Los maestros han sido héroes y heroínas de la pandemia. De la noche a la mañana han tenido que ajustar sus currículos y estilos de enseñanza, aprender tecnología nueva y balancear múltiples roles en el mismo espacio, ya que muchos han enseñado mientras tienen a sus niños en la casa. Los educadores han tenido que continuar su labor en medio de un sistema que, en la mayoría de los casos, no les ha brindado todas las herramientas necesarias. 

Todas estas experiencias han impactado directamente a los educadores, padres y estudiantes, ocasionando muchas veces tensión entre ellos mismos. El estrés agudo, las frustraciones, el coraje y la desesperanza en medio de la incertidumbre muchas veces los llevó a culpabilizarse mutuamente.

Estos meses de estrés han ocasionado choque entre los dos grupos. Algunos maestros se han quejado de los estudiantes y los padres.  Al mismo tiempo, algunos padres se han quejado de los maestros. ¿Es justo culpar a algún grupo en particular? ¿Quién es realmente responsable por los choques y las dificultades?

El estatus de la educación en Puerto Rico

En Puerto Rico los maestros del Departamento de Educación trabajan dentro de un sistema que ha colapsado múltiples veces. Un sistema que no ha podido organizarse ni recuperarse luego de los huracanes, los terremotos y ahora en la pandemia. Un sistema que no ha protegido ni a maestros, ni a los  estudiantes. Un sistema que no garantiza el mismo acceso a la educación a todos. Un sistema que continúa improvisando y que le falta dirección clara para beneficiar a las comunidades estudiantiles puertorriqueñas. Un sistema que no le ha dado las herramientas necesarias  (y a tiempo) a los educadores para que puedan realizar su trabajo. Un sistema que penaliza a todos y no se responsabiliza. En fin, un sistema fallido, el cual es una de las razones por las cuales muchas familias emigran. 

No cabe duda ninguna que el Departamento de Educación le haya fallado a los niños y jóvenes de Puerto Rico. A ocho meses de la pandemia y casi un año de los terremotos, no hay un plan concreto que beneficie a todas las comunidades escolares. Tampoco se han establecido prioridades con respecto al acceso a la educación, los recursos tanto para niños como educadores son limitados, los niños que necesitan educación diferenciada continúan teniendo desafíos y no se ha cerrado la brecha digital.

Cómo podemos colaborar dentro del sistema educativo

La comunidad estudiantil una vez más ha sido la víctima de la ineficiencia del sistema. Los maestros han hecho lo que han podido con los recursos disponibles. Busquemos la manera de colaborar, enfocarnos en lo positivo y apoyarnos unos a otros por el bienestar de nuestros estudiantes.

Las siguientes sugerencias podrían ser un buen comienzo:

  1. Empatía: Además de conectar con otros, practicar la empatía nos ayuda a regular nuestras emociones en momentos de estrés. Puede desarrollar la empatía interactuando de manera significativa con los demás, siendo consciente de las necesidades de los demás y siendo amable con los demás y con usted mismo. Por ejemplo, póngase en el lugar de la maestra, los niños y los padres. Con los múltiples cambios todos estamos sobrecargados y ansiosos.
  2. Enfóquese en lo que puede controlar: Centrarse en lo que no podemos controlar nos quita la energía para atender nuestras prioridades y nos distrae del  día a día. Lo primero que debemos hacer es identificar las cosas que sí podemos controlar y las que no. Por ejemplo, nuestra actitud, esfuerzo y nuestras acciones son cosas que podemos controlar. Las palabras, acciones, sentimientos, creencias, errores e ideas de los demás no los podemos controlar.
  3. Conozca sus derechos: Tanto los educadores como los padres y estudiantes deben conocer sus derechos. Cuando conocemos nuestros derechos, sabemos qué es lo que podemos y no podemos (o no deberíamos) hacer, al igual que lo que pueden y no pueden hacer los demás. Estar informados nos da poder y es una herramienta para hacer valer nuestros derechos.
  4. Buscar otros recursos:  Si se siente atrapada o atrapado dentro del sistema y no puede alcanzar a sus estudiantes, no dude en buscar recursos alternos y/o salirse de lo tradicional. Lo importante es desarrollar estrategias que puedan ser prácticas, innovadoras y funcionales. Si siente que su hijo no está aprendiendo a través de este sistema diferente, sea creativa y considere otras alternativas, tales como organizaciones sin fines de lucro dedicadas a la educación o programas recreativos entre otros.
  5. Formar un equipo: Aun en medio de los desafíos y de la falta de recursos, es posible formar un equipo entre padres y maestros. Esto es clave para mejorar el aprovechamiento académico de sus hijos. Identifiquen los recursos disponibles y establezcan un plan que funcione para todos. Trabajando como un equipo, los padres y los maestros pueden crear los mejores entornos posibles para fomentar el bienestar físico, emocional e intelectual de los estudiantes.
  6. Involúcrese: Identifique y abogue por empleados públicos que promuevan políticas públicas para defender el derecho de los niños a recibir educación y al mismo tiempo proteger los derechos de magisterio. 

Gracias a todos los  maestros que están liderando la carga, innovando métodos nuevos y encontrando formas de conectar, independientemente de las dificultades involucradas. ¡Apoyémonos e inspirémonos unos a otros mientras superamos esto juntos!

*La autora es psicóloga clínica especializada en niños y familia.