En enero de 2018, el médico Larry Nassar fue sentenciado en una corte del estado de Michigan a cumplir entre 40 a 175 años de prisión por abuso sexual. También cumple una sentencia federal por la posesión de pornografía infantil. Aly Raisman, reconocida gimnasta olímpica norteamericana, fue una del más de un centenar de víctimas de Nassar, quien se posicionó dentro del mundo olímpico como un doctor muy respetado y con autoridad, tanto así que las denuncias iniciales de víctimas abusadas no fueron escuchadas y estas fueron presionadas a mantener silencio. 

En una entrevista con la revista Time, sobre el contenido que la llevó a publicar su libro “Fierce”, Raisman describió como Nassar llegaba de noche a ofrecerle un masaje terapéutico a la atleta, por dolores e inflamación que tenía en su espalda y pies durante un evento en el que competía en Holanda. Podía ser un dolor en la cabeza, o en el cuello, pero el “masaje” siempre era el mismo, uno invasivo en el área pélvica, incluyendo la inserción de sus dedos en la vagina de las atletas y sin guantes. Raisman testificó contra Nassar junto a otras víctimas que sumaron cerca de 200. 

A pesar de que las sociedades han avanzado en reconocer los derechos de la mujer y fomentar la igualdad entre los géneros, en el renglón del deporte todavía falta mucho camino por recorrer, aseguró la psicóloga clínica, Kalitza Baerga-Santini, quien ofreció una ponencia sobre el tema en un simposio reciente de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, sobre psicología del deporte. 

 “Y lo peor es que ese discrimen se invisibiliza. Es preocupante y agudo”, dijo. 

El discrimen pareciera estar institucionalizado dentro del ámbito deportivo, según consignaron en marzo las jugadoras de fútbol norteamericano. Luego de haber ganado la Copa Mundial de Fútbol, el equipo femenino norteamericano presentó una demanda por discrimen por género en contra de la Federación de Fútbol de Estados Unidos. 

En el recurso legal plantearon que jugaron más juegos que el equipo masculino, ganaron más, y recibieron una paga menor. Lo que se calificó en la demanda como “discrimen de género institucionalizado” afecta no solamente la paga sino también los lugares donde practican, la frecuencia, la calidad del entrenamiento, el cuidado médico e incluso cómo viajan para los juegos. 

Baerga-Santini sostuvo que el deporte juega un rol importante en la vida de las personas, sobre todo desde las etapas tempranas cuando se utiliza para que los menores de edad desarrollen sus destrezas de socialización. No obstante, señala, que al día de hoy se asocia con características masculinas y esto provoca que las atletas en muchas ocasiones enfrenten debates mentales entre lo que es ser niña o mujer y lo que es ser deportistas. 

La desigualdad salarial planteada por las deportistas de balompié norteamericanas se observa a nivel local en las condiciones en las que trabaja el equipo de baloncesto femenino de Puerto Rico. 

Según publicó Noticel en una serie de artículos sobre el discrimen por género en el deporte, en 2017 se estimó que cada jugadora del Baloncesto Superior Nacional Femenino podía cobrar alrededor de $6 mil por temporada, lo que lleva la nómina del equipo a $75 mil en ese periodo de tiempo. Esto equivale al salario de un solo jugador masculino del equipo de hombres de Baloncesto Superior Nacional. 

El discrimen contra la mujer en el deporte no solo se observa en dólares y centavos, sino también en conductas de hostigamiento  y abuso sexual.

“A pesar de que el deporte se ha considerado un instrumento de inclusión social, en el caso de las mujeres, la misma no ha sido sencilla. Las mujeres atletas cuyos cuerpos no están dentro del modelo que es considerado femenino han experimentado distintos tipos de discrimen desde la inspección de su genitalia por miembros de comités olímpicos para corroborar su sexo hasta pruebas genéticas para saber sus niveles de hormonas – (Cahn, 2015)”, planteó la psicóloga clínica. 

A principios de este año el Centro para la Aplicación y Estudio de la Psicología Deportiva (CAEPD) de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, ofreció su evento anual llamado Desde la indefensión hasta el empoderamiento: microagresiones, violencia y fortaleza mental en el deporte. En dicha ocasión atleta olímpica en taekwondo, Ineabelle Díaz, dio su testimonio como víctima de hostigamiento sexual durante la década de los noventa. Contó al público que un entrenador le prohibía participar de eventos y reuniones del deporte. 

“Las peleas más arduas fueron fuera del ring”, dijo. La atleta se querelló formalmente ante el Tribunal Apelativo y de Arbitraje Deportivo (TAAD), pero el foro falló a favor del agresor al entender que no había evidencia del hostigamiento. 

“Por hostigamiento sexual debemos entender la atencion sexual no deseada, cuando se demandar favores sexuales o cualquier conducta sexual. Este sigue rampante en el deporte por parte de los ´coaches´, comentarios que pueden hacer los compañeros de índole sexual y que no lo reconocen como hostigamiento”, explicó la psicóloga. 

Ese hostigamiento puede suceder desde las altas posiciones de la jerarquía hacia abajo, o de forma contraria cuando se habla de contrapoder. 

“El contrapoder surge cuando alguien con menos autoridad, como puede ser un estudiante, hostiga alguien que está en una posición con mayor autoridad como puede ser una coach o profesora”, precisó. 

¿Qué puede hacerse para combatir la desigualdad de género en el deporte?

La experta recomienda seguir inculcando la importancia de hablar y discutir sobre la perspectiva de género, “una herramienta conceptual para entender identificar cuestionar la desigualdad y el discrimen”. También sugiere que los padres apoyen el desarrollo deportivo de las niñas con amor y balance entre la diversión y la competencia. 

Aconseja siempre impulsar políticas claras de espacio seguro para las niñas y mujeres, contrarrestar estereotipos y roles de género tradicionales, enfatizar el respeto a la diversidad y a la protección de todos los participantes. 

En un artículo publicado en octubre de 2017, BBC News esbozó varias ideas para combatir la desigualdad por género en los deportes. 

Las mejores ideas las seleccionó la atleta Sian Williams, del equipo femenino británico de rugby. La lista de recomendaciones incluyó mantener equipos deportivos mixtos de niñas y niños hasta etapa secundaria, aumentar la participación de las niñas en los campos de juego y no verlas tanto tiempo sentadas en el banco, cambiar las actitudes de los entrenadores a cargo e impulsar entre las niñas que el deporte puede ser visto como una carrera profesional.