Algunas enfermedades crónicas, como la diabetes, pocas veces son asociadas con la salud mental. Pero el vínculo es significativo y el no considerar trabajar con los aspectos socioemocionales puede repercutir en la adherencia al tratamiento.

Tal es el caso de la diabetes mellitus tipo 1, una condición en la cual el páncreas produce poca insulina (o en otros casos, ninguna) y que puede tener diversas complicaciones, en especial entre las poblaciones más jóvenes, pues esta es diagnosticada con frecuencia entre niños y adolescentes. 

Desde el 2009 al 2022 en Puerto Rico se diagnosticaron con diabetes tipo 1 a un total de 2,850 personas entre 0 a 18 años.  

Anualmente se diagnostican 204 casos de Diabetes Tipo 1 entre estas edades, según la Plataforma de Diabetes Pediátrica Tipo 1 del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico.

La población de adolescentes es la que muestra mayor inclinación a la adherencia al tratamiento a raíz del comportamiento asociado con la transición a la adolescencia, así como algunos factores psicosociales, entre ellos el apego en la crianza.

Sobre el particular, el doctor Emmanuel J. Peña Serrano, psicólogo clínico, indaga en la disertación Estrategias de apego y apercepción en el contexto de la diabetes mellitus tipo 1 en la que se estudió a seis madres, seis hijos y cuatro médicos especialistas con el propósito de entender la función del apego entre madres e hijos sobre la diabetes y su tratamiento.

De acuerdo con Peña Serrano, la literatura existente subraya que solo el 50 por ciento de los pacientes crónicos llegan a cumplir con su tratamiento. El otro porcentaje batalla con los retos de la adolescencia, factores sociales y culturales que le empujan a deteriorar su salud mental, como lo podría ser el experimentar acoso escolar a raíz de tener que inyectarse frente a sus pares, el poco acceso a la alimentación que requiere por su condición y las preocupaciones y miedos de los propios padres. Siendo esto último producto del apego en la crianza y que bien podría servir de apoyo o todo lo contrario. 

Los indicadores de la no adherencia al tratamiento en la adolescencia pueden manifestarse con comportamiento de oposición para realizar actividad como el monitoreo de los niveles de hemoglobina en sangre o inyectarse insulina, conductas de comparación (negativas) con otros adolescentes, expresiones de disgusto con el tratamiento recomendado por el médico y/o no sentirse comprendido por su familia. 

“Está el componente psicológico de cómo me ven mis padres y cómo las dinámicas con mis padres van cambiando, por las preocupaciones que tienen estos sobre sus hijos. Los adolescentes lo perciben como que ‘estos están encima de mí o no me dan espacio’”, describió el doctor Peña Serrano. 

Repercusiones de la diabetes sobre el autoestima

El autoconcepto también se ve afectado, llegando a creer que la enfermedad los define como personas y que no pueden hacer ciertas actividades por esta razón. 

“La integración de las perspectivas del equipo médico, la psicología clínica, las familias, y los pacientes en el contexto de la diabetes, debe ser uno de los enfoques principales en la atención a la adherencia en pacientes diagnosticados con enfermedades crónicas como diabetes tipo 1”, aseguró el psicólogo clínico. 

El profesional de la salud mental, hizo énfasis en que los padres deben mostrarse disponibles al diálogo con sus hijos, escuchar empáticamente las preocupaciones y hacer posible la confianza con estos. 

Y es que cuando se trata de enfermedades crónicas, asimilar un diagnóstico también conlleva retos emocionales y sobre esto la psicóloga Ada Liz Rivera Santiago, facultativa adjunto de la Universidad Carlos Albizu y fundadora de Psicograma habló con Es Mental. 

Rivera Santiago explicó que los síntomas asociados a la depresión y la ansiedad son identificados al menos entre 2 y 3 veces más en poblaciones con diagnósticos de enfermedades crónicas y en psicoterapia algunos pacientes se muestran con sentimientos de culpa. En particular, porque familiares y amigos habían advertido que se “tenían que cuidar”. 

“La verdad es que mucha gente no está informada sobre cómo cuidarse y, aunque lo estuvieran, no es el momento adecuado para emitir juicios”, dijo la psicóloga.

La pérdida de interés también es otro síntoma común, además de la ira. Asimismo, cuando se trata de casos más perjudiciales y se requiere intervención quirúrgica, el impacto emocional es significativamente mayor y algunos pueden experimentar las diferentes etapas del duelo, sostuvo.

“Si hablamos de jóvenes adolescentes, es importante recordar que se encuentran en una etapa de la autoafirmación, por consiguiente, puede alterar de una forma distinta. Si el joven aún no ha aceptado el tener diabetes, puede pasar que no siga las instrucciones de cuidado o que las siga a su criterio. Los padres y la sociedad lo pueden ver como un acto rebelde, no obstante, es muy complicado emocionalmente aceptar tener una afección crónica a esa edad, sabiendo que le seguirá de por vida”, recordó Rivera Santiago. 

En estas edades, dijo que el desarrollo de la autopercepción puede difuminarse, ya que los adolescentes suelen comparar con sus pares y, con esto, nacer un complejo de inferioridad.

“Es decir sentirse menos o diferente. Por lo cual, los jóvenes pueden querer demostrar que no son tan distintos. Si eso ocurre, hay que tener mucho cuidado ya que pueden aparecer conductas de riesgo”, puntualizó. 

La especialista dijo que el tema de la prevención no debe dejarse ignorarse y que para trabajarlo desde sus diversos aspectos, como el físico, emocional y nutricional, es importante aumentar la presencia de los especialistas en las escuelas y colegios. 

“Esto debe ser un compromiso de médicos generalistas, endocrinólogos, psicólogos, nutricionistas, y otros colegas que puedan llevar información tanto a los estudiantes como a los padres”, finalizó Rivera Santiago.