A pesar de que hay más de 60 millones de personas en el mundo con COVID persistente o Long COVID, aún no existe un consenso internacional sobre su definición y las implicaciones que tiene este síndrome en los pacientes, lo que, a su vez, dificulta su diagnóstico.

Recientemente, el Senado de Estados Unidos llevó a cabo unas vistas sobre el tema para discutir cómo atenderlo, las investigaciones y el desarrollo de un posible tratamiento que ayude a las personas que lo sufren. Allí se reunieron doctores, investigadores expertos en el tema y pacientes para presentar sus reclamos ante el Senado. Sus propuestas se fijaron en poder agilizar el proceso investigativo y facilitar la identificación de los pacientes con este síndrome.

«Desarrollamos vacunas a la velocidad de la luz. Estamos haciendo pruebas para Long COVID a velocidad de un caracol«, fue uno de los reclamos principales del epidemiólogo clínico de la Universidad de Washington en St. Louis, Dr. Ziyad Al-Aly ante el Senado de Estados Unidos (EE. UU.).

Sobre la base de los datos recopilada en 2022, se dedujo que 18 millones de personas en los EEUU y 65 millones en todo el mundo han sido afectadas con los efectos debilitantes del COVID persistente, y ese recuento es casi seguro que está aumentando. En su testimonio ante el Congreso, Al-Aly estimó que el número de EE.UU. por sí solo era de, al menos, 20 millones.

Long COVID son una serie de complicaciones que ocurren luego de la recuperación de COVID o son síntomas que persisten desde la infección inicial, especificó el doctor Alberto Rosario Maldonado, epidemiólogo y fundador de la asociación Long COVID Puerto Rico. Sin embargo, no existe un consenso internacional sobre la definición de este término ni lo que implica tener Long COVID. 

“Hay una falta de consenso, por ende, cuando las personas buscan ayuda, el Long COVID casi nunca es el primer diagnóstico. Incluso, hay escepticismo en cuanto a reconocer que Long COVID como un virus”, dijo la bióloga molecular Marieli González Cotto

Lo que se sabe del COVID persistente no es mucho, mencionó al explicar que, consecuentemente, los profesionales se ven limitados.

La Dra. Michelle Harkins, pulmonóloga que ofreció una ponencia ante el Senado, también afirmó que no hay un consenso sobre la definición, aspecto que afecta igualmente la conducción de investigaciones para desarrollar tratamiento. 

Urge mayor educación sobre el COVID permanente

En consonancia con las dos expertas, Rosario Maldonado opinó que no hay conocimiento por parte de los médicos y los pacientes para reconocer cuáles son las complicaciones luego de la enfermedad. “Al no haber esta preparación, no se habla del tema, dándose a entender que no existe y descartándolo como prioridad”, dijo al reconocer que hay una dificultad en establecer la correlación entre los síntomas o secuelas y el COVID. Este desconocimiento y la falta de precisión que hay identificando pacientes con Long COVID son dos de los problemas principales, concluyó. 

Por su parte, González Coto añadió que uno de los obstáculos para poder identificar Long COVID es que ya no se están requiriendo las pruebas, el aislamiento, y hay personas que han desarrollado inmunidad. Otro asunto es que hay un estigma respecto a las personas que tengan un síntoma luego de la enfermedad. “No quieren ser categorizados como personas con Long COVID”, comentó. 

Mientras, Rosario Maldonado comentó que otro de los obstáculos principales es la falta de interés por investigar el tema a profundidad. 

Según Al-Aly,  el número de investigaciones son muy pocas y muy lentas para poder atender el problema.

Toma mucho tiempo definir síndromes nuevos, pero sin fondos no se pueden llevar a cabo investigaciones,dijo González Cotto. No dudo que haya interés en el tema, indicó que hay grupos científicos con la maquinaria y el conocimiento para adentrarse en el tema. Sin embargo, los grupos son pocos y menos aún que sean multidisciplinarios. 

En esta misma línea, Rosario Maldonado se lamentó de que en Puerto Rico no hay suficientes organizaciones que ofrezcan una base de ayuda ni recursos. Tampoco se habla suficiente sobre el tema, continuó. Reconoció que cada médico es responsable de su autoeducación y conocimiento, pero que el Departamento de Salud y el Colegio de Médicos tampoco han preparado a los profesionales. “No han ofrecido recursos para fortalecer nuestra capacidades y adaptarnos a esta nueva realidad, desde médicos de cabecera hasta más especializados”, criticó.

Recomendó hacer una promoción o educación de cuáles son las posibles complicaciones del COVID persistente, que son más de 200. Así el paciente las identifica y el médico sabe qué buscar, concluyó. 

Asimismo, dentro de esta variedad de manifestaciones, pudiese existir una infinidad de cómo tratarlo. A nivel de tratamiento Harkins, resaltó otra dificultad al matizar que el tratamiento pulmonar de cada persona depende de las capacidades que sus pulmones tenían antes de tener COVID, que pueden ser variadas.

Es inminente la necesidad de seguir investigando y seguir conociendo más sobre el virus. De esta manera, la sociedad científica estuviese preparándose para futuras pandemias. Es importante crear las infraestructuras para poder investigar este virus, de manera segura y rápida, cerró González Cotto.