Las mujeres, por diversas razones, experimentan miedos o temores relacionados a su vida sexual, los que pueden provocar que no disfruten plenamente del sexo.

Según la sexopedagoga Josie Edmée, uno de los temores más comunes en las mujeres son aquellos relacionados con la apariencia física, ya sea cómo lucen sus genitales, estrías, senos, color de piel, entre otros aspectos. Cuando una persona no está complacida con su propio cuerpo, pocas veces se suele exponer a estar desnudo con una persona o tener relaciones sexuales con luces encendidas. Consecuentemente, se ve limitada la relación sexual, explicó.

Otro miedo que mencionó fue sentirse como un objeto sexual, factor al cual una persona está más expuesta si le gusta románticamente la persona con la que se está vinculando. Asimismo, un temor puede tratarse de ser mala amante o no poder competir con parejas anteriores. Tener un embarazo no deseado o contraer una enfermedad de transmisión sexual es un factor que también puede impedirle llegar al nivel de placer que la persona quiere.

Algunos de los principales miedos de las mujeres

A esto, Alicia Fernández Villanueva, sexóloga y expresidenta del Instituto Sexológico Educativo y Psicológico de Puerto Rico, añadió que las mujeres tienen temores relacionados a perder su virginidad, que el varón no acepte un “no” como respuesta, que no use profilácticos, que quiera hacer algo que a ella le desagrade, que algo vergonzoso pase durante el acto sexual como un sonido anal, vaginal o gutural. 

Asimismo, que su pareja o ella no lleguen al orgasmo, quedar insatisfecha, tener un mal desempeño sexual evaluado por lo que el hombre quiere o que la penetración le provoque dolor, fueron otros de los temores más comunes, de acuerdo con Fernández Villanueva.

En este marco, un estudio reveló que, a pesar de que la gravedad del impacto de los miedos sexuales no difieren de un sexo biológico a otro, las mujeres están más propensas a tenerle miedo a las relaciones sexuales, evitar situaciones en las que pueden estar involucrados sexualmente, evitar el contacto sexual genital, temor a contraer una enfermedad de transmisión sexual, miedo al embarazo y a lo que otras personas piensan de ellas.

Otra investigación, probó que alrededor del 20% de las mujeres menores de 30 años  reportan tener dolor sexual de manera recurrente. Consecuentemente, tienen niveles más altos de evitación al sexo por el miedo y dolor catastrófico, así como una mayor prevalencia de síntomas de depresión y ansiedad. 

Si una no se siente cómoda informándole a su pareja lo que le gusta y lo que le desagrada, abrirse para tener este tipo de conversación, ser vulnerable para hacer a la relación una saludable, es difícil que entonces una tenga las relaciones sexuales que verdaderamente causan placer”, advirtió Josie Edmée.

Subrayó que una mujer se conoce más que nadie, y si no educa a su pareja sobre su placer, “¿cómo se supone que se entere?”. 

Añadió que, según literatura científica, los orgasmos más intensos se están teniendo luego de los 50 años. A esto le adjudicó el que, en gran parte, muchas mujeres superan esos miedos luego de esa edad. 

También, mencionó que estas suelen estar en etapas de menopausia, por ende, tampoco tienen miedo al embarazo, llevan mucho tiempo con su pareja, entre otros motivos. Cuando una mujer se siente segura de sí misma en todos los aspectos que tienen que ver con el sexo, luego de la menopausia se puede continuar disfrutando de sus relaciones sexuales, insistió.

Las causas y los peligros

Una inseguridad sexual es cualquier tipo de temor o miedo que no le permite a una persona tener las relaciones sexuales que desea. Las inseguridades pueden ser causadas tanto por la falta de educación sexual como por el contenido que se presenta en los medios de comunicación, pero en muchas instancias son resultado de falsas creencias culturales o religiosas, explicó Josie Edmée.

Muchas veces los miedos pueden variar de persona a persona, pues todos estos temores dependen de cómo creció la persona, cómo fue su desarrollo, sus experiencias anteriores con parejas o amistades, y éstas usualmente se repiten, indicó.

Resaltó que cuando se es menor de edad y se da la autoestimulación, la primera reacción de muchos padres es negativa, lo que crea una correlación entre el sexo y lo prohibido o demonizado. Muy pocos padres le hablan a las hijas sobre lo que es tener sexo seguro y con consentimiento, aseguró.

En esta línea, Fernández Villanueva agregó que los miedos pueden ser normales, pero cuando provocan abstinencia sexual, ya se desarrolla un trastorno que se conoce como erotofobia. Para no llegar a ello, hay que atender a estos temores. 

Asimismo, alertó que de no resolver estos miedos, la visión del sexo se puede distorsionar provocando extremo recato o liberalismo perverso. “Lo ideal es un punto medio y que las personas exploren la sexualidad y cómo disfrutarla de la mejor forma o manera, sin importar la etapa de desarrollo”, sugirió.