La felicidad ha sido objeto de innumerables interrogantes y aseveraciones a lo largo de la historia. Siendo rodeada, también, por diferentes verdades contraintuitivas o afirmaciones que van en contra de lo que normalmente se cree, como los estudios que contrarrestan la idea de que ‘el dinero no compra la felicidad’ o que ‘buscar la felicidad excesivamente’ puede hacer a las personas menos felices. 

Si bien la felicidad es una experiencia profundamente subjetiva y que está moldeada por factores personales, sociales y culturales, las llamadas verdades contraintuitivas suelen desafiar las creencias arraigadas. 

Una de estas es la percepción de que la felicidad y el sufrimiento no pueden ir de la mano. Pero, un estudio de 2013 publicado en Psychological Science encontró que las personas que han enfrentado adversidades moderadas a lo largo de su vida tienden a desarrollar una mayor resiliencia y mejores respuestas emocionales ante el estrés, en comparación con aquellas que no han experimentado dificultades o que han enfrentado adversidades extremas. 

Y es que es subjetiva y puede estar muy influenciada por lo que dicta la sociedad como norma y lo que “debería ser”. También por aspectos personales, vivencias familiares, la etapa de desarrollo que se encuentra la persona, entre otros, explicó el psicólogo Ángel X. Galarza-Hernández.

La presión por alcanzar un estado constante de felicidad puede tener efectos negativos a la salud emocional, mencionó el licenciado. La búsqueda desmedida de la felicidad puede llevar a la insatisfacción. La idea de que siempre se debe estar feliz puede hacer que otras emociones, como la tristeza o la frustración, sean vistas como negativas, cuando en realidad son parte integral de la experiencia humana y necesarias para el crecimiento personal.

“Una persona no experimenta felicidad todo el tiempo, hay un sinnúmero de emociones que son necesarias experimentar y eso es lo que nos hace humanos. Esa diversidad de emociones que podemos sentir en distintos aspectos de nuestra vida es la que nos permite poder tomar decisiones y movernos hacia lograr una felicidad de forma saludable y satisfactoria”, sostuvo. 

A modo de ejemplo, el concepto de la felicidad puede ser para un niño visitar Disney, mientras que para un adulto el obtener un título universitario

“Es algo muy individual y que cada uno podemos experimentar de diferentes formas y momentos de nuestra vida. Además, lo que hace feliz a una persona, no necesariamente le hará feliz a otro”, continuó Galarza-Hernández.

Por su parte, la trabajadora social clínica, Carmen Vázquez-Díaz, recordó que la felicidad no es permanente, sino un estado que surge cuando se logra conectar con lo que hace sentir completa, equilibrada y en paz a una persona. 

¿El dinero produce felicidad?

En cuanto al dinero, si bien no lo es todo, tiene un papel real en nuestra percepción de bienestar. Poder cubrir nuestras necesidades básicas, vivir con dignidad y sin estrés financiero, contribuye a un estado emocional más estable. Sin embargo, endeudarnos por alcanzar los impuestos estándar puede alejarnos más de esa paz interna que buscamos.

Otra de estas ideas contraintuitivas es la relación entre los ingresos y la felicidad, que  ha sido ampliamente estudiada a lo largo del tiempo.

Investigaciones como High income improves evaluation of life but not emotional well-being, publicada en 2010 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, sugieren que la satisfacción con la vida aumenta con los ingresos hasta cierto punto. 

Una más actual, del 2024, titulada Income and emotional well-being: Evidence for well-being plateauing around $200,000 per year,  asegura que el bienestar emocional podría estabilizarse en ingresos cercanos a 200 mil anuales, sugiriendo que el impacto del dinero en la felicidad es más complejo de lo que se pensaba.

Si bien no lo es todo (el dinero), tiene un papel real en nuestra percepción de bienestar. Poder cubrir nuestras necesidades básicas, vivir con dignidad y sin estrés financiero, contribuir a un estado emocional más estable”, dijo la trabajadora social.

Pero, si por cumplir con las imposiciones sociales sobre el dinero, un individuo termina endeudado, esto puede alejarle más de la paz interna que tanto busca, agregó la licenciada.

De acuerdo con Galarza-Hernández, el tener un poder adquisitivo alto podría tener beneficios como evitar preocupaciones a raíz de las deudas, mejor acceso a servicios médicos, diversión, satisfacer las necesidades básicas, entre otros. Pero se puede tener mucho dinero y a la vez no sentirse feliz, porque el dinero al final no trae felicidad, opinó.

Por otro lado, otro argumento contraintuitivo plantea que el éxito hace feliz a una persona, pero esto no necesariamente es así. La felicidad, según estudios longitudinales, precede al éxito más que lo contrario.

La licenciada enfatizó en que la felicidad es un estado subjetivo que nace del autoconocimiento. No es lo que otros esperan de ti, sino lo que el individuo reconoce como valioso. Por tanto, vivir en satisfacción implica estar en coherencia con lo que se es, se valora y construye.

El gran problema es que desde la infancia se le empuja a una persona “estar bien”, en lugar de aprender a gestionar lo que siente. Esto refuerza la idea errónea de que sentirse mal es un problema que debe solucionarse inmediatamente. 

“Cuando trabajamos en nuestra autoestima y en las metas que realmente nos importan, encontramos sentido. Desde ahí, cultivamos la paz interior, la armonía y la ecuanimidad. La satisfacción no viene de tenerlo todo, sino de sentir que lo que tienes está alineado con tu esencia”, señaló Vázquez-Díaz.

Desafortunadamente la sociedad aún promueve, y como norma, las prácticas o actividades particulares que las personas deben alcanzar para así ser “individuos felices”, entonces, cuando esto no sucede llega el estigma, el juicio y la exclusión. 

“Una persona puede vivir en completa satisfacción haciendo las cosas que le gustan, siendo fiel a sus ideales y valores, teniendo relaciones saludables con los demás, reconociendo que su felicidad no depende de causas externas”, concluyó.