Reconocer la violencia simbólica es un paso para entender la violencia de género que arropa a nuestro País. Esto, porque la violencia simbólica es una de las manifestaciones de la violencia de género y una de las más invisibles (Bourdieu, 1979; 1980; 1998).

Para Bourdieu, la violencia simbólica es un tipo de coerción que ejerce una persona sobre otra con su “complicidad inconsciente”. Dicho autor expone las sutilezas del poder, en el campo social y cómo actúan en legitimar y reproducir las jerarquías sociales en la sociedad. El concepto de habitus que expone Bourdieu, incluye patrones duraderos de pensamiento, sentimiento y acción que son adquiridos, por las personas, mediante las condiciones sociales en que se desarrollan. El habitus es el sistema de disposiciones internas que guía a las personas a actuar, sentir y pensar. Esto ocurre a través de las normas, los valores, las expectativas y las creencias de la sociedad que se internalizan, por medio, de los procesos de socialización.

Por ejemplo, los procesos de socialización y educación que reciben los niños y las niñas se manifiestan en sus expectativas académicas y profesionales futuras, y hasta, los juegos que prefieren. Igualmente, se manifiesta en los discursos cotidianos que recibimos y escuchamos que perpetúan los estereotipos de género, como es la invisibilización de las mujeres. Además, se vincula con las normas y prácticas culturales, como la expectativa que las mujeres se encargan del cuidado del hogar, la familia, y en particular, tienen a cargo, la crianza de los hijos e hijas.

La violencia simbólica en los medios de comunicación

De otra parte, los medios de comunicación juegan un papel central en las representaciones de las mujeres y los roles de género limitados o estereotipados con el enfoque en la apariencia física de las mujeres en detrimento de sus capacidades intelectuales o profesionales. La manera en cómo se representan las mujeres y los hombres, en función de los roles atribuidos por razón de su género, es un elemento de peso de porqué se piensa y actúa de acuerdo a esos roles esperados socialmente.

Por ejemplo, la forma en que se representa el cuerpo femenino vs. el cuerpo masculino como objeto de consumo incurre en factores discriminatorios para las mujeres como son el sexismo en la sociedad patriarcal. Un medio de consumo son las novelas que perpetúan esos roles de género tradicionales, en el espacio privado, que las mujeres son las cuidadoras del hogar, del esposo, de los hijos e hijas, mientras que, sus parejas son las proveedoras del hogar.

Asimismo, las imágenes de anuncios, que cosifica el cuerpo de las mujeres y las niñas en certámenes de belleza, pero también las mujeres como elemento estético para la venta de bienes, servicios y productos (autos, bebidas alcohólicas y energizantes, ropa de marcas, entre otros). Los medios de comunicación son importantísimos, para la transmisión de información desde políticas institucionales de cero tolerancia a la violencia de género, responsabilidad y compromiso social.  

Las nociones de la violencia simbólica invitan a la idea de lo simbólico como un espacio necesario para comprender la realidad social en que las personas vivimos y actuamos (Calderone, 2004). Vivimos en una sociedad que funciona a través de lenguaje que configura nuestra forma de pensar y visión de mundo.

La violencia simbólica no es visible, por lo tanto, no se menciona, ni se problematiza. La misma crea un ambiente tolerable o normalizado para las víctimas de violencia de género. Para combatir la violencia simbólica requiere un cambio en las prácticas educativas, las políticas públicas e institucionales, y las acciones afirmativas de los medios de comunicación, fomentando una representación igualitaria, inclusiva y respetuosa hacia todos los géneros. 

*La autora es directora del Programa Graduado de Consejería Psicológica de la Universidad Albizu y pasada presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.