La desconfianza y la falta de legitimidad causada por la manera en la que el gobierno federal y el gobierno estatal han administrado las crisis económicas, ambientales y de salud pública que han sacudido a Puerto Rico en los pasados años se refleja a través de la fatiga mental que sectores de la población comienzan a sentir a raíz del COVID-19.

Y es que si bien es cierto que la pandemia ha sido la que ha puesto en relieve la fatiga mental de los puertorriqueños, más bien se debe a lo que ha sucedido desde mucho antes, dijeron expertos entrevistados por Es Mental.

El vínculo entre la desconfianza hacia el gobierno y la fatiga mental se extrapola a Europa. El director regional de la Organización Mundial de la Salud para Europa, Hans Kluge, advirtió que “la desconfianza en las autoridades” ponía en riesgo los logros que —al menos en El Viejo Mundo— se habían obtenido para retener el COVID-19.

En términos psicológicos, la fatiga mental es una sensación en la cual la persona siente que le falta la energía o siente un profundo cansancio que usualmente está acompañado de una falta de motivación, según la psicóloga clínica, Marie Rodríguez Bertrán.

Debido a la cuarentena y a las medidas de distanciamiento social, es común que las personas sientan fatiga mental, agregó la psicóloga clínica. Esto se debe, en parte, a que muchas de las actividades que las personas realizaban requerían de una alta motivación que ya no está. 

La psicóloga clínica explicó que cuando las personas se cansan de una situación como lo es el manejo gubernamental del COVID-19  pueden “iniciar conductas que son de riesgo y atentan contra las medidas de distanciamiento social”. 

“Esta conducta es una solución temporera e inmediata, pero no la elimina por completo”, dijo, en referencia a las actitudes que algunos han asumido al tener fatiga mental como salir a la calle y aglomerarse en sitios concurridos.

No obstante, las incongruencias del gobierno estatal y federal durante el manejo de la pandemia en la Isla han minado la confianza de los puertorriqueños, expresó el psicólogo clínico comunitario, Eduardo A. Lugo Hernández. Igual la necesidad de las personas de buscar la forma de generar ingresos  ha contribuido a que se haya generalizado la fatiga mental.

“Si nosotros pensamos en la situación de los puertorriqueños, no podemos pensar solo en la pandemia”, dijo. “Una de las cosas que la gente hace es que trata de fraccionar las crisis y los traumas de las personas, pero en la psicología se ha visto que son acumulativos”, explicó.

Por su parte los sociólogos Emilio Pantojas García y Liliana Cotto Morales coincidieron —por separado— en que la confianza hacia el gobierno se ha transformado en falta de legitimidad.  

Estos igual concurrieron en que la falta de legitimidad de los puertorriqueños hacia el gobierno ha coartado las capacidades ejecutivas, legislativas e incluso judiciales del sistema.

“Ya esto pasó de la desconfianza a la falta de legitimidad”, dijo Pantojas García. 

“Este es un gobierno que no se ve como legítimo y la legitimidad es la base de la credibilidad y de la buena gobernanza para gobernar con la confianza y el consentimiento de los gobernados”, indicó.

Otra de las cosas que ha ocasionado esta desconfianza es que el gobierno opere a base de los intereses de unos pocos y en función de su base político-electoral, acotó. 

La ingobernabilidad que ha ocasionado la falta de credibilidad del gobierno se hizo patente este fin de semana largo  a través de la avalancha de personas que se dirigieron a recrearse en la costas, el policía al cual atropellaron con un todocamino, e inclusive la posible reapertura de los gimnasios si no se les incluye en la próxima fase de reapertura, dijo.

“Se ha creado una falta de legitimación en lo que se puede obtener del gobierno de Puerto Rico”, explicó Cotto Morales. 

La situación, a su juicio, también ha provocado desconfianza entre las propias instituciones gubernamentales y una merma en la calidad de los servicios que ofrecen creando una incapacidad al resolver los problemas de la ciudadanía, como por ejemplo, la pandemia. 

Con el gobierno federal sucede más o menos lo mismo, explicó, solo que la ciudadanía reconoce que tiene un mayor poder económico. 

“El gobierno de Puerto Rico como entidad institucional está completamente dependiente de una entidad mayor que es el gobierno de Estados Unidos”, señaló la socióloga.

“Cuando yo me criaba, el argumento era: ‘si no están los Estados Unidos, nos morimos de hambre. Ahora mismo la gente tiene hambre y estamos condenados a la pobreza, y estamos todavía pegados a los Estados Unidos”, puntualizó.