Aunque usted no lo puede ver, un mundo de bacterias, buenas y malas, vive en sus intestinos. Algunas le protegen contra enfermedades e inflamación en el cuerpo. Otras las causan.

En la pasada década, científicos alrededor del mundo se han dedicado a investigar si existe alguna relación entre el microbioma humano con enfermedades como el cáncer, la obesidad y la enfermedad de Alzheimer.

La respuesta es afirmativa y la doctora en medicina Vanessa Sepúlveda Rivera, catedrática en el Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la Universidad de Puerto Rico, es una de los investigadores que se ha dado la tarea de investigar sobre este vínculo. Estas investigaciones, enfocadas en pacientes puertorriqueños, se publicarán en junio en la revista Alzheimer & Dementia.

La flora gastrointestinal son microorganismos como las bacterias, hongos y virus que viven en los intestinos. Su diversidad puede cambiar por factores como la genética, ambiente, dieta, ejercicio y medicamentos. 

La conexión intestino-cerebro: los hallazgos

Según Sepúlveda Rivera, “para tener un microbioma saludable su diversidad tiene que ser alta”.

Sin embargo, encontró lo contrario en pacientes que padecían de la enfermedad de Alzheimer. Sepúlveda Rivera dijo que no solo había menos diversidad en comparación con personas que no padecen de la condición, sino que también encontraron diferencias en la diversidad de sus microbiomas gastrointestinales.

Junto a colegas como su coinvestigadora y directora del departamento de microbiología del RCM, Filipa Godoy Vitorino, halló que los pacientes con enfermedad de Alzheimer tenían más bacterias perjudiciales, agrupadas bajo las Proteobacterias. 

El resultado, manifestó Sepúlveda Rivera, confirma la misma respuesta que otros investigadores también han encontrado en otros grupos étnicos.

Contrariamente, las personas que no padecían de la enfermedad neurológica tenían mayor cantidad de bacterias beneficiosas, agrupadas bajo las Bacteroidota.

A su vez, realizaron evaluaciones mentales con neuropsicólogos en las que lograron encontrar que mientras más significativo era el deterioro cognitivo de la persona con y sin alzhéimer, menos diversidad de microbios tenía en su intestino.

Tras sus hallazgos en la investigación en curso, Sepúlveda Rivera y colegas identifican microorganismos gastrointestinales y orales en personas con y sin la enfermedad de Alzheimer.

Esto, con el fin de posteriormente incluir el consumo de nutrientes y bacterias como parte de posible tratamiento para ver si a largo plazo podrían ayudar a prevenir la demencia como el alzhéimer.

La doctora Sepúlveda mencionó la posibilidad de utilizar la bebida de mabí, al ser una fermentada que contiene probióticos y que además es “casi una bebida nacional”.

“No descartamos que en el futuro podamos hacer un ensayo clínico con mabí. Asimismo, con yogur y con prebióticos y/o probióticos comercialmente disponibles”, adelantó.

Como internista y geriatra, Sepúlveda Rivera dedica especial atención a enfermedades como la demencia, en particular la enfermedad de Alzheimer, pues afecta a parte de la población que trata.

La doctora decidió investigar sobre el microbioma gastrointestinal y la enfermedad de Alzheimer en la Isla luego de que asistió a la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer (AAIC, por sus siglas en inglés) y vio que en ninguna de las investigaciones que se estaban presentando, se incluía a Puerto Rico.

La salud mental y el alzhéimer

La enfermedad de Alzheimer es una condición neurodegenerativa que causa pérdida de la memoria y, por tanto, afecta la salud mental de la persona que la padece.

“Una persona con demencia definitivamente es una persona poco saludable mentalmente”, afirmó la doctora. “Cuando hablamos de salud mental, los pacientes comienzan a presentar una serie de síntomas como, por ejemplo, depresión mayor, ansiedad de la pérdida de memoria, podrían presentar irritabilidad y tristeza porque ven que está pasando algo que les está afectando su diario vivir”, añadió.

También, “la toma de decisiones, el uso de palabras correctas y la línea de pensamiento” pueden verse afectados, así como la persona podría “perderse en lugares conocidos”.

La investigadora expresó que a medida que se desarrolla la enfermedad, la salud mental de la persona desciende y, en etapas avanzadas, una persona “puede tener alucinaciones ya sea visuales, que son las más comunes, pero puede tener alucinaciones olfatorias y auditivas también”.

Por tanto, la internista establece que, “conociendo esta área de la salud mental de nuestros pacientes, específicamente adultos mayores” en donde “una de cada cuatro personas ya tiene más de 60 años en nuestro país”, pueden y buscan trabajar con ella. 

Por otra parte, enfatizó en que la enfermedad del Alzheimer es una enfermedad que afecta todo el cuerpo de una persona, por lo que se requiere un tratamiento multidisciplinario y un equipo compuesto de diferentes profesionales de la salud. Entre ellos se podrían encontrar geriatras, neurólogos, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, nutricionistas y terapistas físicos y ocupacionales.

Añadió que un problema de salud mental puede tener raíces biológicas.

Respecto al estudio para el cual continúan reclutando pacientes hasta diciembre dijo: “Al fin hacemos investigación por nuestros pacientes, porque queremos tener resultados que impacten positivamente su calidad y expectativa de vida y en este caso, cuánto tiempo podemos tener a una persona con su memoria lo más intacta posible. Sabemos que es una enfermedad que no tiene cura, pero ya sabemos que hay elementos que podemos tocar para que la persona se pueda mantener lo más independiente posible”.