violencias domésticas, física, sexual, emocional, económico y acoso, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos.

De acuerdo con la Coalición Nacional en Contra de la Violencia Doméstica 48.4% de las mujeres y un 48.8% de los hombres han tenido experiencias de agresiones psicológicas por una pareja. 

El estudio de la organización estableció que 4 de cada 10 mujeres y 4 de cada 10 hombres han vivido por lo menos una forma de control de parte de su compañero o compañera.

De acuerdo con Vázquez Santiago,el hombre al ser más físico y fuerte suele ser el agresor de violencia doméstica física. Por otro lado, a las mujeres se les atribuye el abuso emocional con más frecuencia, pues si sienten que físicamente no tienen la ventaja buscan las fallas de la pareja con el propósito de herirla donde es más vulnerable. 

Según el estudio de violencia doméstica, a causa del impacto emocional de la agresión, las personas que tienen experiencias de abuso psicológico en sus relaciones, específicamente las mujeres, son más propensas a tener una salud física pobre y acudir más de cinco veces al año a un médico. Las repercusiones más comunes son síntomas del desorden de estrés post traumático (PTSD por sus siglas en inglés) y depresión.

Por esto, Molina Calderón expresó que es importante considerar que, si se identifica con el contenido de este artículo y la violencia descrita mediante el mismo, debe contactar a un experto en salud mental o a líneas telefónicas de ayuda.