En un mundo interconectado y ante las múltiples demandas de la vida moderna, la multitarea o “multitasking” se ha convertido en parte integral de nuestro funcionamiento diario. 

Podemos estar inmersos en diversas tareas simultáneamente. Por ejemplo, es muy común que en el auto camino al trabajo desayunemos, nos arreglemos, revisemos los correos electrónicos, la agenda del día, las redes sociales y escuchemos la radio. 

Este no es el caso solo de los adultos, los niños crecen con teléfonos móviles, tabletas, juegos electrónicos, y mientras utilizan todo ello, ingieren alimentos, hacen las tareas del colegio, e intentan compartir con sus pares. En ocasiones nos dedicamos a la multitarea de una manera más sutil, involucrándonos en una actividad mientras estamos pensando en otra.

¿Te ha sucedido que en medio de una conversación con un amigo tu mente viaja a cientos de kilómetros de distancia y por varios minutos dejas de escuchar lo que te estaba diciendo? Y sí, puede que lo estuvieses oyendo, pero no escuchando de forma consciente. Tu cuerpo estaba ahí, pero tu mente estaba repasando todas las tareas pendientes, haciendo planes, trabajando o quizá resolviendo problemas.

Aunque para muchos la multitarea es una destreza casi obligada, lo cierto es que envuelve ciertos inconvenientes significativos. Cuando nuestra atención se divide en múltiples tareas, comenzamos a funcionar con el piloto automático. Una de las razones es porque la cantidad de información a la que le podemos prestar atención es limitada, particularmente cuando recibimos una sobrecarga de estímulos. Además, solo podemos desempeñarnos efectivamente en una tarea a la vez. De hecho, estudios demuestran que la multitarea genera peores resultados en tareas cognitivas y de memoria. La razón de este último dato es porque solo se recuerda aquello a lo que se ha atendido adecuadamente, por lo tanto, sin atención es muy difícil formar nuevas memorias.

Daniel J. Levitin, neurocientífico estadounidense, explica que  la multitarea se trata de “apagar y encender”, ya que nuestro cerebro cambia de una tarea a otra muy rápidamente, cada tres o cuatro segundos. Esta dinámica resulta extremadamente extenuante para nuestro cerebro, pues provoca que agote los nutrientes que necesita para funcionar adecuadamente. Por lo tanto, no solo afecta nuestro rendimiento cognitivo y físico, sino que el cambio repetido de tareas eleva la producción de cortisol, hormona vinculada al estrés. También aumenta los niveles de epinefrinas, y altos niveles de esta sustancia nos podría generar hipertensión, dolor de cabeza, estrés crónico, problemas para dormir, e igualmente, produce síntomas asociados a los desórdenes de ansiedad. 

Levitin añade  que la multitarea dificulta la adquisición de nuevo conocimiento y nos hace menos eficientes, aunque irónicamente pensemos que estamos haciendo mucho. Es por esto que Earl Miller, neurocientífico del Massachusetts Institute of Technology, plantea que las personas que piensan que son muy efectivos en la multitarea, en realidad “se engañan a sí mismas”. 

Ahora bien, otro aspecto peligroso de caer en la trampa de la multitarea y del piloto automático es que podemos cometer errores mortales, como ha sido el caso de padres que ante la urgencia del día han olvidado sus niños en el auto. Orsillo y Roemer, investigadoras norteamericanas, establecen que el “multitasking” esconde un alto grado de ineficacia, así por ejemplo mencionan que: 

  • Impide que experimentes un pleno disfrute de tus relaciones, trabajo o actividades de ocio. 
  • Corres el riesgo de que tu rendimiento académico y laboral se vea afectado. 
  • Te expones a cometer los mismos errores consistentemente porque tu capacidad para percibir las consecuencias de las acciones de cada momento es limitada.
  • Podría parecer que no te interesa o no te preocupan las personas que te rodean, asunto que podría llevar a tu familia a sentirse abandonada. 
  • Es posible que sientas que estás trabajando durísimo para atender todas tus tareas; sin embargo, tus esfuerzos no parecen dar resultado. 

En fin, aunque la multitarea nos ayuda a lidiar con las demandas del día a día, puede que el resultado final no sea el que esperamos. Además, perjudica nuestra concentración, productividad, al tiempo que puede deteriorar nuestras relaciones interpersonales. Una forma muy útil para evitar caer en la trampa de la multitarea es poseer una buena organización, establecer límites, pero particularmente, sacar por lo menos cinco minutos diarios para detenernos, conectar con nuestro ser y dejar a un lado el quehacer. 

*La autora es psicóloga licenciada con especialidad en consejería psicológica.