Hasta el sábado pasado daba por hecho que reconocía perfectamente las experiencias, vivencias y personas por las que había sentido gratitud en todo el 2023. Sin embargo, al otro día una llamada provocó que mi mundo se sacudiera instantáneamente.

Enterarme del fallecimiento de unos seres maravillosos como lo son -en presente porque el legado de cada uno vivirá con nosotros- mi amiga María Nereida, su esposo Maykoll, su mamá Awilda, papá Ramón y la bebé que llevaba en su vientre, y por la cual hablaba con tanta ilusión, ha sido un golpe que aún trato de digerir.

María Nereida Martínez Vázquez, de 31 años y con cuatro meses de embarazo, murió junto a su familia tras unas lluvias torrenciales en la República Dominicana.  El triste suceso no solo ha sido fuerte por lo surreal que se sigue sintiendo la situación, sino además porque apenas hace dos meses vi cómo la vida de mi tío Papo fue apagándose hasta su partir del plano terrenal.  

Esa primera pérdida me enseñó a nunca negar un te quiero y mucho menos un abrazo. Pero, esta segunda le dio un giro a lo que creía era la gratitud para mí, pues siento que a María nunca le di las gracias como tanto merecía. Que, incluso, no valoré como se debía todos esos sábados que a las 7:55 de la mañana me preguntaba si me reservaba una bicicleta para la clase de spinning. 

No valoré lo suficiente sus mensajes preguntándome cómo me sentía luego de contarle mis altibajos emocionales y algunas de mis crisis existenciales. No valoré su sonrisa, esa sonrisa tan hermosa, que ahora quisiera cada día ver.

La partida repentina de mi amiga María me ha dejado un profundo dolor que no superaré ni aunque pasen mil años. Pero también una gran lección sobre gratitud, la cual, verdaderamente, se cultiva con momentos y esos pequeños detalles del diario vivir. 

Los saludos, los abrazos, los ‘’¿Cómo estás hoy?’’, los ‘’¿Vienes a entrenar?’’, los ‘’¿Me quieres acompañar?’’. Todos esos detalles que olvidé mientras me entregaba a la prisa de la vida.

Ambas pérdidas físicas me mostraron una parte del 2023 que no quería. No obstante, me dieron una sacudida con el propósito de recordar la importancia de dejar de un lado las banalidades y apreciar lo que verdaderamente merece la atención. 

María Nereida una vez me dijo que, aunque no me daba cuenta, yo impactaba vidas, incluyendo la suya. Pero aquí quien realmente impactó la mía, fuiste tú amiga y nunca podré olvidar la entrada triunfal que tuviste en ella.

¡MARÍA, GRACIAS POR LLEGAR A MI VIDA!

El mundo merece conocer y rendir homenaje a María, Maykoll, Awilda y Ramón; el ejemplo perfecto de que hacer el bien en vida y entregar todo tu amor y bondad, sin duda dejarán una huella imborrable en muchos corazones.