Toda práctica en exceso tiene riesgos y consecuencias para la salud mental y física. Entre estas se encuentra el perfeccionismo.

“La perfección es esta búsqueda constante de terminar algo de una forma satisfactoria, pero nunca llegas a esa satisfacción, así que nunca la das por terminada” explicó a Es Mental la psicóloga Giaselle Limery.

Por su parte, la psicóloga clínica Gladiminet López recomendó evaluar si el perfeccionismo es un interés genuino de hacer las cosas correctamente o si es un interés que no contempla la vulnerabilidad como ser humano, lo cual puede llegar a ser dañino.

“Es bueno aspirar a lo mejor, pero la vida tiene desaciertos y lo ideal es que también se aprenda a lidiar con esos eventos, y el fracaso o la dificultad en la vida nos puede dar lecciones y aprendizajes, aunque duela”, añadió López.

Para la life coach Vilma González, el perfeccionismo no es malo, lo que está incorrecto es llegar a los extremos. Agregó que cuando una persona perfeccionista no logra lo que desea, su vida puede verse trastocada.

El perfeccionismo extremo puede causar depresión, conductas rígidas y obsesiones, según Limery

Limery añadió que es posible que esta práctica termine en burnout pues la persona no se detiene y no satisface sus necesidades básicas como dormir, comer o descansar. 

“El tú constantemente estar buscando esa perfección lo que hace es que trabajes más, gastes más energía, tu estado de ánimo se perjudica e incluso puede perjudicar como tú te desempeñas. Entonces, no tienes un desempeño satisfactorio y causa frustración, causa baja autoestima, desánimo y ahí es que caemos en burnout”, agregó. 

El perfeccionismo en la familia

La psicóloga clínica López explicó a Es Mental que está bien exigirle a los hijos pero, dentro de ello se debe contemplar la salud emocional. 

En la crianza se puede exigir la perfección y la protección excesiva de los hijos sometiéndose a cargas, lo cual, según la life coach y consejera Vilma López, termina haciéndoles daño.

“Aquellos padres que constantemente están vanagloriando o aplaudiendo, pero ya es una conducta como demasiada hacia el menor, o aquellos padres que son autoritarios. Estos crean una conducta exigente, rígida, que puede comenzar a crear culpa y vergüenza en el menor por lo que no logra. Esa crianza puede perjudicar las relaciones interpersonales del adulto, en cómo se comunica, en cómo las relaciones tanto de pares como de pareja, en el área laboral, entre otros”, explicó Limery. 

Consejos y recomendaciones

Las expertas entrevistadas por Es Mental concordaron con que una de las cosas más importantes para superar esta práctica es reconocerlo.

La life coach recomendó enfrentarse a los temores y reconocer el problema. La profesional añadió que la persona tiene que darse la oportunidad de exponerse, cometer errores y recibir críticas, de tener limitaciones y contratiempos. 

Además agregó la importancia de tener un balance en cuanto a las actividades y las responsabilidades que se tienen en la vida personal, trabajo y estudios, pues de esa manera se podrá disfrutar y aprender del proceso.

Por su parte, la psicóloga Limery, a parte de buscar a un profesional de la salud, recomienda: 

  • Reflexionar sobre qué pensamientos, qué valores, qué creencias (esquemas) ideas que están como ladrillos en nuestro cerebro, para poder transformar esas ideas. 
  • Permitirte cometer errores.
  • Hacer una lista de todo lo que te ha costado ser perfeccionista.
  • Establecer metas reales y alcanzables.
  • Permanecer en “aquí y ahora”.
  • Ser paciente. 
  • Separar los resultados de las críticas.
  • Eliminar frases negativas de los pensamientos. 

“Concéntrate en el PROGRESO y olvida la PERFECCIÓN. Recuerda que la perfección no existe. Si miras bien notarás que siempre hay algo que puede ser mejor a lo “Perfecto”, concluyó el profesor y performance coach, Emanuel Gutiérrez.