Una manera sencilla de mejorar el matrimonio es cambiando las expectativas que cada uno de los miembros de esta pueda tener. Para algunos puede resultar una idea difícil de concretar, pero es lo más recomendado, según los expertos. 

Así lo establece un artículo publicado por la revista Psychology Today, que contrasta como en el pasado las parejas se casaban para obtener cierto estatus, seguridad financiera y ambiente de balance, mientras que en el presente las personas se casan bajo la presunción novelesca de que “han encontrado a la persona correcta”. 

El problema surge cuando las expectativas altas no se pueden trabajar porque los miembros de la pareja no cuentan con el tiempo necesario para invertir en hacerlo, según advierten el profesor Eli Finkel de la Universidad de Northwestern, así como Esther Perel, reconocida terapista de parejas a nivel mundial. Y este escenario se repite en todas partes del mundo, incluyendo a Puerto Rico, y se discute en las oficinas de los terapistas de pareja a nivel local. 

La psicóloga clínica, Amelia Rodriguez Acevedo, explicó que las expectativas son parte de toda relación, siempre están ahí y si no se manejan con comunicación efectiva, la pareja podría enfrentar problemas.  

El peso del ideal social

“Uno de los factores que afecta la expectativa de la pareja es el ideal social, entiéndase esas imágenes en las series y películas donde la pareja se ve feliz, están de acuerdo en todo y comparten los mismos intereses. Sucede, entonces, que cuando no nos ajustamos a eso, sentimos que no tenemos una relación plena o satisfactoria”, precisó. 

El concepto del ideal social se ha agudizado con la proyección familiar de usuarios en redes sociales, particularmente Facebook, planteó la experta.  Durante los fines de semana no es raro ver rostros felices al llegar al “brunch”, la paz del atardecer en la playa, los aplausos en el concierto, el disfrute en el chinchorreo, el viaje a Nueva York, por mencionar algunas instancias.  

“La gente pone sus momentos más felices y a una persona podría hacerle cuestionarse: ‘por qué yo no tengo esa vida?’ Y comenzamos a ver pacientes que comparan su vida  con lo que se ve en las redes sociales, lo que se ve en Facebook se convierte en lo que se debe aspirar, y, entonces, se torna en una fuente grande de desilusión”, añadió. 

Rodríguez Acevedo subraya que, entonces, las expectativas se ven influenciadas por las redes sociales, sumadas a las experiencias de relaciones anteriores y modelos aprendidos en el núcleo familiar. 

“Ocurre que a veces los miembros de la pareja tienen la idea de que deben repetir los modelos que ellos vivieron sin tener en cuenta que somos personas distintas en tiempos diferentes. Las expectativas siempre están con nosotros y es importante aclararlas e identificar si son saludables para la relación que se está construyendo”, precisó.  

Diversos tipos de expectativas

En su práctica, en el Psych Wellness Center, en San Juan, la psicóloga enfrenta parejas con una amplia variedad de expectativas. Aunque se topa con expectativas que se suscriben a los bienes materiales, la mayoría de sus pacientes le conversan sobre lo que esperan de la relación a nivel emocional. 

“Lo más común es ver a la pareja que quiere moverse hacia el mismo norte, pero que enfrentan retos como la llegada de los hijos. Se cuestionan cómo pueden llegar a ser felices y eso va a depender de su concepto de lo que es felicidad. Lo que sí hay que tener muy presente es que cuando las expectativas son muy altas, pero tenemos las rutinas de vida y el tiempo que sacamos para compartir con la pareja limitado, pues no hay correspondencia entre una cosa en cuanto energía y tiempo”, advirtió. 

La situación económica de Puerto Rico estrangula a muchas parejas, asegura el psicólogo clínico especializado en terapia de parejas, Miguel A. Pagán Miranda.

“En Puerto Rico nuestra cultura económica obliga a las personas a trabajar demasiado, no ayuda a las familias. Es demasiado el estrés económico, los dos tienen que trabajar mucho, gastar mucho en sus hijos, cuidos, colegios privados, tutores y si los hijos tienen una condición, tienen que atenderlos con expertos privados. El Estado definitivamente no ayuda. La gente llega a las casas exhaustos, muy cansados y agotados. Se olvidan de divertirse en la relación, no tienen los recursos para escaparse, renovarse, rejuvenecerse”, indicó.  

Por otra parte, sostiene que hay otro tipo de parejas que no caen en los patrones de consumo y deciden vivir vidas más simples y hasta pueden sostenerse con un solo ingreso. 

“En estas parejas vemos que tienen más tiempo para ellos, para dedicarse el tiempo y vemos como sus expectativas no se concentran en su carrera como lo más importante, lo más importante es su pareja, su relación con el otro adulto que se queda por el resto de la vida, porque sabemos que los hijos son prestados”, comentó. 

¿Qué sucede cuando no hay expectativas en común?

Cuando no existen unos factores denominadores entre la pareja, no hay proyecto ni sentido comunes, indica Pagán. Esto lleva a los miembros de la pareja a sentirse estancados, a distanciarse, sentirse que no tienen con quien hablar, perciben la ausencia de alguien que los valide, se sienten inseguros y entran en cuadros de ansiedad, tristeza y pesimismo. 

“El ser humano es social y necesita amor, intimidad, cercanía. Cuando las expectativas no son comunes uno ve una comunicación muy afectada, conflicto y negativismo y nivel de satisfacción marital ha bajado considerablemente. Hay otros que llegan con crisis de infidelidad porque dejaron pasar mucho tiempo, alguien comenzó a sentirse solo. Y todo esto afecta la sexualidad”, explicó Pagán. 

Recomendaciones

Pagán recomienda “mantener la cuenta de banco emocional haciendo depósitos. Cada vez que tu pareja hace algo por ti, se muestra tolerante, cariñoso, te brinda apoyo y te escucha, tenerlo en cuenta”. 

No se debe entrar al matrimonio con la idea errónea preconcebida de que las nupcias van a mejorar la vida de las dos personas. 

“Hay gente bastante ingenua que entra en el matrimonio, con todas estas expectativas, ideas preconcebidas que recogen de la cultura de los medios de comunicación de que la otra persona lo va a hacer feliz, y lamentablemente la mayoría de las parejas no van preparadas al matrimonio y no van con las destrezas necesarias. La gente se cree que como en las novelas la boda termina con el final feliz y este cuento se ha acabado, cuando realmente es donde empieza el camino. Hay parejas que regresan de la luna de miel y llaman a los abogados. Para trabajar con las expectativas uno tiene que hacer la inversión de tiempo, esfuerzo y dedicación para tener una relación feliz y esperar que el otro esté en la misma disposición”, indicó el psicólogo.  

Otro consejo es aprender a escuchar sin criticar, sin depreciar. 

Pagán asegura que el humor es un arma muy poderosa para mejorar la relación de pareja y la convivencia. 

“El humor, reírse, escucharse el uno al otro, ayudar al otro a manejar su estrés y eso profundiza la amistad. Cuando una pareja es amigo eso ayuda al romance a la pasión al deseo, una pareja que tiene buena amistad y se ríe mucho y la pasan bien eso ayuda al área de lo erótico del romance, la pasión y el deseo, sobre todo para las mujeres”, explicó.