Caras de dolor, repudio hacia los cuerpos diversos, gritos. Tres descripciones que pueden llegar a la mente de una persona cuando piensa en fitness, y que lejos de servir de motivación, perpetúa la violencia física y psicológica que se ejerce a través de la cultural del fitness tradicional.

Y es que lejos de promoverse espacios en los cuales todos los cuerpos deban ser
respetados y celebrados, la industria del fitness tradicional en conjunto con la cultura de la dieta (en la que prejuiciadamente se sostienen una serie de creencias y conductas que aseguran que el cuerpo delgado es sinónimo de salud) se ha encargado de hacer creer que, a través del dolor, la humillación y repulsión a los cuerpos diferentes se puede lograr ser la “mejor versión física” de cada persona.

Entre los ejemplos más notables y también de los mitos que se siguen reproduciendo en muchos espacios de fitness, se encuentra el discurso relacionado al sacrificio, el dolor y la presión, el cual normaliza y hasta romantiza que la Aptitud Física se base en generar malestar y sufrimiento para obtener resultados maravillosos.

De igual manera, acciones y expresiones cargadas de gordofobia, que bien pueden ir desde recomendar y compartir peligrosas dietas (que en muchos casos no son prescritas ni consultadas por Nutricionistas y Dietistas licenciados), emplear rutinas de ejercicios nocivas como resultado de un castigo ante las elecciones alimentarias, demonizar la alimentación e intentos de avergonzar a otra persona mediante comentarios y frases que se enfocan en el peso.

A través de la cultura del fitness tradicional también se ha llegado a deshumanizar a las personas, con diferentes prácticas que se han llevado de generación en generación. Como lo es el no querer reconocer la importancia de la diversidad corporal y asociar un solo tipo de cuerpo a un estilo de vida saludable.

Deshumanizamos a través del fitness cuando no reconocemos la diversidad y nos
centramos en cumplir con un molde
, que no es cuestionado ni contextualizado. Se relaciona a que todas y todos deben verse de la misma manera, y si se salen de esa norma; están mal, están enfermos o no se aman lo suficiente.

Asimismo, se deshumaniza cuando se invalida el ritmo y las capacidades de las
personas para con su proceso y cuando se piensa que todo debe ser reducido a lo que dice el índice de masa corporal
, las pruebas estandarizadas y un número en la báscula.

Para transformar las ideas nocivas de la cultura del fitness tradicional a una de
inclusión y respeto a la diversidad corporal es importante que como profesionales de la Aptitud Física se comience un proceso de deconstrucción interior y de cuestionamiento a las prácticas cotidianas que lejos de promover la salud, fomentan la violencia física y emocional.

Además, que se empiece a ver la Aptitud Física desde un lente holístico, para que una vez se vincule al aspecto psicológico y espiritual, pueda servir como una herramienta de autocuidado.


*Ambas autoras son entrenadoras personales certificadas. Torres, además, es trabajadora social clínica y Hernández Negrón destaca como periodista.