Mami-Mami-Mami-Mami-Mami. Así, sin comas y sin pausas, cinco veces, diez o más, y de corridito.

Comida de gato tirada por toda la terraza aderezada con Coopertone 50, del que es blanco como tiza y no sale ni con detergente, paredes pintadas con Sharpie, la pelea diaria para lograr que haga lo básico (que coma, estudie, y se bañe), y dulces robados escondidos debajo del mattress. Y todo esto encima del trabajo, claro está, y se espera que aún a las 8:00 pm -en la pelea para que se lave los dientes y se acueste- uno aún esté cuerda y mantenga la compostura como “la madre perfecta” que la sociedad espera que seamos. En fin, un día cualquiera en mi vida.

No me tomen a mal, considero que mi hija es muy buena y bien portada, es simplemente niña y yo un ser humano común y corriente, con un cerebro que se quema y un cuerpo que se cansa. Y yo soy privilegiada, soy madre solo de una chiquilla -no me imagino con dos o tres o más-, tengo una buena carrera profesional, y cuento con una pareja solidaria que asume su responsabilidad como padre. Además, fui formada con una educación excelente y holística, tanto a nivel familiar como institucional, así es que tengo una buena dosis de paciencia. Aún así,  frecuentemente se me acaba, y termino conversando conmigo misma y haciendo ejercicios de respiración para no perder la chaveta.

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Aquí con la autora con su adorada tormenta. (Suministrada/Omaya Sosa Pascual)

Esto de ser madre viene con muchas ilusiones, expectativas, presiones y estereotipos. Pero en realidad se concreta de una forma muy distinta a la soñada. La parte del sufrimiento comienza desde el embarazo mismo con sus náuseas e incomodidades, y del parto y el post-parto ni hablar. Esta última parte, hay que haberla vivido para saber cuán hermosamente mala es.

La maternidad también se vive de maneras muy distintas por diversidad de mujeres con experiencias, realidades y entornos familiares de todo tipo. Y la palabra clave que quiero destacar es mujer porque de alguna forma las normas sociales han promovido esta idea de que las mujeres vienen al mundo a ser madres y que una vez nos convertimos en madres dejamos de ser nosotras mismas, dejamos de ser un ser humano integral con todos nuestros matices para convertirnos en otra cosa. Y las que no se convierten en madres, porque no pueden o simplemente no quieren, quedan en un limbo y son miradas de reojo, con lástima por ciertos sectores que piensan que no alcanzaron la meta o plenitud en la vida.

Nada más lejos de la verdad, y nada tan dañino para una mujer como asumir esta fantasía maligna. La maternidad -para la que la quiera- es una parte más de nuestro ser, una etapa maravillosa, retante y muchas veces dolorosa que conforma un capítulo de nuestra vida porque, aunque es cierto que no se deja de ser madre como no se deja de ser hija o hermana, es una etapa que en su función directa de crianza y educación tiene dispuesto un principio y un fin. Como yo lo veo, es una gran responsabilidad que asumes voluntariamente, nadie te puede obligar, y el propósito es cuidar y formar a este otro ser humano de la manera más saludable e integral posible para que pueda valerse por sí misma o sí mismo y ser un ciudadano de bien. En el camino aprendes, creces y amas muchísimo. 

Como lo explica la psicóloga clínica Rina Alonso, la presión social es tan fuerte que envía a muchas mujeres a su consultorio cerca de esta fecha con una combinación de sentimientos de culpa y de pena.

“Hoy (jueves) fue un día que todas las mujeres que yo atendí, y sin exagerar, ese era el tema”, sostuvo en entrevista con Es Mental.

Desde la madre que no se permite hacer el domingo Día de las Madres lo que quiere -que es irse lejos a disfrutar con su pareja- porque siente que es su deber es quedarse y atender a todo el mundo, hasta la mujer que no logró ser madre y siente que vale menos y no es “normal”.

“A veces hasta cierran las redes sociales porque se comparan con los demás, las que tienen pareja e hijos. Tienes que tener pareja para ser una mujer normal. Tienes que tener hijos para ser una mujer completa, si no, no vales nada”, dijo sobre las presiones y los esquemas que se le inculcan a todos los niveles.

“Todo el tiempo es bien notable esta presión que tienen las mujeres de perfección, de lograr unos roles y eso no es bueno para nada porque propende al maltrato”, agregó.

En estos días, la terapeuta también recibió madres que son o han sido maltratadas y algunas que han tomado la decisión de dejar a sus parejas. “Cuando se alejan y deciden empoderarse, quererse a ellas mismas por fin, ellos regresan y ellas comienzan a sentirse culpables de no darles otra oportunidad”, dijo la Dra Alonso. Frecuentemente, agregó, los propios familiares son los que abogan porque regrese con el agresor justificando que un empujón frente a un hijo, por ejemplo, no es tan malo “porque hay peores cosas”. 

Y luego están las presiones y de apariencias en las altas clases sociales donde encuentras a mujeres que se dedican a los hijos y al hogar, llegan a los 70 años dependientes y, cuando se da el maltrato, quedan presas sin forma de retomar una carrera.

Todas estas complejidades han arreciado en la pandemia de la COVID-19, sostuvo, al señalar que los niveles de depresión y de ansiedad de las madres son inmensos porque están encerradas, tienen que cocinar el triple, lidiar con el alboroto en la casa y con la escuela virtual, y muchos hombres asumen que les toca todo a ellas.

“No, no tienes que hacerlo todo, puede decir que no y soltar”, dice la experta.

“A quien termina drenando es a ti y a los mismos niños que piensan que estás drenada y deprimida, porque estás histérica y drenada, y es obvio que no vas a conducirte bien con nadie. Terminas no siendo buena mamá”, añadió sobre la importancia de hacer espacio para ti misma.

¿Qué nos recomienda?

“La mujer debe ver la maternidad de forma saludable”, sostuvo.

“De ninguna forma es tú olvidarte de ti para tu ser mamá, porque ser mamá es un rol en la vida de la mujer, pero no todos los roles. Si tienes pareja eres esposa, también eres profesional, eres familia, eres amiga, y como persona tienes unos intereses, necesitas tiempo para ellos y para estar sola también. Tu tiempo sola hay que cuidarlo”, subrayó.

 Aquí algunos puntos básicos que deben de estar en tu lista de cotejo:

  • Primero que nada, debes entender que la maternidad es una responsabilidad. Debes considerar todos los factores en tu vida antes de tomar la decisión. Piensa si estás en un buen momento para traer una criatura al mundo, cómo estás en tu relación de pareja y todo lo que implica, y piensa cómo está el mundo en estos momentos. Indicó que en su consultorio está viendo muchos niños con impacto por la pandemia.
  • Tienes que tener calidad de vida.
  • Debes sentirte balanceada.
  • Tienes que sentirte bien emocional y físicamente
  • Pon empeño en tu autocuidado. ¿Te alimentas bien? ¿Estás feliz con tu vida? Si no estás bien, no puedes hacerle bien a otro ser humano.

La invitación es a que en estos días de la tradicional celebración de las madres nos celebremos a nosotras mismas, y apreciemos esta experiencia con todos sus matices, luces y sombras, satisfacciones, dolores, fracasos y lecciones, porque es parte de la vida y de quiénes somos. Pero sobre todo, la invitación es al autoamor, al autocuidado, y a la autoapreciación de quiénes verdaderamente somos como mujeres y como seres humanos, dando valor y dedicando tiempo a todas esas otras cosas que somos, y apreciando cada etapa de la vida con lo bueno, lo malo y lo que simplemente es.

*La autora es periodista y emprendedora con 25 años de experiencia, editora de la revista digital Es Mental.