Nota de la editora: Este es el primer reportaje de una serie sobre los perfiles de personas que, a pesar de las dificultades o adversidades que han enfrentado en sus vidas, han perseverado y decidido luchar. Busca el siguiente reportaje de la serie el próximo lunes en esmental.com.

Los pronósticos sobre su condición sostenían que no utilizaría una silla de ruedas hasta cumplir los 50 años. Sin embargo, a los 25 su vida dio un giro tras perder la movilidad de sus piernas y manos por causa del trastorno neurodegenerativo Charcot-Marie-Tooth, provocando la dependencia de una y viéndose forzada a dejar como segundo plano su carrera como periodista.

Enfrentar de la noche a la mañana una nueva cotidianidad llevó a la comunicadora y estudiante doctoral de psicología clínica, Laura Isabel Ramos Lugo, a vivir un estado emocional que nunca había experimentado. Luego de aquel marzo del 2021 perdió sus ganas de luchar y de seguir trabajando por sus sueños, relató a Es Mental la joven de 27 años, quien en el 2020 fue elegida entre 700 personas de todo el mundo para un programa de pasantías de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio o NASA.

Perder la función de mis manos ha sido un proceso de duelo, tuve que pasar a un segundo plano mi carrera de periodista y ajustarla a mis nuevas circunstancias físicas. Yo sentía que estaba perdiendo parte de mi identidad”, señaló la periodista con 10 años de experiencia en los medios de comunicación.

La enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, con la que nació Ramos Lugo y también es conocida como neuropatía motora y sensorial hereditaria, afecta a 2.6 millones de personas en todo el mundo, de acuerdo con el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de los Estados Unidos.

Pertenece, además, a un grupo de trastornos que causan daño a los nervios periféricos, los cuales transmiten información y señales desde el cerebro y la médula espinal hacia el resto del cuerpo y los nervios sensoriales. 

Según Ramos, todo este proceso le hizo caer -con profundidad- en el peor estado emocional de su vida, y fue cuando se dio cuenta que le resultaba “difícil escoger vivir todos los días”, que buscó con inmediatez ayuda de un profesional de la salud mental.

“Me encontré en un momento bien duro a nivel emocional y mental, así que darme cuenta que estaba en ese contexto mental, me asustó un poco. […] Tuve mis momentos en  los que pensé en quitarme, pero dije: ‘Espérate un momento, yo tengo unos derechos, yo tengo unas necesidades”, narró. 

Y lo hizo, fue a terapia con la finalidad de trabajar el duelo que atravesaba luego de la pérdida de su movilidad, pero también para ser testigo de su capacidad y valor como ser humano. 

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De igual forma, continuó con su nueva aventura como estudiante doctoral de psicología clínica, no solo para demostrar que con perseverancia se consiguen los objetivos, también para que otros integrantes de la comunidad con diversidad funcional sepan que nada es imposible, particularmente a lo hora de lograr metas profesionales.

“Todavía estoy en el proceso de aceptar muchas cosas. […] Estas adversidades han hecho que pueda demostrarle a la gente que puedo hacer lo que me propongo dentro de mis circunstancias físicas”, comentó. 

Aunque el tema de la salud mental debe ser prioridad para todos los seres humanos por igual, cuando se trata de la salud emocional de la comunidad con diversidad funcional suele pasar por desapercibida, aún cuando estos llegan a experimentar cinco veces más de angustia mental, en compasión con quienes no forman parte de ella, destacan los datos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades. 

El estigma, el discrimen, el poco acceso a trabajo digno y servicios médicos, entre otras razones, figuran entre la lista de factores que podrían detonar situaciones de salud mental para esta población, siendo la ansiedad, la depresión y el aislamiento las más significativas.  

La Alianza Nacional de Enfermedades Mentales de los Estados Unidos menciona, por otro lado, que muchos experimentan estrés traumático debido al dolor ocasionado por los tratamientos que reciben por su condición física. 

“Para agravar el problema de la discriminación, muchas personas viven desafíos sociales, como el aislamiento o la exclusión de las invitaciones a eventos sociales y actividades recreativas”, señala. 

Y si se trata de exclusión y la carencia de espacios accesibles para esta comunidad, Ramos Lugo conoce muy bien cuán real es esto, en especial cada vez que va a trasladarse con su silla de ruedas por zonas como el Viejo San Juan, lugar en el que las rampas brillan por su ausencia y las personas no respetan las áreas y estacionamientos designados a la población. 

Yo no pedí nacer así y que se me limite la accesibilidad y recursos en diferentes contextos, frustra, da coraje y desmotiva. Por cosas así es que a veces nos quitamos.  No nos proveen recursos y herramientas en el contexto laboral y académico o se incumplen la ley ADA, la Ley para Personas con Discapacidades”, señaló. 

En el campo laboral, particularmente en los medios de comunicación de la Isla, también ha vivido discrimen, por lo que reconoce que existe una falta de consciencia muy marcada.

No obstante, desde su perspectiva en psicología clínica ha logrado entender que se vale caerse y llorar, pero también levantarse y manejar esas situaciones que proponen sacudir su integridad como ser humano. 

Es un proceso que no es lineal, es una montaña rusa, pero trato de aplicarme todos los días autocompasión y de recordarme: ‘Laura, eres humana y es válido lo que sientes. Apóyate de tus amistades, familia y psicóloga’. Eso, en parte, me motivó a estudiar psicología”, finalizó.