A nivel mundial 10 millones de personas viven con la enfermedad de Parkinson, un trastorno neurodegenerativo y progresivo que trastoca la cotidianidad de muchos pacientes y que en la actualidad continúa siendo el ángulo principal de diversas investigaciones y estudios clínicos. 

Los síntomas de párkinson varían según los casos, pero los profesionales y subespecialistas de la enfermedad clasifican sus síntomas entre motores y no motores, siendo estos primeros lo que se manifiestan a través de temblores, rigidez, inestabilidad postural, entre otros, y los últimos los que involucran aspectos neuropsiquiátricos como depresión y ansiedad.

Su diagnóstico, según el médico internista Hiram Rodríguez, se trata de uno clínico, en el que no es necesario el estudio de imágenes para concretar una evaluación. 

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“No necesariamente se necesita de laboratorios o estudios de imágenes para que se pueda establecer ese diagnóstico. Sin embargo, sí hay estudios de imágenes que podrían apoyar al diagnóstico”, explicó el doctor.

En cuanto a su tratamiento, particularmente los avances en relación con la enfermedad, actualmente destacan dos elementos importantes; los métodos para mejorar los síntomas, así como los que proponen parar el progreso de la degeneración de los núcleos en el cerebro, aseguró el neurólogo Christian Schenk.

El tratamiento para mejorar los síntomas incluye medicamentos como levodopa, que 

es una sustancia que ingresa al cerebro en función de dopamina o los agonistas dopaminérgicos, que en lugar de aumentar los niveles de dopamina en el cerebro, buscan imitar la actividad de dopamina, de acuerdo con información de la American Parkinson Disease Association. 

La levodopa además puede suministrarse de forma tradicional o en opción para inhalarse.

“Los tratamientos van dirigidos a suplementar la dopamina en esa área del cerebro, del deep brain, porque unos de los hallazgos que se ha visto en párkinson es que los niveles de dopamina disminuyen”, sostuvo el internista. 

También, el doctor Schenk mencionó que la estimulación de cerebro profundo, que son electrodos que se insertan por cirugía para corregir los circuitos afectados cuando disminuye la dopamina. 

“Eso tiene mucho éxito, especialmente en pacientes jóvenes. Usualmente si responden bien a la terapia de dopamina, deberían mejorar mucho más y necesitar menos medicina inclusive”, expuso.  

Además, el neurólogo dijo que si el paciente presenta complicaciones frecuentes con estas medicinas, también podría considerarse una infusión directa al estómago. 

“Con una bombita, que uno se conecta diariamente, se difunde el medicamento directo al estómago. Eso también mejora muchísimo la calidad de vida de los pacientes”, afirmó. 

Pero otro aspecto importante en relación con el tratamiento y los avances actuales se trata de la integración de la terapia física y los ejercicios.

Precisamente estos aspectos fueron destacados por los neurólogos Norbel Román Garita y Jorge Juncos en el “Simposio Educativo en Desórdenes de Movimiento 2022” de la Academia Puertorriqueña de Neurología.

Los galenos coincidieron en que el ejercicio puede ser una herramienta para mejorar el rango de movilidad de los pacientes, sus funciones motoras y desarrollar flexibilidad y fuerza.

“En todo este tema de atención de enfermedades neurodegenerativas muchas veces nos hace falta tener a la mano un prescriptor de ejercicios. […] El ejercicio se convierte en un elemento de anticipación para posponer el deterioro cognitivo”, señaló Román Garita, doctor costarricense. 

Posteriormente, Juncos dijo que “a medida que estamos teniendo más experiencia con el tratamiento, nos estamos dando cuenta que el ejercicio, no solo trata los síntomas, trata la progresión de la enfermedad y probablemente tiene un efecto neuroprotector en las células dopaminérgicas en el cerebro”. 

El internista Rodríguez indicó que la terapia física es fundamental para mejorar la calidad de vida del paciente. 

“Lo que uno busca es que el paciente pueda mantener su estilo de vida lo más cercano a lo que era antes del diagnóstico”, compartió. 

De igual forma, hizo énfasis en que, a muchos, les podría beneficiar la terapia del habla y evaluaciones con especialistas en tragado.

“Los pacientes pueden tener problemas de habla e incluso del tragado y pueden llegar en etapas más severas a requerir de un tubo nasogástricos o gastrostomía para poder alimentarse”, describió.

Por otra parte, las investigaciones continúan, especialmente aquellas que proponen cómo revertir el progreso de la condición, de acuerdo con el neurólogo Christian Schenk. 

“Se están haciendo algunos estudios que se enfocan en inhibir lo que se piensa que matan estas neuronas y se han visto resultados alentadores, pero todavía se está investigando”, puntualizó. 

Finalmente, Schenk reiteró la importancia de crear conciencia sobre el párkinson. 

“Esta enfermedad le puede tocar a muchas personas y está en la calidad humana el poder ayudar al necesitado. En estos casos tenemos que abrir los ojos y ver a quienes necesitan nuestra ayuda”, sostuvo.

Apuntó a la colaboración comunitaria como herramienta para visibilizar y promover la educación en cuanto a la enfermedad.