El impacto económico, las expectativas sociales y familiares sobre sus carreras y los eventos naturales que han trastocado los estudios de muchos, son algunos de los factores que afectan el bienestar académico y mental de la población de estudiantes a nivel postsecundario en la Isla, coinciden la licenciada Shayra González Rodríguez y la doctora Thaymis Báez Luciano.

En un reciente Conversatorio de Salud y Bienestar, ofrecido por la Universidad Albizu y en el que participaron el catedrático del programa de psicología escolar Héctor Hernández, la licenciada Shayra Rodríguez González, consejera en rehabilitación de la institución y la doctora Thaymis Báez Luciano, egresada de la universidad, se hizo énfasis en que estos y otros elementos pueden llevar a que muchos estudiantes batallen en silencio con situaciones de salud emocional, como lo es la depresión, ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria, estrés y preocupación excesiva. En el caso de personas gestantes, este hilo de factores puede, además, desencadenar depresión posparto. 

De acuerdo con el doctor Hernández, el contexto universitario suele ser percibido por los estudiantes (tanto de nuevo ingreso como aquellos que cursan estudios graduados)  como un ambiente exigente y cambiante, que puede afectar su salud mental y desempeño.

Alumnos entre 18 a 25 años enfrentan un periodo de transición de la vida que ocasiona sentimientos normativos de estrés, miedo e incertidumbre, sostuvo. 

“En esos primeros años de la vida universitaria, el joven está enfrentando la pérdida de los amigos que ha tenido por mucho tiempo, el cambio del sistema de enseñanza, la pérdida de la red de apoyo de su familia”, dijo. 

Por su parte, la doctora Báez Luciano, quien compartió su testimonio durante el evento de la institución, apuntó a que esta población no solo tiene como cumplir con su responsabilidad académica, pues también la parte familiar y la laboral, lo que clasificó como un compendio de retos para la salud mental. 

2 Dra. Thaymis Baez
Dra. Thaymis Báez Luciano

Muchos de estos estudiantes, como en mi caso, deben mudarse de su pueblo de origen para poder completar una formación académica y continuar sus metas académicas, y el hecho de moverse de un lugar a otro también conlleva grandes retos, como el hecho de adaptarse a un nuevo entorno”, mencionó a Es Mental

Coincidiendo con esto, la consejera en rehabilitación de la Universidad Albizu, González Rodríguez, dijo que el asunto del lugar donde vivir trae consigo cambios económicos y nuevas responsabilidades, como una nueva renta, comida, agua, luz, electrodomésticos, entre otros, con el fin de garantizar un espacio seguro

De igual modo, sentimientos de decepción, preocupación y comparación entre algunos, pues sienten que no cumplen con las expectativas impuestas socialmente sobre el tiempo estimado para completar estudios o formarse profesionalmente durante la edad que se cree adecuada para ello. 

“Algunos expresan: ‘es que voy para 30 y no he acabado mi grado’, ‘estoy bien lejos de la tesis’, y ese ese mensaje constante de que todas las personas a mi alrededor lo han logrado y yo no”, detalló. 

“Esa presión está ahí y hasta en las redes sociales”, continuó González Rodríguez.

Báez Luciano recordó que también están las expectativas familiares y el constante apuro para que acaben su carrera o sigan otros grados académicos.

“El hecho de cumplir con unas expectativas familiares, más allá de las propias, también genera cierta inestabilidad emocional”, subrayó la doctora.

En el caso de Báez Luciano, tras vivir en primera persona el impacto académico y emocional, fue el apoyo de sus padres y una amiga de la infancia lo que se convirtió en un sostén en ese momento. Pero, además, encontrar un balance entre sus estudios, su salud mental y la actividad física, como técnica de autocuidado. 

“Buscando el profesional y los apoyos correspondientes, así como hablándolo, me percaté que no estaba sola en el proceso y que algunos estudiantes estábamos pasando la misma experiencia”, contó. 

Por otro lado, la licenciada González Rodríguez destacó que los profesores son pieza clave en el proceso de apoyo a los estudiantes, pues pueden detectar a tiempo diversas señales que alertan sobre lo que vive una persona. 

Algunas de estas señales podrían ser los cambios en la motivación, la conducta, cambios en las notas y/o ejecución académica, las ausencias y las tardanzas. 

“Los profesores, dentro de estos procesos, son una de las herramientas más importantes, pues es quien recibe al estudiante, dialoga con él y quien puede referirlos a nosotros (los consejeros)”, dijo. 

Recordó que existen recursos de apoyo al estudiante y es importante que tanto los profesores como el alumno puedan saberlo. Particularmente este último, ya que ante el miedo o la vergüenza puede abstenerse de hacerlo.  

Entre las opciones está el servicio de modificación razonable, consejeros y facilitadores, diversas asociaciones y espacios de la universidad enfocados en el bienestar emocional. 

Finalmente, y en concordancia, ambas aconsejaron al estudiantado a no quedarse callado y sostenerse de su red de apoyo, para que su bienestar no se vea trastocado durante esta etapa de su vida.