Los desastres naturales pueden provocar un aumento en las adicciones a los medicamentos, el alcohol y las drogas ilegales, lo que eventualmente solo provocaría más miedo y ansiedad entre los afectados, según expertos entrevistados por Es Mental.

“El consumo de sustancias es una manera disfuncional de manejar las pérdidas relacionadas a los desastres naturales, hace que las personas dejen de pensar en eso”, indicó el Dr. Juan Nazario, catedrático asociado de la Universidad Carlos Albizu, en referencia al terremoto de 6.4 que sacudió a Puerto Rico el 7 de enero y sus constantes réplicas. 

Por su parte, la Dra. Karen Martínez, especialista en psiquiatría y directora del Centro para el Estudio y Tratamiento de Ansiedad y Miedo del Recinto de Ciencias Médicas, concuerda en que las personas sobrevivientes a desastres naturales, como los huracanes y los terremotos, se encuentran en un momento de vulnerabilidad, ansiedad y desesperanza, por lo que tienden a aferrarse a otros elementos negativos como mecanismo de supervivencia. 

Martínez explicó que hay dos tipos de adicción que son comunes entre las personas sobrevivientes de desastres naturales: el alcohol y los medicamentos. De hecho, según el Manual y Guía sobre Desastres de la Organización Panamericana de la Salud, los trastornos depresivos y ansiosos, cuadros de estrés agudo y el consumo excesivo de alcohol son los problemas que comúnmente se citan en la fase aguda de los desastres.

El alcohol puede disminuir las sensaciones de miedo y ansiedad. La situación en el área sur de la isla es difícil tras los constantes sismos desde el 28 de diciembre y la deprivación de sueño es uno de los problemas que enfrentan los afectados. 

La otra adicción que las personas afectadas pueden desarrollar es a los medicamentos como los opioides (medicamentos analgésicos para el dolor) o benzodiazepina para tratar la ansiedad. 

Al igual que el alcohol, estos medicamentos contra la ansiedad o dolor pueden disminuir la sensación de miedo ante el caos que se vive después de un desastre natural. ¿El problema? Es que estas adicciones eventualmente, solo crearán más miedo y ansiedad al perjudicado. 

“A mí me preocupa mucho las personas que están dependiendo del alcohol o medicamentos para llevar su día a día. Puerto Rico se encuentra en una situación donde sus ciudadanos tienen que estar alerta y si alguien está bajo los efectos de alcohol o medicamentos que esencialmente los hace más lentos, ¿cómo va a correr?”, expuso Martínez. 

Ante la incertidumbre y el miedo que arropa a la isla en estos momentos, Martínez recomienda hacer intervención psicológica a los afectados en el área sur y norte de la isla, pero ambos con un enfoque diferente. 

Para el área sur, la experta en salud mental sugiere llevar primeros auxilios psicológicos como los que la Administración de Servicios de Salud y Contra la Adicción  (ASSMCA), la Universidad Carlos Albizu y la Ponce Health Sciences University han llevado. Las personas están viviendo un momento de crisis, por eso es importante ofrecer apoyo emocional para que entiendan que es normal sentir miedo, ansiedad y coraje ante la situación. 

“Es importante que los psicólogos validen las emociones y reacciones que sienten los afectados por los terremotos. También, se debe atender las necesidades primarias que tenga la persona, como el aseo o alimentación, y muy importante, brindarle el sentimiento de esperanza”, expresó. 

Para el área norte de la isla, Martínez sugiere fortalecer la idea de estar preparados. Si bien es cierto que los terremotos no se pueden predecir, tampoco se debe vivir en histeria. Lo mejor que puede hacer es prepararse. 

Cómo manejar la adicción 

El Dr. Nazario explicó que la adicción a sustancias como el alcohol, medicamentos y drogas ilegales afecta de manera distinta a tres tipos de personas: el individuo que nunca ha consumido sustancias, el que está en recuperación de alguna adicción y los activos. 

Nazario indicó que en cuanto a los medicamentos, se da mucho los casos en que ante el estrés y la ansiedad que muchos sienten, se cree un intercambio de pastillas con familiares o vecinos. 

“Hay personas que están tomando medicamentos contra la ansiedad que no fueron recetados para ellos y es importante que la gente sepa que los radiactivos afectan diferente a cada uno”. 

Si una persona genera un trastorno por el consumo de sustancias es importante que los ciudadanos sepan que la sustancia no se puede dejar de manera repentina, ya que la salud se pone en riesgo. Una persona que deje de consumir sustancias a las que ya se encuentra adicto podría sufrir de alucinaciones, malestares y escalofríos, síntomas típicos de la retirada. 

Lo mismo cae para personas en estado de recuperación o que todavía están activos. 

“La realidad es que una situación de desastre pone en riesgo a que un individuo genere o aumenta el uso de sustancias o puede hacer que una persona vuelva a tener el patrón de consumo que tenía antes”, aseveró. 

Personas que están viviendo el trauma pueden activar el uso o la recurrencia de sustancias, lo que podría terminar en una sobredosis, ya que el cuerpo se había desacostumbrado al consumo. 

En el caso del individuo activo, ante un evento de desastre natural estas personas tendrán mayor dificultad de conseguir la droga. Ahí se ven en la situación de conseguir la sustancia de otro suplidor o de privarse de ella. Ambas opciones podría poner en riesgo la vida del adicto. 

Nazario exhortó a las personas con historial de consumo, especialmente de drogas ilegales, a dejarle saber a los líderes de los refugios para que estos tengan en la mano medicamentos como Narcan o Naloxona que revierten sobredosis y así evitar una tragedia. 

Nazario, quien ha estado visitando varios de los pueblos afectados en el sur, recalca en que es importante que profesionales y líderes de comunidad estén atentos al aumento de consumo de sustancias en las personas refugiadas. 

Pero más importante, recomienda  a los afectados por trauma a buscar apoyo profesional que los ayude a encontrar nuevas estrategias para manejar la ansiedad y el estrés que azota a muchos en Puerto Rico.

*Esta historia fue actualizada el 28 de enero de 2020.