Si bien los esteroides anabólicos androgénicos han sido aprobados para condiciones médicas específicas, como en casos particulares de anemia, hipogonadismo, tipos de cáncer y otras, todavía el consumo ilícito sigue teniendo repercusiones significativas en la salud física y mental de muchas personas, en especial de jóvenes. 

Escuchar o leer el término esteroide anabólico androgénico es pensar en gimnasios, cuerpos musculosos y la industria del fitness. Pero, ¿qué realmente son los esteroides anabólicos? 

De acuerdo con la doctora Marinelly Martínez Garri, psiquiatra, los esteroides anabólicos androgénicos son versiones análogas sintéticas de testosterona, la principal hormona sexual masculina, que en la actualidad pueden administrarse tanto de manera oral, como en cremas, parchos o inyectable.

Entre ellos se encuentran la testosterona y sus derivados, como propionato, suspensión, omnadren, metiltestosterona, metandrostenolona entre otros tantos, explicó Martínez Garri. 

Los términos anabólico y androgénico se refieren al crecimiento muscular que esas sustancias promueven y al aumento en las características sexuales masculinas, según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas.​

En términos médicos los esteroides anabólicos androgénicos, para los cuales se necesita una receta, se utilizan para tratar afecciones como el hipogonadismo (deficiencia detestosterona), tratamiento de la pubertad tardía y desórdenes en el eje pituitario- hipotalámico-adrenal. 

Asimismo, para la estimulación de la médula ósea en pacientes con leucemia, casos específicos de anemia, desgaste corporal causado por la infección del SIDA y otras

enfermedades como cáncer, detalló la psiquiatra.

Pero, con los años su uso se ha hecho popular, de forma ilícita, entre jóvenes hombres y atletas como una forma para promover el aumento de masa muscular y rendimiento físico en escenarios deportivos. 

Y con ello las consecuencias físicas y neuropsiquiátricas, que según la doctora, pueden manifestarse con cambios marcados en el ánimo o conducta, irritabilidad, coraje, agresividad, depresión y síntomas psicóticos.

En el cerebro, en particular, puede darse la hipomanía o manía, con síntomas como euforia marcada, pensamientos acelerados, energía excesiva; marcada disminución del sueño, ideas delirantes de grandiosidad, conductas riesgosas, gastos excesivos y juicio alterado.

De igual forma, señales de depresión severa y hasta ideación suicida, especialmente cuando dejan de utilizarlos. 

“Algunas personas pueden presentar síntomas depresivos leves y en otros casos más severos pueden hasta requerir hospitalización”, puntualizó Martínez Garri.

En algunos casos, incluso, podrían aparecer ideas delirantes paranoides o alucinaciones audiovisuales. 

Por otro lado, la doctora mencionó efectos adversos cardiovasculares, endocrinológicos, hepáticos, reproductivos y dermatológicos. 

“Algunos de los efectos adversos son acné, aumento en la presión arterial y colesterol, infartos cardíacos, infartos cerebrovasculares, daño en hígado y riñón, edema en las extremidades, exacerbación de tics y apnea del sueño”, dijo.

Continuó: “Los hombres pueden experimentar atrofia testicular y hasta infertilidad,

aumento patológico del tejido mamario (ginecomastia) y pérdida de cabello. En las mujeres, es común notar cambios en el ciclo menstrual, reducción en tejido mamario, crecimiento de vello corporal y facial, engrosamiento de la voz y calvicie de patrón masculino”.

Mientras que en niños y adolescentes puede provocar retraso de crecimiento. 

Precisamente, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) advirtió recientemente sobre un incremento del uso entre jóvenes de unas sustancias químicas que imita los efectos de los esteroides anabólicos androgénico y la testosterona, llamadas Moduladoras Selectivas de Receptores de Andrógenos o SARM, tras la promoción de los mismos por celebridades del fitness e influencers de las redes sociales. 

Según la doctora en farmacia, Emily Robles Bachiller, los SARM son compuestos químicos que fueron descubiertos en los noventa con la intención de estimular selectivamente los receptores androgénicos en el cuerpo y con la alegación de mejoras al rendimiento físico y ejecución en trabajos de gran demanda física (por sus efectos similar a los esteroides anabólicos).

Y pese a los alegados beneficios a los que se asocian, pudieran acarrear efectos secundarios no deseados, reiteró la doctora Robles Bachiller.

De hecho, la FDA los considera “potencialmente peligrosos” y los vincula a situaciones como el aumento en ataques cardíacos o cerebrales, alucinaciones, alteraciones del sueño, disfunción sexual, lesión hepática; infertilidad, aborto espontáneo y reducción testicular, entre otros.

Actualmente son mercadeados como suplementos dietéticos y la FDA alerta que tal acción es legal en los Estados Unidos.

“Es importante recalcar que aún hay muchos estudios clínicos por completar y mucho por descubrir de los SARMS. Si está considerando el uso o conoce de alguien, es importante que visite a su médico y su farmacéutico de confianza”, exhortó la doctora al público.

De otra parte, la psiquiatra aclaró si los esteroides anabólicos androgénicos pueden o no provocar adicción entre las personas.

Pueden tener un potencial de abuso, ya que en muchas ocasiones las personas pueden utilizarlos por mayor tiempo o en mayor cantidad de la que originalmente se intencionaba. Además, su uso puede ser continuo a pesar de las consecuencias negativas”, explicó a Es Mental. 

Al dejar de utilizarlos, algunas personas podrían experimentar ansiedad, fatiga, cambios en el ánimo, desesperación, ideación suicida y dolor muscular, entre otros. 

Aunque en la actualidad no existe ningún tratamiento aprobado específicamente para el abuso de esteroides anabólicos, la abstinencia es la meta de tratamiento para los pacientes. 

La doctora Martínez Garri explicó que se ha demostrado respuesta clínica con el uso de psicoterapia, específicamente terapia cognitiva conductual. 

“En el caso de que exista otro trastorno comórbido, como, por ejemplo depresión, ansiedad, entre otros, se debe tratar a la misma vez para asegurar una mejor respuesta clínica”, finalizó.