La pobreza en los adultos mayores es una de las realidades sociales más invisibilizadas y preocupantes de la sociedad, aseguran expertos en este tema.

Más allá de las limitaciones económicas, esta situación no solo impacta la salud física y emocional de esta población en crecimiento, sino su acceso a servicios esenciales y posibilidad de una mejor calidad de vida. Tras una larga trayectoria de trabajo y productividad, muchos enfrentan la vejez en condiciones de vulnerabilidad y aislamiento.

“El 39% de la población de 60 años o más –aproximadamente 1,060,000 personas- viven bajo el nivel de pobreza”, informó José Acarón, director estatal de AARP Puerto Rico.

Según el Negociado del Censo de los Estados Unidos, para el año 2024, una persona de 65 años o más que genere menos de $15,050 al año, vive bajo el nivel de pobreza.

La clase media es la nueva cara de la pobreza”

Pobreza es no tener acceso a los servicios que necesitan y la clase media es la nueva cara de la pobreza”, comentó Acarón. Muchos, advirtió, no cuentan con una red de apoyo, lo que, con la combinación de determinantes sociales y su cuadro clínico, recrudece la situación.

Por eso se piensa que la pobreza es más fuerte entre la gente mayor. Pero tenemos que también desarrollar estructuras para la clase media porque hay muchas personas en urbanizaciones y áreas urbanas que están desprovistas de todo, solas, aisladas, sin apoyo”, sostuvo.

Según el Informe sobre competitividad y preparación para el envejecimiento, que realizó AARP Internacional en el 2023, solo el 54% de los países en todo el mundo tienen políticas públicas, estrategias y planes nacionales para facilitar el envejecimiento saludable de toda la población, y solo el 31% han establecido políticas nacionales para evaluar plenamente las necesidades de salud y atención social de los adultos mayores.

“Hay que retomar la conversación. La pobreza ya no es un criterio solo. El gobierno no puede solo y la industria privada está bien coja y atrás, además de que no mira mucho a la población de adultos mayores, ni para medir su consumo”, indicó.

Uno de los dilemas principales, sostuvo, es la falta de una visión integrada de lo que debe representar el envejecimiento en Puerto Rico. Otros países con menos recursos y menos adultos mayores, como Costa Rica y Colombia, dijo, ya están más adelantados en cuanto a la planificación de servicios e infraestructura.

No hay un plan integrado de trabajo que impacte la vida y comunidades de las personas, según van envejeciendo”, deploró. Fuera del Plan Decenal de Envejecimiento Saludable (2024-2030), dijo, lo que hay son una serie de iniciativas fragmentadas.

Como ejemplo de la falta de estructura y planificación a las necesidades de esta población, Acarón comentó que, del sector sin fines de lucro, solo 5% trabaja con asuntos relacionados a adultos mayores.

Envejecimiento desproporcionado

“Aunque algunas de las variaciones en la salud de las personas mayores se deben a la genética, los factores que más influyen tienen que ver con el entorno físico y social, en particular la vivienda, el vecindario y la comunidad, así como características personales como el sexo, la etnia o el nivel socioeconómico”, advirtió la Organización Mundial de la Salud en su informe sobre “Envejecimiento y Salud”, en octubre del año pasado.

De acuerdo con la Red Latinoamericana de Gerontología, solo dos de cada cinco personas mayores latinoamericanas reciben ingresos provenientes de la seguridad social en el área urbana, y una de cada cinco en las zonas rurales. Esto, advirtió, obliga a muchos adultos mayores a seguir trabajando, contrario a lo que acontece en los países desarrollados.

En Puerto Rico, el junte de menos natalidad y más migración de poblaciones más jóvenes y productivas invirtió la pirámide poblacional, con un crecimiento acelerado del sector de adultos mayores, recordó el sociólogo César Rey.

El impacto mayor depende del estado. Por ejemplo, lo que estamos viendo ahora con las pensiones de la Universidad de Puerto Rico (UPR)”, dijo Rey sobre la deuda millonaria de la UPR a su plan de retiro por no haber aportado durante años a las pensiones de sus empleados.

El estado del envejecimiento del país es desproporcionado debido a una serie de factores, como la marginalidad de la población de adultos mayores, su falta de recursos y su alto nivel de pobreza ya que, además, muchos no pudieron aportar o no de forma adecuada a fondos de retiro como el Seguro Social, resaltó Rey.

“Pero no es solo la pensión, es también quién los atiende y cómo. Eso plantea un reto de política pública en cuanto a servicio”, indicó el catedrático de la Escuela de Administración Pública de la UPR.

La pobreza de esta población, observó, tiene muchos efectos, incluyendo sobre su alimentación, ya que muchos no reciben una dieta nutritiva pues viven solos y desatendidos. También se nota sobre su bienestar, salud y falta de vivienda, agregó al comentar que el alza en el costo de vida, como en los alimentos y la gasolina, empeora la situación.

“La planificación de esa vejez no se ha dado de forma integrada y holística. Falta educación”, reiteró.

Agregó que muchos adultos mayores también se encuentran dispuestos a continuar trabajando y ser productivos, lo que resaltó se debe aprovechar por la experiencia y conocimiento que también aportan. 

“Hay que tomar conciencia de esa realidad. Empezar a reclutar adultos mayores deseosos de trabajar, aunque estén ya pensionados, tal vez mediante algún acuerdo”, dijo.

El sociólogo advirtió que Puerto Rico es uno de los países con más viejos a nivel mundial. Según la Base de Datos Internacionales del Negociado del Censo de los Estados Unidos, en el 2024 Puerto Rico era el cuarto país con más personas de 60 años o más (31.9%), solo precedido por Mónaco (#1), Japón (#2) y San Pedro y Miquelón (#3).

“Tiene que haber voluntad política, sentarnos en una mesa para identificar fortalezas y necesidades para saber qué puede aportar cada cual”, destacó.

Por su parte, Acarón abogó por que se diseñe un plan con soluciones concretas e integradas para esta y las próximas generaciones. De lo contrario, advirtió, la bola de nieve seguirá creciendo.

Tenemos que transformar la visión de país, primero definirla como un Puerto Rico envejecido. Hay oportunidades de desarrollo económico, de creación de empleos, alternativas. Pero no se habla de eso”, dijo.

La Carta de Derechos y la Política Pública del Gobierno a Favor de los Adultos Mayores (Ley 121-2019), enmendada el año pasado, define lo que cada agencia de gobierno debe hacer y ejecutar, sostuvo.

“El problema es que muchas personas de esas mismas agencias ni saben lo que dice la ley, cuál es su rol”, lamentó.